Célebre Capitana de Occidente

Tiene seis años cuando pierde a su madre y el papá, el médico de Paso Real de Guane Antonio Matías Rubio Valero, llena de afectos a sus retoños y les propicia una buena educación.

Redacción digital

María Isabel del Rosario Rubio Díaz (Isabel Rubio) puede cursar estudios superiores al pertenecer a una de las familias más ricas de Pinar del Río.

Atraído por sus ojos y cabellos negrísimos, Joaquín Gómez Garzón la pide en matrimonio y de esa unión nacen tres hembras y un varón: Ana María, Isabel, Rosa y Modesto.

Con el decursar del tiempo la golpean el deceso de Ana María, su primogénita, que le deja sus dos hijos; la súbita locura del coronel Enrique Canals Infante, casado entonces con Isabel, y el fallecimiento de Rosa: otra de sus descendientes.

Aquella mujer, a los 58 años, resulta abanderada de la lucha por redimir a Cuba del yugo español y en total desprendimiento dedica a esa causa sus conocimientos farmacéuticos, bienes y propiedades.

Durante una visita a su hija en Nueva York se entrevista con José Julián Martí Pérez, quien le orienta contribuir con la preparación del reinicio del alzamiento en armas.

Al regresar al país continúa sus contactos con Juan Gualberto Gómez, delegado del Partido Revolucionario Cubano en la Isla, y más tarde lo hace con el General de brigada del Ejército Libertador Enrique Collazo Tejada.

De manera incansable une a los patriotas y organiza la labor conspirativa, convirtiendo su casa en Paso Real de Guane en el primer centro activo de oposición al colonialismo español en Vuelta Abajo.

Sin temor al peligro y con la elocuencia de la palabra lleva su prédica a toda la provincia, une a los paisanos y consigue que muchos cosecheros de tabaco tomen conciencia de la necesidad de su aporte y participación en la contienda liberadora.

Ya se había producido el alzamiento revolucionario del 24 de febrero de 1895, cuando las autoridades españolas apresan a Modesto, el único hijo varón de Isabel, después lo liberan al no poderse comprobar su participación en el movimiento. Ella abriga en su hogar a más de 100 huérfanos.

Isabel Rubio desempeña un extraordinario papel en la preparación de la Guerra del ’95 en el extremo occidental de la nación antillana, se convierte además en un eficaz enlace entre Cuba y los líderes del exilio.

Las tropas insurrectas al mando del mayor general Antonio Maceo Grajales llegan en enero de 1896 a Paso Real de Guane, como uno de los últimos puntos de la invasión mambisa de Oriente a Occidente, iniciada en Baraguá.

En esa región pinareña el Titán de Bronce dialoga con la insigne patriota y la condecora con el grado de Capitana de Sanidad del Ejército Libertador, por su gran prestigio y valiosa actividad conspirativa desarrollada por años junto a otros patriotas del territorio.

Su entrega incondicional a la Revolución la demuestra cuando decide marchar a la manigua y personas allegadas le aconsejan que siga apoyando la causa desde el exilio, pero ella se niega a abandonar la Isla y responde que necesita practicar lo que predicó.

Poco después de que nombran a su hijo Modesto médico personal de Maceo, Isabel no duda en tomar a los dos nietos pequeños que están a su cuidado, y partir tras los mambises.

Organiza y abastece un hospital ambulante y con la colaboración de otras pinareñas, durante dos años atraviesan bosques, montañas y regiones cenagosas, para curar y mitigar el dolor de los heridos con el uso de plantas medicinales. Ya tiene 60 años, pero su férrea voluntad sigue intacta.

El 12 de febrero de 1898, fuerzas españolas descubren el campamento mambí devenido hospital y al salir a la puerta la Capitana del Occidente, como se le conoce, para conminar al enemigo a no disparar, porque dentro solo hay mujeres, enfermos y niños, una descarga de fusil la hiere en una pierna.

En su condición de prisionera sus captores la obligan a realizar una larga caminata hasta la enfermería de San Diego de los Baños, después la trasladan al Hospital General San Isidro, donde una fulminante gangrena acaba con su vida tres días después, el 15 de febrero de 1898.

A 128 años de tan sensible pérdida, por su sacrificio personal y entereza la Capitana del Occidente se inscribe en la amplia lista de heroínas de la historia cubana. Mujeres, jóvenes y hombres hacen suyo el fervor patriótico y heroicidad a toda prueba de la insigne patriota.

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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