Digno de admirar hasta en el béisbol

“Tiene un coraje tremendo y sabe mezclar los lanzamientos. Sabe lanzar porque le pitchea a los bateadores en la zona que ellos menos pueden batear. Tiene una memoria prodigiosa y buen control. Yo observé que en los dos primeros innings le batearon cinco hits y después les costó trabajo batearle. Ya con una ventaja amplia cedió. Es digno de admirar en todos los aspectos”.

Fueron estas las palabras llenas de sinceridad vertidas por Marcel Racine, mentor del equipo canadiense que discutió con Cuba el Campeonato Mundial de Béisbol Juvenil, quien en la noche del lunes 14 de julio de 1961, dirigió el conjunto de la selección B, el cual presentaba al Comandante en Jefe Fidel Castro, como lanzador.

Poco antes de comenzar ese desafío entre los equipos todas estrellas y una selección B, el Comandante en Jefe como es costumbre, estaba calentando el brazo. Racine que llegaba en ese momento al terreno le preguntó: “¿Qué tal anda mi pitcher?”, “Bastante bien, la recta está rápida. Ahora voy a comenzar a tirar curvas”, respondió Fidel.

Todo está listo, el juego se inicia. El Comandante en Jefe exhibe buen control. En las dos primeras entradas le hicieron una carrera sucia, a pesar de haber permitido tres incogibles.

Por su parte el conjunto de la Selección B no se pudo tomar libertades en los tres primeros episodios, pero en el cuarto, Fidel se encargó de romper el celofán y conecta hit, era el primero que le conectaban a los muchachos del Todos Estrellas que dirigía Roberto Ledo. Dos carreras fabrican en esta entrada, tres más en el quinto acto y un racimo de cinco en el séptimo fueron más que suficientes para dar la victoria a la Selección B con anotación final de diez carreras por una.

Nuestro eterno Comandante tuvo una noche muy feliz. Conectó tres imparables en cuatro comparecencias al bate, corrió bien en las bases y en el box se mantuvo todo el tiempo por encima de los bateadores, hasta que en el octavo inning cedió la lomita a Gilles Wiliscam, a petición de éste, no sin antes decirle: “voy para el jardín derecho y tú vas a lanzar. Ya se lo dije a Racine. Si estas en apuros me avisas que yo vuelvo y termino el juego”. Wiliscam, no lo hizo quedar mal. Colgó los dos escones restantes con facilidad.

Mientras el choque se estaba escenificando fueron llegando al parque, el Ministro de las Fuerzas Armadas, General de Ejército Raúl Castro Ruz, acompañado de su esposa Vilma Espín; los Comandantes Efigenio Ameijeiras, Luis Crespo, Bernabé Ordaz, René Vallejo, José Ramón Machado Ventura, Ramiro Valdés, el director del INDER José Llanura; el Presidente del INRA, Carlos Rafael Rodríguez y otros dirigentes de la Revolución.

Inesperadamente hicieron su aparición también, los estelares atletas que más tarde nos representarían en los Juegos Olímpicos de Tokio; Enrique Figuerola, Miguelina, Betancourt, “Chocolatico” Pérez, los integrantes de la selección de remos y el equipo masculino de gimnasia.

Fidel aprovecha cuando algunos se le acercan para hacer uso de su fibra humorística y le dice al gran velocista cubano: “Oye estate listo, porque a lo mejor tú sales a correr en primera por mí si hace falta”. Agregando rápidamente, “ustedes están bien porque la lucha en Tokío será muy dura, pero ustedes se fajarán por la medalla hasta el último momento”.

Todos rieron. Así era Fidel, tenía para todos. Fue en definitiva una velada beisbolera inolvidable, cuyos detalles más sobresalientes he señalado, sin dejar de tener presente la ovación que se le tributó al Comandante Raúl Castro cuando bajó al terreno al terminar el encuentro y las emotivas palabras finales de Racine cuando le expresó a nuestro gran líder: “Nos vamos, pero nuestro corazón queda con ustedes. Volveremos”, Fidel y Racine se abrazaron.

Fidel
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