Celia, la madrina de todos

Ese viernes las copas de los árboles no brillaban ya desde hacía largo rato y en el pálido azul del firmamento la luz se extinguía con suaves degradaciones de grises como si la madre naturaleza despidiera, aquel 11 de enero de 1980, a una hija entrañable: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley.

FOTO: Instituto de Historia / Sitio Fidel Soldado de las Ideas

Un mar de pueblo le dio el último adiós a la Heroína de la Lucha Clandestina y de la Sierra Maestra en su partida física a los 59 años, era la madrina de todos, a quien idolatraban por su vocación de servir, por su contacto permanente y personal con la población que creía ciegamente en ella y admiraba su noble gesto de amparar a las hijas e hijos de los combatientes caídos, a los niños huérfanos y campesinos.

Un gran dolor provocó en el Jefe de la Revolución el deceso de su colaboradora más cercana desde 1957 hasta su muerte: “Fidel se inclinó en el féretro con sus dos manos sobre el sudario, observándola detenidamente, con su cara enrojecida y lágrimas que no pudo contener. Era como la despedida de un guerrillero a una guerrillera”.

Así lo describió en su libro Celia, mi mejor regalo, Eugenia Palomares Ferrales, una de esas niñas de las que se hizo cargo la combatiente revolucionaria.

En el discurso de despedida de duelo de Celia, en la Necrópolis de Colón, en La Habana, el 12 de enero, el extinto dirigente político revolucionario Armando Hart Dávalos señalaba: “Celia será siempre para todos sus compañeros la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana, la más entrañable de nuestras hermanas, la más autóctona flor de la Revolución”.

Más adelante precisaba: “Hay que situarla como genuina representación popular de la etapa en que Fidel y el pueblo cubano cambiaron el curso de la historia de América y ayudaron de modo decisivo a la transformación revolucionaria del mundo. En esta obra inmensa, ella tiene un destacadísimo lugar de honor”.

Fidel Castro Ruz, Haydee Santamaría Cuadrado, Celia Sánchez Manduley en la Sierra Maestra/ FOTO: Instituto de Historia / Sitio Fidel Soldado de las Ideas

Cuba lleva tatuada en el corazón y la memoria la vida y obra de aquella menuda chiquilla de Media Luna que le gustaba hacer el bien y recibió en su hogar las más elevadas ideas de justicia y dignidad humana.

Sin apenas percatarse se convirtió en la joven que en 1953, en el centenario del natalicio de José Julián Martí Pérez, acompaña a su padre el doctor Manuel Sánchez Silveira para colocar en la cúspide del Pico Turquino un busto en bronce del Apóstol de la Independencia.

A los pocos días del asalto al cuartel Moncada viajó a Santiago de Cuba, donde visitó en la clínica La Colonia Española a dos de los revolucionarios heridos y por intermedio de ellos conoció los ideales que animaban a la Generación del Centenario en la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista.

Fue fundadora del Movimiento 26 de Julio en el sur de Oriente desde donde organizó por orientaciones de Frank País García la red clandestina de campesinos que resultó vital para la supervivencia de los tripulantes del yate Granma tras desembarcar en playa Las Coloradas, el dos de diciembre de 1956.

Ella guió al periodista estadounidense Herbert L. Matthews del diario New York Times, que entrevistó al Comandante en Jefe el 17 de febrero de 1957, lo cual sirvió para confirmar que estaba vivo y que el foco guerrillero continuaba operando en la Sierra Maestra. También tuvo el mérito histórico de ser la primera mujer que ocupó la posición de soldado combatiente en las filas del Ejército Rebelde. Tomó parte en el combate de El Uvero, armada con un fusil M-1. Junto a Fidel impulsaría la creación del pelotón femenino Mariana Grajales, en la Sierra Maestra, el cuatro de septiembre de 1958.

En el alto mando rebelde cumplió funciones de secretaria, aseguramiento logístico y archivera de la documentación de la Revolución. Estuvo junto a Fidel en las batallas de Guisa y Maffo, y en la toma de Baire, Jiguaní y Palma Soriano. Acompañó a las fuerzas guerrilleras para establecer el cerco a Santiago de Cuba. Con los santiagueros celebró la huida del tirano en la madrugada del Primero de Enero de 1959.

Gracias a los documentos salvados de la lucha en la Sierra Maestra, desde 1956 hasta 1959, pudo crear el cuatro de mayo de 1964 la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

En octubre de 1965 fue electa miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; en diciembre de 1975 participó en el primer congreso del PCC y la ratificaron en el Comité Central. Fue diputada por el municipio de Manzanillo a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Celia trabajó con ahínco y eficacia. Su huella creadora, su exquisita sensibilidad humana, su buen gusto y cultura del detalle pueden hallarse en muchas obras de las que fue promotora como el Parque Lenin y el Palacio de las Convenciones de La Habana.

A 46 años de su fallecimiento su ejemplo trasciende y nos inspira a continuar la lucha con la valentía y el sentimiento patriótico que ella lo hizo, sobre todo en circunstancias tan complejas como las que vive la Patria, América y el orbe.

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Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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