Conversando entre costuras que van y vienen

El país invierte millones de dólares para comprar el tejido del uniforme escolar, pero hay alumnos que al guiarse por los imperativos de la moda lo desvirtúan.

La moda de usar camisa y pantalón ceñidos al cuerpo trasciende la frontera de los centros educacionales, los estudiantes transforman a su gusto el uniforme escolar sin saber las consecuencias: imposibilidad de que otros lo empleen al estrecharlo demasiado, lo cual trae consigo cuantiosas pérdidas para el país por las reiteradas roturas de las prendas.

“Claro que trae significativas pérdidas económicas al estrechar una blusa o camisa, el organismo de ese adolescente se encuentra en pleno proceso de desarrollo y como es natural crecerá, anchará de hombro o cadera, aumentará o disminuirá de peso y dentro de unos meses aparecerán las habituales roturas por la fuerza del cuerpo”, comenta Yusmary Jardines Leyva, modista por más de 20 años en la atelier La ternura, en Nueva Gerona.

Yusmary, modista con más de 20 años  de experiencia.

“Hay quienes vienen para ajustarlo al máximo, dicen que ese es el swing, algunos me piden cortarle tanto a la camisa o la blusa que parecen de sus hermanos”, prosigue la costurera.

La entrevisté en medio del ajetreo del arreglo de uniformes escolares, tarea priorizada en las dos instituciones estatales de este tipo en la ciudad.

“Al querer estar a la moda pasan por alto que las escuelas no constituyen el escenario propicio para traer esas tendencias empleadas en su ropa de salir; debe respetarse el uniforme, símbolo de la equidad social e igualdad de oportunidades ofrecidas por el sistema educacional cubano”, persiste.

“La venta comenzó el 15 de julio y apenas han venido familias, después están apuradas, somos seis dedicadas a arreglar los uniformes escolares de todas las enseñanzas. Las dos décadas de experiencia me permiten orientar a algunos padres que se dejan llevar por los “caprichos” de sus hijos.

“Hay que respetar su uso correcto. Las niñas deben usar la saya ajustada a la cintura, la blusa completamente abotonada y por dentro de la saya. El pantalón es semiestrecho, y sus piernas tocarán ligeramente el borde superior del calzado. Al igual que las niñas, debe usarse a la cintura. La camisa tendrá un corte semientallado”, aclara la modista.

Mientras ocurría nuestro diálogo Odalis Fuentes Matos, madre de Yander y Anthony, de diez y seis años, respectivamente coincide en no hacerle caso a los manifestaciones de fuerza de los hijos y los falsos criterios de que quienes lo llevan con las medidas de ancho y largo establecidas lo llaman “rape”, al parecer por la forma de vestir de los raperos; además de mirarlos como bichos raros o tildarlos de “fulas” u otros apodos.

Odalis Fuentes Matos, madre de Yander y Anthony, de diez y seis años, respectivamente.
La costurera precisa el ancho adecuado de la camisa escolar.
Yander, el hijo mayor de Odalis usará el uniforme correctamente.

Su opinión encuentra abrigo en cada articulado del Reglamento para uso del uniforme escolar donde se prohíbe hacer arreglos, modificaciones, cambios en estructura, color…

“Aunque a tono con los tiempos pudiera pensarse en no cambiar su color pero el diseño merece una revisión que identifique las distintas tendencias de la moda en la juventud cubana; está concebido completamente apartado de la moda”, Continúa Yusmary.

“En esto, subraya, quizá influye que sus diseñadores son personas alejadas del mundo de los adolescentes, de su forma de vestir, de sus gustos y preferencias. Al no cumplir con los parámetros de la usanza actual, los jóvenes tratan de adecuarlo a como desean verse en la búsqueda de su personalidad.”, culmina.

Su opinión no está desacertada y este asunto no solo le compete al Ministerio de Educación, pues si bien los jóvenes se parecen a su tiempo, el uniforme, aunque pudiera variar su diseño, no es una prenda de vestir, por lo que los padres también deben tomar partido en este juego de las puntadas y el hilván para evitar que la abertura económica crezca cada día.

No se trata de dejar de adaptarlo a las características físicas, sino de evitar extravagancia cuando pudieran resaltar más la belleza y lozanía de la etapa juvenil.

Ya lo dijo José Martí en su carta a María Mantilla: el que lleva mucho adentro necesita poco afuera y no necesita belleza prestada.

Educación
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