Más erguida por sus jóvenes

La obra delante y el amor adentro, es el primer verso de un poema de José Martí, entendido como el acto de realizar una labor vehemente, sentimiento a tono con la tenacidad de las oleadas de jóvenes de todo el país que transformaron uno de los lugares más atrasados de Cuba, signado por el terror del Presidio Modelo y desterrado para siempre desde 1959, cuando Fidel anunció un plan mínimo para la rehabilitación económica y social del territorio.

Al repasar momentos trascendentales de esta etapa de la historia local no pueden olvidarse el paso arrasador del huracán Alma, el siete de junio de 1966, y las hazañas de quienes convocados por la Unión de Jóvenes Comunistas dejaron casa, trabajo, familia y juntaron sus energías a la de los pobladores para Recuperar lo perdido y avanzar mucho más.

No fue un camino de rosas el transitado por los columnistas que rescataron los planes pecuarios, citrícolas, apícolas, hidráulicos y de otros renglones.

Episodio relevante resultó la petición de muchachas y muchachos de cambiar el nombre de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud durante la inauguración de la presa Vietnam Heroico, en agosto de 1967, a lo que Fidel respondió: “Llamémosla Isla de la Juventud cuando la juventud con su obra haya hecho algo grande, haya revolucionado aquí la naturaleza y pueda exhibir el fruto de su trabajo, haya revolucionado aquí la sociedad (…)”.

Así lo hicieron; años más tarde, el dos de agosto de 1978, aquella aspiración se hizo real cuando el Comandante en Jefe, previo acuerdo de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), lo comunicó en el contexto del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, del cual el territorio era subsede. Raúl Roa, en su condición de vicepresidente de la ANPP, proclamó el nombre de Isla de la Juventud.

El cambio representó todo un símbolo y justo reconocimiento a la vanguardia juvenil que con creatividad contribuyó al desarrollo de esta parte de la geografía cubana, donde surgieron nuevos poblados, convirtieron latifundios como en La Reforma en granjas del pueblo y construyeron escuelas que acogieron también a becarios extranjeros de más de una treintena de naciones.

Con tal contenido solidario nació aquella ínsula de las nuevas generaciones y donde buena parte de los columnistas echaron raíces, fundaron familia y constituyen un paradigma para los jóvenes de hoy, quienes enfrentaron con valentía la COVID-19, dedican intensas jornadas a la producción de alimentos y cada día se atreven a ser más desde diversos frentes.

En ese andar sacan tiempo para celebrar desde las comunidades y homenajear a los que abrieron el camino en pos de su Isla de la Juventud, proclamada hace 42 años y más erguida en este 2020 por sus pinos nuevos en las complejas misiones de hoy y del mañana para honrar siempre la confianza depositada por el Eterno Joven Rebelde.

 

Historia Proclamación Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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