La fecha del 26 de Julio tiene para los pineros la singularidad y el simbolismo de marcar dos momentos de la misma lucha hacia la definitiva emancipación de la Patria.

Si aquellos jóvenes patriotas participantes en el levantamiento de Nueva Gerona, capital de la entonces Isla de Pinos, el 26 de Julio de 1896 demostraron la voluntad independentista de esta parte del archipiélago cubano, 57 años después la vanguardia rebelde que asalta otro 26 de julio a dos cuarteles orientales el Moncada y el Carlos Manuel de Céspedes, marca no solo el mismo espíritu redentor, sino también la estrategia en aras del triunfo definitivo de la Revolución, ya con Fidel al frente.
Ambos no tienen el éxito esperado desde el punto de vista militar, pero políticamente sí, al confirmar también que la llama libertaria estaba viva y había una fuerza nacional decidida a no dejar morir a José Martí en el año del centenario de su natalicio.

Por eso con motivo de la fecha cada 26 de Julio el pueblo pinero toma las calles de esta capital local para acudir a su cita con la historia y rendir tributo al primer también al mártir revolucionario pinero Bruno Hernández Blanco y demás participantes en el alzamiento armado con la tradicional peregrinación que reúne a los pineros, encabezados por la máxima dirección del territorio e integrantes de las organizaciones políticas y de masas.
En el Paseo Martí esquina 26, antiguos San Clemente y Pinillos, donde cayera Bruno en 1896, se recuerda la trascendental gesta de los naturales de esta tierra que como atestigua la historia, no es un hecho local aislado, sino parte de la estrategia de Antonio Maceo, que entonces dirigía la invasión mambisa hasta la zona más occidental, y demuestra la participación pinera en la guerra del 95.
El Titán de Bronce y el general Pedro Díaz, conocían los planes de los pineros y contactaron con los complotados mediante el patriota Ramón García, un pescador de Batabanó comprometido con la causa independista, según revela una reciente investigación de un colectivo de autores de Pinar del Río.
Aunque la insurrección no logró el propósito concebido marcó la formación de la nacionalidad cubana en el terruño, cuyo vínculo con las tradiciones de lucha de los deportados políticos de toda Cuba, delineó aquí el orgullo de ser cubanos e independentistas.

Ese año 1896 llegan a haber más de 300 deportados, que lejos de frenar sus ansias libertarias, la acrecientan con una fuerza que se alista para proclamar la independencia e incorporarse a los invasores.
Escogieron el 26 de julio por celebrarse el Día de Santa Ana y la festividad hasta altas horas facilitaría moverse sin levantar sospechas.
Eje principal para desatar el levantamiento es la joven camagüeyana Evangelina Cossío, quien no pasa de 20 años, y acompaña al padre a su deportación a Isla de Pinos, por conspirar contra España.
En una ocasión, al ver cómo su progenitor enfermo era obligado a duras tareas, se presenta ante el coronel José Bérriz a pedir clemencia. El militar queda tan sorprendido por su belleza, que los presos políticos la confabulan en un arriesgado plan insureccional.
Ella simula aceptar los requerimientos del oficial y lo cita para su cuarto. Cuando llega, a una señal concertada, inician las acciones.
Apenas el coronel Bérriz abre la puerta, se encuentra con las pistolas y hombres de Emilio Vargas, quien le ordena firmar la rendición, pero los gritos del acobardado jefe español alertan a sus soldados afuera, quienes de inmediato lo auxilian y desatan un intenso tiroteo que obliga a los patriotas a retirarse, a falta de una correcta dirección, por lo que Vargas es herido y fusilado luego de capturado.

Mientras, el pinero Bruno Hernández Blanco, quien comanda la caballería insurrecta que venía desde Santa Fe para reforzar el levantamiento, es sorprendido con descarga de fusilería cuando entraba en Nueva Gerona y cae mortalmente herido y se convierte en el primer mártir de la localidad.
En fincas cercanas se refugian otros complotados con ayuda de la población, pero la mayoría es apresada y algunos asesinados como el poeta repentista Juan Iturriaga, que luego de capturado, lo entierran y dejan casi descubierto, al igual que los hermanos Pimienta.

Evangelina logra esconderse en una panadería, pero es detenida. La intervención del cura párroco evita su fusilamiento, pero la llevan al Vivac del Cuartel, donde la maltratan y está día y medio sin ingerir alimento ni agua, hasta trasladarla a la Prisión de Mujeres de La Habana y condenan a más de 20 años luego de amenazarla con pena de muerte.
En espera de trasladarla a una cárcel de Madrid, es objeto de grosera manipulación por EE.UU., en busca de pretexto para intervenir en la guerra de los cubanos contra España, robar la independencia y buscar argumentos para preparar a la opinión pública en favor de sus planes.
Ni en los lugares más olvidados de la nación en armas, como el territorio pinero, deja de encenderse el sentimiento independentista que aquel otro 26 de Julio de 1896 alecciona junto a la indomable rebeldía de su juventud, el permanente peligro de amenaza imperial.
