
Cuando se habla de dictadura, hay que entender primero desde qué punto de vista se está utilizando ese concepto. La visión dominante en el mundo —marcada principalmente por Europa y Estados Unidos— define los términos políticos según su propia idea de libertad y de cómo debe organizarse una sociedad.
Si vamos a la conceptualización de qué es una dictadura, se entiende como la dirección de un país por una persona, por grupos de personas o por un partido político, donde no se permite la participación popular, donde no hay libertad de expresión, donde no existen libertades individuales —o no están garantizadas— y donde, además, no hay división de poderes. Es decir, el poder judicial se subordina a esa estructura, el gobierno igual y no existe una separación real entre ellos. Esto es, conceptualmente, lo que se llama dictadura.
Ejemplos concretos de lo anteriormente mencionado pueden encontrarse en distintos países que se presentan como democracias consolidadas. Por ejemplo, en el ámbito de las libertades individuales y de expresión, en España se ha dado el caso del rapero Pablo Hasél, que fue encarcelado tras emitir opiniones que fueron consideradas ofensa a la Corona.
Del mismo modo, en la base naval que Estados Unidos mantiene en Guantánamo, existen personas privadas de libertad en un contexto donde se cuestionan garantías básicas. Estos ejemplos abren un debate sobre hasta qué punto determinadas libertades están plenamente garantizadas en las llamadas democracias occidentales, especialmente cuando, al mismo tiempo, se califica como dictaduras a sistemas que se organizan de manera diferente.
Vayamos a Lenin. Él hablaba de la dictadura del proletariado, entendida como el poder en manos del pueblo. En ese sentido, el debate no puede reducirse a afirmar de manera simple si un Estado es o no una dictadura, porque, sin lugar a dudas, todo grupo que ejerce el poder político asume funciones de dirección y de mando como parte de su naturaleza. La cuestión, en todo caso, es cómo se ejerce ese poder y hasta qué punto es aceptado o cuestionado por la sociedad.
¿Es una dictadura una empresa? ¿Es una dictadura un padre de familia?
En Cuba, particularmente, existe una división de funciones claramente diferenciada: por un lado, el Estado, donde se encuentra la Asamblea Nacional; por otro, los órganos de impartición de justicia, que se deben únicamente a la ley y a su interpretación —ley que emana de los intereses del pueblo—; existe el gobierno como órgano administrativo y existe el Partido como fuerza política.
En el caso del Partido en Cuba, que es lo que más se discute internacionalmente —y digo a propósito internacionalmente, porque a nivel nacional no es un aspecto central para la población—, el Partido Comunista es la fuerza dirigente superior de la sociedad. Esto no es un fenómeno reciente, sino que tiene antecedentes históricos en el pensamiento de José Martí.
Las democracias socialburguesas occidentales, en sus conceptos de participación en el poder, establecen la existencia de varios partidos. Esto da la idea de que hay varias maneras de pensar políticamente y que existen estructuras que las representan, pero también funciona como un factor de división dentro de la clase obrera. Sin lugar a dudas, fragmenta a la clase obrera. En la actualidad, en muchos países occidentales, la izquierda está profundamente dividida en múltiples partidos, con constantes escisiones, separaciones y reconfiguraciones, lo cual debilita su capacidad de acción.
Martí, en su momento, antes incluso de que Lenin lo llevara a la práctica, comprendió esta problemática. En Cuba existían múltiples fuerzas políticas que luchaban por la independencia, pero estaban fragmentadas. Martí crea el Partido Revolucionario Cubano precisamente para unificar esas fuerzas bajo un objetivo común: la independencia. El actual Partido es heredero de esa tradición histórica.
Posteriormente, una vez triunfada la Revolución, se consolida el Partido Comunista como un mecanismo para evitar la fragmentación interna dentro del propio proceso revolucionario, especialmente en un contexto en el que debía enfrentarse al poder del imperialismo norteamericano, un poder al cual se han visto enfrentados recientemente varios pueblos, pero un poder que lleva confrontando a Cuba desde hace más de 67 años. Cuba en esto es experta.
El hecho de que exista un solo partido no implica necesariamente la existencia de una dictadura. Como se ha explicado anteriormente, hay diferenciación de funciones, existe participación y no se priva la libertad de pensamiento. En Cuba hay personas que consideran otros modelos económicos o políticos, incluso posturas anexionistas, y pueden expresarlo sin que se les prive de sus derechos.
Las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior no son otra cosa que el pueblo uniformado. Son personas humildes del propio pueblo que defienden su sistema político y humanista.
