Expresó Rafael Ernesto Licea Mojena, primer secretario del Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba en la Isla de la Juventud, en el acto central por el aniversario 73 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953


Compañeras y compañeros:
No he venido a contarles una historia que ya conocen de memoria. No he venido a repetirles la fecha, el lugar, los nombres. Esa memoria la llevan tatuada en el alma, igual que llevan tatuadas las dificultades de cada día. He venido, en cambio, a hablarles de lo que viene después de la memoria. He venido a hablarles de lo que hacemos con lo que recordamos.
Porque el Moncada no fue un final. Fue apenas un principio. Y el principio que aquellos jóvenes escribieron con su sangre no era el de una gesta heroica para ser celebrada una vez al año.
Era el principio de una rebelión contra la injusticia, contra la indiferencia, contra la idea de que el futuro es algo que se espera sentado.
Hoy, en esta Isla de la Juventud, frente a ese mar que nos conecta con la patria grande y con el mundo, el principio sigue vivo. Pero el combate ha cambiado de forma.
El contexto es extraordinariamente complejo y no voy a endulzarlo. El recrudecimiento del sexagenario bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a nuestro país, ese cerco genocida que asfixia a nuestro pueblo, se ha intensificado hasta extremos de máxima presión. La persecución financiera es real, diaria, y obstaculiza hasta la última gota de combustible, cada medicamento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita.
El cerco energético, las sanciones secundarias que internacionalizan el bloqueo, la campaña de intoxicación mediática… todo eso está ahí, y duele. Sí, duele mucho a la madre que no le llega en tiempo la leche para su hijo, en el trabajador que enfrenta un apagón de más de ocho horas, en el anciano que espera un medicamento que no llega.
¡Duele! Y no ocultarlo es el primer acto de respeto hacia ustedes.
Pero permítanme decirles también lo que veo cuando miro más allá de las carencias y del dolor: veo a una Empresa en Sabana Grande que, contra viento y marea, realiza inversiones en versión cooperada para la siembra de 750 hectáreas de arroz, y sueña con las otras 750, para que esta Isla pueda autoabastecerse de un alimento tan básico y tan sagrado.
“LA TIERRA NO PREGUNTA DE DÓNDE VIENES, SOLO TE PIDE QUE LA TRABAJES”
Veo a los productores de porcino, avícola, del lácteo y el cárnico, que están tejiendo encadenamientos productivos entre lo estatal y lo privado, demostrando que la soberanía alimentaria no es un eslogan, es sudor y tierra. Veo a los muchachos y muchachas que no esperan que el cambio llegue: lo construyen, barrio por barrio, consejo popular por consejo popular, casa por casa cuando es necesario.
Eso, compañeros, es el Moncada de hoy. No es la épica de las armas, es la épica de la resistencia cotidiana, la que no sale en los titulares, pero sostiene a este pueblo.
Hace unos días, en un recorrido por el territorio, un campesino me dijo algo que no he podido borrar de mi mente. Me dijo, y cito: “La tierra no pregunta de dónde vienes, solo te pide que la trabajes”. Y he pensado mucho en eso.
En cómo el bloqueo, como la tierra que demanda nuestros brazos, no pregunta, no negocia, no razona: ¡Aprieta! Pero la tierra, la nuestra, la de la Isla de la Juventud, sigue ahí, esperando que la trabajemos, esperando que no nos rindamos y la hagamos nuestra de verdad con nuestra labor cotidiana.
Por eso, cuando hablamos de las 176 transformaciones económicas y sociales que hemos aprobado, no estamos hablando de un experimento teórico ni de una concesión a nadie. Estamos reafirmando una respuesta soberana, audaz y necesaria, en un contexto que nos exige, como nos legó Fidel, próximo a cumplir el Centenario de su natalicio: “Cambiar todo lo que tenga que ser cambiado”.
