Por la salud de nuestros niños, todo

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Pese a las constantes acusaciones del gobierno norteamericano acerca de la violación en Cuba de los derechos de los niños, es esta una de las grandes prioridades de la nación caribeña.

Es por ello que durante la jornada por el Día Mundial de los Niños, que se celebrará este 20 de noviembre con el objetivo de sensibilizar sobre los derechos de los más pequeños, vale la pena reflexionar una de las aristas de la protección a la niñez aquí, la salud de los infantes.

En nuestro país –caracterizado en la actualidad por un envejecimiento poblacional que tiende a ir en ascenso– el cuidado y bienestar de las nuevas generaciones es una realidad constante no solo por principios humanos y éticos, sino también por la obligación de la sociedad de garantizarles a esas edades más vulnerables un presente y un futuro dignos.

Y si de asistencia de calidad se habla qué mejor que la implementación del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), que constituye una de las líneas más importantes del Sistema de Salud Pública cubano.

Su misión, tal y como su nombre lo indica, está destinada a la madre y el pequeño y abarca la asistencia a la mujer desde que entra a la edad fértil hasta que los menores alcanzan los 19 años.

La tarea de salvaguardar a nuestros niños y niñas es ardua y como dice el refrán, “es mejor prevenir que lamentar”, por ello son la previsión y el cuidado la base de una salud responsable para los pequeños, garantizada a través de estudios genéticos neonatales y consultas sistemáticas a lo largo de todo el país.

Igualmente importante resultan los trabajos profilácticos que se llevan a cabo por medio de las estrategias de vacunación implementadas en el esquema nacional y que inmunizan a niños y adolescentes contra disímiles enfermedades o la labor de las clínicas estomatológicas que periódicamente examinan a los pequeños desde la comodidad de sus centros escolares.

Otro tanto en favor de la salud de quienes saben querer es la garantía de los medicamentos de difícil acceso y las consultas de rehabilitación aun en los lugares más intrincados de nuestra geografía.

La atención esmerada a los pequeños que presentan discapacidades es una de las muestras más concretas de cuánto hace nuestro país por sus niños.

Sin importar su color, raza o sexo, en Cuba cada menor tiene derecho a la asistencia médica, pero no a una cualquiera, sino a esa que no solo cura el cuerpo, sino también el alma.

Ejemplo de ello es la terapia con payasos y con animales, elementos que se unen a la diligencia de fármacos y tecnologías en pos de sacar sonrisas donde una vez hubo dolor.

Y así son las realidades de un país que, a pesar de las carencias impuestas por el férreo bloqueo del gobierno estadounidense, mucho contrastan con la de numerosas naciones del orbe, donde según estadísticas de Naciones Unidas anualmente mueren 1,5 millones de niños y niñas debido a enfermedades vinculadas al agua sucia y 69 millones de infantes corren la amenaza de no llegar a los cinco años de edad en el 2030 por las crecientes desigualdades.

Los padres, vecinos y familiares junto al médico y enfermera de la comunidad se convierten en veladores celosos del tesoro que son los niños. Es responsabilidad de cada uno de ellos proteger no solo su salud, sino también su entorno y erradicar todo aquello que pueda representar un obstáculo para su sano desarrollo físico, sicológico y social.

No cabe duda de que la seguridad de nuestros nenes –porque nunca dejan de serlo para mamá y papá– es una ocupación diaria, pero cumplida con amor en un país donde la salud es gratuita.

De todos es el compromiso en Cuba de seguir haciendo para que nuestros niños siempre tengan a la par de salud y bienestar, seguro presente y porvenir.

 

Isla de la Juventud Opinion
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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