Es más, históricamente, existen ejemplos que evidencian con claridad una conducta ética sostenida, como el tratamiento a los mercenarios de Girón y a los prisioneros capturados en la Sierra Maestra. En ambos casos, lo primero que se hacía era atender a los heridos y luego darles un trato digno. En el caso de la Sierra Maestra, de hecho, muchos de ellos acabaron pasándose al Ejército Rebelde. Esto excluye, lógicamente, a aquellos criminales que, en tiempo de guerra, habían asesinado familias enteras de campesinos y que debían pasar por un tribunal militar, como ocurre en cualquier proceso de esa naturaleza. Del mismo modo, en un caso reciente en el que diez mercenarios se aproximaron a Cuba en una lancha cargados de armamento, lo primero que se hizo con los supervivientes de ese hecho de extrema gravedad y agresión a la soberanía territorial cubana, entre otras cosas, fue curarlos.
Una cosa es una dictadura en los términos clásicos del concepto, tal y como se entiende o se ha consensuado occidentalmente, y otra una organización política que prioriza la unidad. De hecho, en el caso cubano, hablamos de un partido que, aunque es único, responde a una lógica de integración de la diversidad social. Basta con observarlo para comprobar que personas con diferentes creencias religiosas, características sociales, raciales, ideológicas y orientaciones sexuales forman parte de la vida política y organizativa del país.
Ninguna condición humana excluye de la participación política en Cuba. El único requisito fundamental es la defensa de la independencia, la autodeterminación y la soberanía del país.
Por lo tanto, el concepto de dictadura no se corresponde directamente con esta realidad. ¿Una dictadura alfabetiza a toda su población? ¿Qué dictadura exporta médicos al mundo y forma gratuitamente a profesionales de países necesitados? ¿Una dictadura sostiene sistemas universales de educación y salud?
Si se comparan estos elementos con países donde existen sistemas políticos pluripartidistas pero con desigualdades estructurales profundas, acceso limitado a la sanidad, educación condicionada por la capacidad económica o ausencia de cobertura social universal, surge una tensión evidente entre la definición formal de sistema político y sus resultados materiales.
¿Una dictadura alcanza altos niveles en el deporte internacional? ¿Una dictadura moviliza a millones de personas de forma organizada?
Desde los cánones occidentales, Cuba es considerada una dictadura por no replicar su modelo político. Sin embargo, si se analiza desde otra perspectiva, se plantea una contradicción: un sistema que coloca al ser humano en el centro de su estructura jurídica, donde la Constitución establece la dignidad humana como eje del accionar político, administrativo y militar.
Un solo partido responde, básicamente, a una lógica de unidad y, citando a Lenin, el poder, obviamente, está en manos del proletariado.
Si se amplía el análisis, se pueden observar otros ejemplos. En Estados Unidos, aunque existen múltiples partidos, el poder político se articula fundamentalmente en torno a dos grandes estructuras: el Partido Demócrata y el Partido Republicano.
Los procesos internos de selección de sus candidatos están fuertemente condicionados por estructuras económicas y de poder militar. Esto plantea interrogantes sobre el grado de participación real del pueblo en la toma de decisiones, así como sobre el peso de los intereses económicos en la política. En Europa, la existencia de monarquías también abre debates sobre la legitimidad democrática, dado que no responden a procesos de elección directa.
Estas contradicciones evidencian la existencia de diferentes criterios a la hora de calificar sistemas políticos, así como posibles dobles raseros en la construcción de determinadas narrativas públicas. Las corrientes progresistas y los proyectos antiimperialistas suelen ser objeto de este tipo de categorizaciones y demonizaciones.
Si se adopta la lógica del análisis occidental, podría decirse que Cuba es una dictadura, sí. Pero de la dignidad; una dignidad que ha sido sometida durante décadas a presiones externas, sanciones económicas y limitaciones estructurales por parte de los Estados Unidos y sus aliados. Un país que ha enfrentado durante más de seis décadas un contexto de restricciones continuas con impacto directo en sus condiciones de desarrollo por parte de los mismos actores de siempre.
Esto plantea una última pregunta: si el sistema es considerado fallido, ¿por qué mantener medidas externas que limitan su desarrollo? ¿Por qué no levantarlas y dejarlo caer? ¿Por qué no permitir su evolución sin restricciones?
En momentos en los que algunas medidas han sido flexibilizadas, se han observado internacionalmente variaciones positivas en determinados indicadores económicos del producto interior bruto de Cuba. Está demostrado que Cuba, sin bloqueo, es capaz de demostrar mucho más de lo que algunos se imaginan e incluso nosotros nos imaginamos.
Este es sin duda un modelo que se sostiene sobre una relación de dignidad consciente entre la dirección política y el pueblo, sobre un consenso construido desde la resistencia, la soberanía y la convicción de que el ser humano debe estar en el centro de toda decisión. Así ha sido, así es y así será.
No hay nada más que decir.
Otros artículos del autor:
- Pueblo avileño rechaza actos vandálicos y respalda la tranquilidad ciudadana
- Actualizan Programa Económico y Social del Gobierno 2026
- Mayor número de estadounidenses se oponen a política de su gobierno contra Cuba
- Portavoz del Kremlin: Mantenemos contactos con nuestros amigos cubanos
- Declaración del Gobierno Revolucionario: ¡Girón es hoy y es siempre!
