Cazadores de aneurismas

Detrás de cada intervención late una escuela médica de altísimo nivel. Foto cortesía del Servicio de Neurocirugía

La paciente tiene 66 años y en la imagen parece apenas un cuerpo vencido por la anestesia. Pero dentro del quirófano la escena es otra: una dilatación aneurismática gigantesca ocupa el territorio más vulnerable del cerebro y obliga al equipo a moverse como si caminara sobre una cuerda tendida sobre el vacío.

Allí no hay margen para el error. Allí, como resume el doctor Ariel Álvarez Rodríguez, jefe del Servicio de Neurocirugía, especialista de segundo grado en Neurocirugía y profesor auxiliar del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, la cirugía vascular y de base de cráneo es de lo más complejo que se puede realizar en esta especialidad.

Aquel caso exigió una combinación poco común de audacia y precisión: clinoidectomía anterior, succión retrógrada por técnica de Dallas y una innovación propia a base de fibrina, crioprecipitados y gluconato de calcio, destinada a fijar lo que por vía convencional no podía cerrarse. Era un aneurisma de 26 milímetros cúbicos de volumen, explicó el especialista, al precisar que las presillas disponibles resultaron ser varias para cliparlo.

La solución, nacida en el propio servicio, permitió estabilizar una lesión de extremo riesgo sin renunciar al principio rector del equipo: resolver allí mismo lo que antes obligaba a remitir a la capital cubana.

La paciente sigue hoy bajo vigilancia, todavía en proceso de recuperación, como complicación de una hidrocefalia asociada al sangramiento inicial que requirió una derivación ventrículo-peritoneal.

Pero el dato esencial ya está escrito: el procedimiento no se quebró, la estrategia funcionó y el Servicio espirituano volvió a demostrar que puede pelear de tú a tú con lesiones que antes parecían reservadas para centros de referencia. Aún lucha por su vida, dice el doctor Ariel, consciente de que la vida, en Neurocirugía, también se mide por el modo en que regresa.

Donde el error no tiene espacio

Carlos Aquino Pedraza, especialista de primer grado en Neurocirugía, es uno de los jóvenes que han hecho posibles estas hazañas. Foto Yosdany Morejón

Nada de esto nació por generación espontánea. Álvarez Rodríguez explica que el avance ha sido el resultado de un proceso de más de dos años, casi tres, en los que el servicio reparó y modernizó su salón, obtuvo un microscopio de techo, incorporó un drill de alta velocidad, reunió instrumental específico para las cirugías de gran magnitud, contó con el apoyo de la dirección del hospital y de un grupo de empresas y creó un cubículo para el postoperatorio de estos pacientes.

A ello se sumó un colectivo de profesionales —neurocirujanos, neurólogos, anestesiólogos, intensivistas, maxilofaciales y enfermeras—, cuya agudeza intelectual no descansa en la genialidad individual, sino en la sinergia de un equipo que alcanzó madurez técnica y una infraestructura idónea.

“No ha sido el avance de 15 días ni de un mes”, afirma el doctor Ariel, como quien subraya que las conquistas verdaderas se cocinan con la persistencia.

Ese blindaje técnico permitió también crear un laboratorio de microcirugía con piezas frescas, una rareza en el país, donde los residentes pueden entrenarse incluso la víspera de una operación. El propio galeno lo definió como una herramienta decisiva para afinar la mano y el criterio antes de entrar al salón: siempre detrás de una buena cirugía hay varias horas de entrenamiento en un laboratorio.

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