El 30 de diciembre, a las dos de la tarde, un colectivo Vanguardia Nacional compuesto por 70 trabajadores y que integra la Empresa Recuperadora de Materias Primas (ERMP) cumplió su plan del año. Fue un cierre apretadísimo y denota el esfuerzo realizado, hasta el último momento, para alcanzar tal propósito. Sin embargo, sobre el tema podemos ahondar.

Datos refieren como escollo de mayor contundencia que la chatarra ferrosa que debía adquirir Antillana de Acero no fue comprada debido a la fuerte restricción en el consumo de electricidad que confronta esa entidad. Los nuestros debieron cubrir ese enorme vacío, unas 650 toneladas, incrementando otros renglones en la recogida de desechos.
Hubo, además, parámetros donde no se alcanzó el plan previsto por el deterioro progresivo de las fuentes que los generan como el bronce, cobre, plomo y acero inoxidable.
A lo anterior, contribuyó negativamente el incumplimiento de los contratos por una decena de empresas que no aportaron lo convenido en papel y cartón, envases textiles, baterías de plomo y envases de cristal.
La mayor parte de estas empresas incumplidoras lo han sido en años anteriores sin que se actuara legalmente contra ellas, y continúan siendo remisas a entregar todo el desecho que generan y que ya cumplió su vida útil “pero que no les genera ingresos significativos”.
Es válido acotar que el aporte de materias primas recuperables es una obligación social establecida por la ley 1288/75, no un medio para que determinada empresa o entidad incremente sus ganancias.
Ante esta situación, se imponen acciones institucionales. Como reimpulso de la estrategia recuperadora, Materias Primas actualiza los convenios con las incumplidoras, ajustándolos a sus posibilidades reales de entrega, efectuar inspecciones con mayor sistematicidad para exigir el aporte de los volúmenes acumulados y proceder judicialmente contra los incumplidores porque la entrega de todos los desechos que generen, es una obligación establecida por ley. Al contraste, recursos que debían aportarse a Materias Primas aparecen, con frecuencia, comercializados por otras vías, más gratificantes.
De igual modo, se incrementa la exigencia con los nuevos actores económicos que generan un volumen considerable pero no habilitan locales ni adoptan medidas para conservar desechos en condiciones higiénicas y efectuar su entrega de manera periódica. Aspecto importante a mi modo de ver, ya que estos desechos se agolpan en los microvertederos de conjunto con los domésticos de la población circundante.
Para desarrollar esta estrategia en el sector estatal que implica actualización de convenios, inspecciones y demanda de acciones legales ejemplarizantes, la ERMP decidió reactivar una experiencia que ya en otros momentos resultó positiva: distribuir las empresas entre los directivos de la entidad y que cada uno responda del control y aporte de las que le estén asignadas.
Otra experiencia, que ya viene dando resultados, es la de avisar con tiempo a las comunidades de que serán visitadas por las tiendas móviles, anticipando fecha y hora. Los recolectores estarán preparados, la materia prima acopiada y la compra será inmediata.
Al mismo tiempo, se evita que quienes realizaron el esforzado acopio tengan que trasladarlos, por medios propios, hasta los puntos fijos para su venta. Facilidad que motiva nuevos aportes.
Como ejemplo de la importancia que tiene la recuperación de todo lo que circula y genera en el territorio, está la falta de sacos para envasar productos de la agricultura. Déficit al cual se diera máxima atención en la asamblea de balance de la ERMP. Hoy, la cosecha del frijol que irá a la canasta básica del pinero demanda más de 650 sacos que no se han recuperado todavía.
Aportar material reciclable no enriquece a Materias Primas, higieniza el ambiente y beneficia a los que convivimos en este territorio.
