Isla de la Juventud prepara la celebración del Día Internacional de la Infancia con iniciativas y confianza en el futuro a pesar de las serias restricciones energéticas.

La Isla de la Juventud, como toda Cuba, se engalana para la fiesta que celebrará el Día Internacional de la Infancia, este primero de junio, en que ni el cerco energético imperial, ni la crisis global podrán borrar la sonrisa de sus príncipes enanos, a quienes regalamos la alegría en su archipiélago de esperanzas.
Para esa jornada, instituida en el Congreso de Defensa de la Infancia, en la capital de Austria –Viena– en 1952, se alistan junto a diversas instalaciones y comunidades, escuelas y círculos infantiles, donde estará la plaza mayor de la fiesta, aún en medio de los apagones programados para aprovechar mejor el poco combustible que puede entrar en medio del cruel bloqueo imperialista del gobierno estadounidense.
Nadie dejará pasar por alto la ocasión para compartir el orgullo de dedicarle a ellos, los verdaderos privilegiados en Cuba, lo mejor y más cuando chicos y mayores pueden vivir confiados en su presente, seguros de su porvenir, en una situación que por muy adversa que sea aquí contrasta con los enormes obstáculos con que tropiezan los desvelos por la felicidad y desarrollo armonioso de los niños en muchos países.
En gran parte de ellos, a diferencia de Cuba, cada año mueren decenas de millones de niños menores de cinco años, más de 200 carecen de escuelas o de posibilidades de asistir a un aula y decenas de miles de menores de 15 años se ven obligados a trabajos extenuantes, carentes de todo derecho y mal remunerados.
Tampoco dejarán de festejar el campamento de pioneros exploradores, el hospital de Nueva Gerona, centros de recreación, ni las áreas deportivas y culturales, donde ya preparan la feliz jornada en la cual “lloverán” iniciativas junto al entusiasmo y la algarabía infantil en medio de disfraces, cumpleaños colectivos, competencias, juegos y presentaciones con música, danza, teatro y poesía.
En Cuba la infancia celebra confiada, pues además de la obra que privilegia a los más pequeños, la Revolución ha creado un cuerpo legislativo dedicado a garantizar la supervivencia, desarrollo, protección y participación de la población más joven en todas las esferas, y si tiene obstáculos difíciles de eliminar son los derivados del cada vez más cruento y criminal bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por el gobierno estadounidense contra Cuba, que la priva de recursos para su desarrollo y bienestar.
En la asediada nación, por ejemplo, existen los Códigos del Trabajo y de la Niñez y la Juventud, así como de la Familia –que cambió el paradigma en la concepción del niño, al dejar de verlo solo como objeto de protección y convierte en sujeto de derechos–. También la ley de la maternidad, con extraordinarias ventajas para la madre y sus vástagos y, por supuesto, la propia Constitución de la República.
De muchos otros logros también pueden hablarse para que nunca se olvide el privilegio que tiene en Cuba su población infantil, pues cada niño cubano, además, está protegido contra 13 dolencias, algunas de las cuales constituyen flagelos en América Latina y África, como la poliomielitis, tuberculosis, difteria, tétanos, tos ferina, sarampión y hepatitis.
Tampoco viven nuestros pequeños en entorno violento, responsable en muchos países de delitos cometidos por los menores y que utilicen armas de fuego o drogas con impunidad que contamina a barrios y la sociedad.

“Para los niños trabajamos” es la afirmación martiana con que los cubanos honramos una fecha que no se limita a este día y da rienda suelta a las iniciativas en favor de los privilegiados en la Cuba que resiste y vence cada día con la sonrisa de sus infantes.
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