Estamos hablando de más autonomía para los municipios, de darles espacios a nuevos actores económicos, de incentivar la inversión, de descentralizar, de soltar amarras que ya no sirven, sin renunciar jamás a la esencia socialista de nuestra Revolución.
Pero ninguna transformación, por bien diseñada que esté, funcionará si no la hacemos nuestra. Si no la empujamos desde abajo. Si no la defendemos en cada comunidad, en cada centro de trabajo, en cada escuela.
La defensa de la Patria, de nuestra soberanía e independencia, no es solo tarea de los uniformados. Es tarea de cada cubano que elige no rendirse. Es tarea de cada maestro que enseña con pocos recursos, pero con inmensa vocación. De cada médico que trabaja en un consultorio, un policlínico, o en el hospital con carencias de medicamentos, pero con alta sensibilidad humana. De cada transportista que busca la manera de que la gente llegue a su destino. De cada familia que raciona, que comparte, por qué no: ¡Que inventa!
¡ESO ES EL MONCADA! NO UN RECUERDO, SINO UNA DECISIÓN. LA DECISIÓN DE QUE EL FUTURO NO SE IMPLORA, SE CONSTRUYE.
La calidad de los servicios vitales como el agua, la recogida de desechos sólidos, la energía eléctrica, el transporte, la salud, la educación, es nuestra obsesión. No, porque no sepamos las dificultades, sino porque sabemos exactamente lo que significan. Y sabemos también que la única manera de mejorarlos no es esperar a que el bloqueo desaparezca, aunque trabajaremos sin descanso para que eso ocurra, debemos hacer más con eficiencia, innovar, cooperar, exigirnos mutuamente y transformar la realidad actual.
Les propongo algo, compañeros. Que este 26 de julio no sea un día de discursos y recordación.
Les propongo que sea un día de compromisos concretos. Qué cada uno de nosotros, al salir de esta plaza, se pregunte: ¿qué puedo hacer yo, desde mi trinchera, para que esta Isla sea un poco más fuerte mañana?
Si eres agricultor, siembra una hectárea más. Si eres obrero, repara una máquina que estaba parada. Si eres estudiante, comparte lo que sabes con quien lo necesita. Si eres ama de casa, organiza a tus vecinos para racionalizar el consumo de agua, mantener la higiene de la cuadra y ahorrar energía que tenemos, para que nadie se quede solo.
¡Eso es el Moncada! No un recuerdo, sino una decisión. La decisión de que el futuro no se implora, se construye.
El año que viene, cuando volvamos a conmemorar esta fecha, no quiero que recordemos solo a los caídos. Quiero que recordemos también lo que fuimos capaces de hacer juntos en estos doce meses.
Quiero que esta Isla, la de la Juventud, sea el ejemplo de que la resistencia no es aguantar, por el contrario, es avanzar. De que la esperanza no es un consuelo, es un motor como lo fue el Moncada.
Solo nos separan 21 días para celebrar el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el mejor regalo que podía entregarle este pueblo crecido y enardecido por su ejemplo y enseñanzas es precisamente la convicción de que:
¡Cuba no se rinde! ¡La Isla de la Juventud no se rinde! Y mientras haya un pinero o una pinera que siembre, que enseñe, que cure, que construya, el espíritu del 26 de Julio seguirá vivo.
Pineras y pineros:
Trabajemos con disciplina, entrega, compromiso, con ciencia e innovación, pero, sobre todo, con mucha UNIDAD, bajo esa obra de infinito amor y transformación que es el SENTIR PINERO, trabajemos con resultados por la Sede del 26 de Julio en el año 2027.
¡Por los que cayeron! ¡Por los que resisten! ¡Por un futuro mejor!
¡Viva el Centenario del natalicio del Comandante en Jefe!
¡Viva la Revolución Cubana!
¡Vivan Fidel, Raúl y Díaz-Canel!
¡Patria o muerte!
¡Venceremos!







