Ante los malhablados

Los que ya se sienten lejos de la juventud como el amigo Abigahil Roblejo, seguro culpan a los jóvenes de este mal hábito de la pronunciación de las malas palabras que se han puesto de moda, y quienes no la dicen, las perciben y las dejan pasar y ciertamente el fenómeno es más común entre ellos.

Yo recuerdo en mi niñez y juventud que cuando a alguien se le escapaba una de esas vulgaridades, se llevaba la mano a la boca en señal de arrepentimiento o alguien que estuviese próximo en señal de indignación le decía: “Oye, qué es eso, vas a perder los dientes”.

Pero ahora son recitales los que se escuchan en niños, jóvenes y adultos. El repertorio es tan amplio que ya han pasado a ser casi comunes.

Las malas palabras hoy están como el amor, sin edad, lo mismo se le escuchan a un niño de seis años que a un veterano de 70 con su lenguaje embrollado. Quizás este sea uno de los motivos por el que los más jóvenes piensan que pronunciarlas es un rasgo de madurez y los mayorcitos ven un regreso a los años mozos.

Al parecer el nivel cultural influye poco en este fenómeno, ya que hay muchos con títulos universitarios que hicieron su tesis en asuntos de indecencia, pero lo más triste del tema está cuando el recital viene de una dama, porque si feas son estas palabras pronunciadas por hombres, ¿qué podríamos decir cuando las escuchamos por voz del sexo femenino, donde existe tanta finura, belleza y sensibilidad?

Conclusiones, ¿tendrán los sistemas de educación y salud en conjunto que innovar una “vacuna efectiva” para evitar la procreación de este mal que se extiende y tanto afea a nuestra sociedad?

(*) Colaborador

 

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