La ciudad que no es ciudad

Caricatura: Osmany Castro

La primera vez que el Vaquero puso un pie en Nueva Gerona se sintió estafado. Le habían prometido una ciudad y, a primera vista, la decimonónica se parecía al pueblucho donde nació, pero con mucha más limpieza.

Él era de Quivicán, un asentamiento mayabequense fundado en 1700 para el cual los años a duras penas pasaron. Todos lo conocían por el Vaquero producto de su inquebrantable fanatismo por el ya desaparecido equipo Habana de béisbol, prácticamente nadie conocía su nombre.

Conocía casi todas las provincias del país, había visitado la mayoría de las principales ciudades de Cuba; y le encantaba comparar. Un amigo pinero le recomendó visitar la Isla de la Juventud y mientras hablaba, se dibujaba la octava maravilla del mundo moderno. Traición.

Cuando salió de la naviera, y observó el panorama, pensó que no valió de nada esperar cinco horas de viaje en el catamarán, eso sin contar las otras seis de paciencia entre las terminales, para llegar al mismo lugar de donde había partido.

Pero el Vaquero es un hombre que cree en el mejoramiento humano, o urbano, y decidió darle una oportunidad a “Gerona, la cubana”. Se fue a dormir.

Al día siguiente, salió a recorrer las calles y descubrió la magia de sus rarezas:

El neoclásico del siglo XIX tiene una fuerte presencia en la arquitectura, pero se mezcla, en una misma manzana, con el barroco del XVIII y con el estilo hispano-mudéjar del XVII, este último en menor medida.

El Vaquero se sorprendió al ver tantas bicicletas en las calles y carreteras. Al principio pensó que la escuela nacional de ciclismo de ruta debía radicar aquí; porque en las horas pico aparecen pelotones de ciclistas que recorren distancias cortas, medias y largas ya sea para llegar a sus centros de trabajo, sus escuelas o simplemente de un lugar a otro.

Pero lo mejor lo descubrió al interactuar y no al mirar: es su gente. Personas cálidas y conversadoras; coquetas las mujeres y gallardos los hombres; orgullosos y molestos por su condición insular. Sujetos de costumbres pueblerinas con un marcado toque citadino.

Al final del día, se dio cuenta que su amigo tenía algo de razón. Nueva Gerona no es el mejor lugar del mundo como le prometió, pero si un lugar acogedor. El único en Cuba donde se sentía como en casa y, a la vez, dentro de una ciudad.

(Estudiante de Periodismo)

 

Isla de la Juventud
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