Contra la pared los cómplices del terrorismo en Venezuela

Contra la pared han puesto a los gobiernos de Estados Unidos y Colombia las nuevas y contundentes pruebas del intento de magnicidio que muestran las conexiones entre los diputados de oposición Juan Requesens y Julio Borges con las autoridades del expresidente Juan Manuel Santos en el atentado que acabaría con la vida del mandatario venezolano y altos funcionarios.

Ha transcurrido exactamente una semana del fallido atentado terrorista contra Nicolás Maduro por la derecha asesina y acorralada de Venezuela en contubernio con quienes lo financian desde Estados Unidos y Colombia, y ni una palabrade condena al despreciable hecho por parte de esos países como tampoco de otros de la región ni de la sumisa Europa.

Ni siquiera expresan la voluntad de colaborar como lo haría cualquier administración responsable ante autores confesos y otras evidencias irrefutables.

Así callan en plena complicidad con la acción terrorista los mismos países que sancionan a la nación venezolana, incitan a la violencia y se atreven a exigir democracia y derechos humanos al gobierno legítimo del presidente al que intentaron matar en una operación que hubiera sido una verdadera masacre de haber ocurrido según lo previsto.

¿A quiénes pretenden engañar? Por fortuna la eficiente seguridad de Maduro, que al parecer desorientó las señales con los drones, y la vigilancia del pueblo permitieron descubrir muy pronto a los autores materiales e intelectuales.

“Quisieran los perros del potrero/ Por siempre acompañarnos/ Pero sus estridentes ladridos/ Sólo son señal de que cabalgamos”, escribió el poeta alemán Goethe y no Cervantes, como creen algunos, acerca de una situación que desnuda a esos asesinos a sueldo del imperio, mientras confirma el paso firme de la Revolución Bolivariana con su acertada estrategia económica que es lo que realmente desespera a los enemigos dentro y fuera del país.

Así ocurrió en Cuba tras la primera Ley de Reforma Agraria cuando amenazó a los intereses de la gran burguesía y sus amos.

Por eso no es simple coincidencia que el atentado fuera poco después de anunciarse las medidas para recuperación económica.

Esos planes los fraguaron quienes promovieron las llamadas Guarimbasde 2014 y 2017 con la muerte en plena calle e intentaron ahora una versión latinoamericana de Estado Islámico.

Ante la vista de millones de personas que presenciaban el acto por la televisión, se quita la careta la oposición que pasa al bando de los asesinos, tras hacer estallar los dos drones cargados con explosivos cerca de la tarima presidencial, cuando el mandatario se disponía a cerrar su discurso frente a una multitud.

Ese escenario unido a la convocatoria de toda la prensa hace más evidente que querían algo más que matar al Jefe de Estado, sino montar un espectáculo cruel y mediatizado, en cadena nacional, ideal para trasmitir “caos”, “vacío de autoridad” e incitar a la invasión externa, cual oposición traidora, incapaz, fragmentada y sin futuro.

A una larga cadena de acciones de desestabilización, intentos de golpe de Estado, boicot, sanciones, guerra económica y mediática se suma el fracasado intento de magnicidio.

Más rápido de lo imaginado fueron identificados todos los autores de tan macabros planes y sus colaboradores, que hace recordar los intentos de asesinatoa Fidel con el apoyo yanqui, que llegaron a ser más 600, algunos reconocidos cínicamente por la CIA, hoy con fachada de la NED y la USAID para sus misiones encubiertas.

Entre aquellas acciones estuvieron el uso de fusil con mirilla telescópica, lapiceros con aguja hipodérmica envenenada, bazucas, granadas en el estadio de béisbol y pastillas de veneno para introducirlo en los batidos de leche que tomaba el joven líder en el antiguo Hotel Habana Hilton y otros también frustrados.

Estos malogrados crímenes, similares a los ejecutados por los nazis fueron de tal monstruosidad que debieron ser condenados por la corte internacional, pero las arrogantes potencias y sus instrumentos guardaron silencio hipócrita, al igual que ocurre ahora con los hermanos venezolanos, quienes, no lo dudo, harán caer sobre los traidores todo el peso de la justicia en manos del pueblo.

Opinion
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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