Quintín Bandera, general de las tres guerras

De niño cursa par de grados en la enseñanza primaria, trabaja en el campo, en la fabricación de carbón vegetal y otros oficios para ayudar al sustento hogareño.

FOTO: Tomadas de Internet

El 30 de octubre de 1834, nace José Quintino Bandera Betancourt, en una modesta casa muy cerca del barrio Los Hoyos en Santiago de Cuba.

Sin decirle nada a la familia se enrola en el vapor Gonzalo, perteneciente a la Transatlántica Española. Cuando el carguero toca los muelles de Santander (España), el chiquillo, de 11 años, se escapa y comienza a vagar por la ciudad portuaria. Aprovecha, tiempo más tarde, la estancia en el propio puerto de la fragata Ignacita, a la que se integra con la autorización del capitán Juan Rabala.

Sus padres José Sabás Bandera y María de la Caridad Betancourt, ambos negros libres, en 1847, conocen su paradero y establecen la reclamación legal del menor. Semanas más tarde regresa a tierra cubana en el bergantín Pilar.

Transcurrido un corto tiempo de estancia en la Ciudad Indómita muestra las primeras inquietudes contra la dominación colonial y se involucra en actividades conspirativas.

En su juventud conoce a varios jóvenes con quienes se encuentra años después como mambises en las guerras por la independencia de Cuba. Entre ellos los hermanos Maceo, Flor Crombet, Guillermón Moncada y otros. El primero de enero de 1869, ya con 35 años, se integra a las fuerzas del general Donato Mármol en Palma Soriano.

El patriota, que pasa a la historia de Cuba con el nombre de  Quintín Bandera, merece los grados de general de división del Ejército Libertador por sus famosas cargas al machete y participar en las tres guerras de independencia de Cuba.

Protagoniza, junto con Guillermón Moncada y José Maceo, los sucesos del 26 de agosto de 1879 en las calles de Santiago de Cuba, que dan inicio a la Guerra Chiquita y España, violando las garantías ofrecidas al concluir la contienda, lo envía a sus prisiones.

También figura entre los organizadores de la Guerra Necesaria en la región de Santiago de Cuba y al llamado de José Julián Martí Pérez y el Partido Revolucionario Cubano el 24 de febrero de 1895 vuelve a tomar las armas.

Su mayor éxito político es acompañar a su “compadre”, el Mayor General Antonio Maceo Grajales, en la Protesta de Baraguá. En cuanto a lo militar, interviene en cientos de combates, y en la última guerra, estuvo Quintín a cargo de la principal Arma del Cuerpo de Infantería del Ejército Libertador, constituyendo la médula de la Invasión a Occidente.

Al concluir la Guerra de Independencia, debido a la oportunista intervención de las tropas estadounidenses en 1898, Bandera se radica en la capital cubana y forma familia.

Sumido en la pobreza, acude al presidente Tomás Estrada Palma en busca de un trabajo y él lo ofende al ofrecerle una limosna. Una firma comercial ve en Bandera la posibilidad de propaganda para le venta de su jabón, sobre todo entre la población humilde y las lavanderas negras y mulatas, sector de la cubanidad que ven  en Quintín un paradigma.

Su retrato de general aparece en carteles y publicaciones, incluso el propio mambí viaja a pueblos y ciudades para estimular la venta del producto. Recibe un sueldo decoroso y eso le ayuda a mantener su familia.

Este 30 de octubre se cumplen 192 años del natalicio del “Viejo soldado de la libertad”, así denomina con admiración el general mambí Enrique Loynaz del Castillo al general de división del Ejército Libertador Quintín Bandera.

1. Monumento a Quintín Bandera en la Avenida de los Libertadores en Santiago de Cuba/ FOTO: Tomadas de Internet

Por mandato del presidente Tomás Estrada Palma, cumpliendo las órdenes de Washington, la guardia rural lo asesina el 23 de agosto de 1906, durante la llamada Guerrita de Agosto de 1906 por oponerse a la intervención de Estados Unidos y la Enmienda Platt.

Los soldados le dan un tiro y lo cubren a machetazos, luego disparan infinidad de tiros al aire para simular un combate. La tradición oral afirma que el cuerpo del general recibe cuatro balazos y siete heridas de arma blanca, una de ellas en pleno rostro.

El presidente Estrada Palma prohíbe enterrarlo en tumba propia y que se le coloquen flores y se ordena luego arrojarlo a una fosa común. El sacerdote Felipe Augusto Caballero coloca sobre la tumba su propio epitafio para identificarla y luego se lo comunica a la viuda de Quintín con las siguientes palabras:

Ese es mi nombre, señora. Se ha hecho justicia con el general. Sus hijos no perderán los restos de su padre.

Felipe Augusto Caballero (sacerdote).

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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