
Concentran y vendes datos, moldean narrativas y reacciones, sobrepasan las soberanías nacionales, rediseñan las reglas del sistema internacional, las grandes corporaciones tecnológicas del presente subvierten el poder global y son armas sofisticadas y efectivas de predominio tecnológico, cultural, ideológico, militar y simbólico del imperio, con todo y su decadencia.
El Tecnopoder, impulsado y financiado en buena medida por el complejo militar y la comunidad de inteligencia, acredita su estatus en el imperio estadounidense. No por protocolo, los grandes barones de la tecnología ocuparon la primera fila de la toma de posesión de Donald Trump, en enero de 2025. A sus espaldas quedaban los miembros del Gabinete y otros ilustres invitados.
Las cifras en Bolsa de las 7 grandes Big Tech es similar incluso al PIB de China, la segunda mayor economía del mundo.
En sus algoritmos y programas descansan hoy las decisiones de los objetivos a bombardear, los emigrantes a perseguir, los votantes a seducir, las narrativas a difundir, las emociones a provocar, los controles sociales a establecer.

Esa convergencia de poder económico, tecnológico y social, como un ilimitado impacto global, no solo está generando aprehensión entre la ciudadanía estadounidense, sino también provoca temores en sectores de la clase política.
En su discurso de despedida de la Casa Blanca, el expresidente Joe Biden lanzaba una advertencia:
“Hoy se está formando una oligarquía en Estados Unidos de extrema riqueza, poder e influencia que realmente amenaza a toda nuestra democracia, nuestros derechos básicos y libertad, y una oportunidad justa para que todos salgan adelante”
“Seis década después (*), estoy igualmente preocupado por el posible surgimiento de un complejo industrial tecnológico. También podría plantear peligros reales para nuestro país. Los estadounidenses están siendo enterrados bajo una avalancha de información errónea y desinformación, lo que le permite el abuso de poder”
“La prensa libre se está desmoronando los pilares están desapareciendo las redes sociales están renunciando a la verificación de hechos”.
Para los gurúes de las nuevas tecnologías un mundo sin límites a sus ambiciones y sus fortunas y moldeado a su visión del futuro es el sueño cumplido en los tiempos de Trump.
La plutocracia tecnológica se afianza
En el primer año de la actual administración estadounidense, la riqueza de los milmillonarios ha crecido tres veces más rápido que el promedio de los cinco años anteriores, según refleja un informe de Oxfam.

A la cabeza de esa procaz acumulación de capital está Elon Musk, el showman de los primeros meses del gobierno Trump, quien se empleó a fondo en recortar empleos estatales pero no en recortar las fortunas de la plutocracia estadounidense.
Según la revista Forbes, tan dada a vendernos el éxito de los poderosos, Musk se convirtió, desde el 3 de febrero, en la primera persona con un valor de 800 mil millones de dólares o más después de que su fabricante de cohetes SpaceX adquiriera su empresa de inteligencia artificial y redes sociales xAI. Forbes estima que el acuerdo impulsó la fortuna de Musk hasta un récord de 852.000 millones de dólares, aunque cayó en marzo por los impactos de la guerra de Irán en las bolsas hasta 817 000 millones.
Esa inimaginable cifra triplica con creces la fortuna de Larry Page , quien ocupa el segundo lugar de los multimillonarios, con un patrimonio de 237 mil millones de dólares.
Musk también tiene una fortuna mayor que la suma de los patrimonios netos de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Larry Ellison y Warren Buffett.
Es tan desmesuradamente rico que podría comprar todos los equipos de la MLB, la NBA, la NFL y la NHL y aún le sobraría dinero.

Los tecno-oligarcas copan la fila de los más ricos. Entre los 10 primeros por sus fortunas hay 8 que provienen del sector de las nuevas tecnologías: además de Musk, están los cofundadores de Google Larry Page (2) y Serguéy Brin (4), el presidente ejecutivo de Amazon Jeff Bezos (3), el dueño de Meta y Facebook Mark Zuckerberg (5), el magnate de Oracle Larry Ellison (6), el presidente de Nvidia Jensen Huang (7).y el presidente y director ejecutivo de Dell Technologies Michel Dell (8).
Entre las principales fuentes de nueva riqueza de los barones de la tecnología están los contratos militares y de inteligencia, que han sido generosamente regados con dinero del presupuesto “maravilloso” que Trump hizo aprobar en el Congreso dominado por los republicanos.
Junto a ello, las dadivosas rebajas de impuestos a los más ricos, que en definitiva son los que deciden la política en Washington. Gracias a los cambios introducidos en el marco del megapresupuesto trumpiano, los ricos ahorran más de 2 000 veces más que los pobres, según refleja el informe de InvestorsObserves, basado en un análisis del Institute on Taxation and Economic Policy
Los 12 milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que los ingresos de 4 mil millones de personas, revela un informe de OXFAM.
Y mientras ellos ganan, hay muchos que pierden. Oracle, cuyo presidente tiene una fortuna de 191 mil millones de dólares, ha comunicado a sus empleados, al final de marzo, que recortará miles de puestos de trabajo por la caída en picada de sus acciones por los riesgos competitivos que suponen las grandes inversiones en los modelos de inteligencia artificial generativa.
La diferencia de ingresos entre los dueños de las grandes tecnológicas y sus trabajadores es abismal: mientras los empleados suelen ganar entre 27.000 y 125.000 euros anuales, los fundadores y directivos acumulan fortunas que superan los miles de millones de dólares. En empresas como Amazon, Meta o Google, los CEOs pueden ganar en un solo año lo que un trabajador medio tardaría varias vidas en acumular.
Como señala OXFAM, Estados Unidos alberga a más multimillonarios que cualquier otro país, pero decenas de millones de personas enfrentan dificultades económicas y dificultades financieras significativas. La falta de vivienda se encuentra en un nivel récord, y no existe un solo estado, ciudad o condado donde un trabajador a tiempo completo que gane el salario mínimo pueda permitirse un alquiler modesto de dos habitaciones. La inseguridad alimentaria es la más alta desde 2014. La Campaña de los Pobres: Un Llamamiento Nacional para un Renacimiento Moral considera la pobreza la cuarta causa principal de muerte en los EE. UU., basándose en investigaciones que demuestran que la pobreza a largo plazo está asociada con la muerte de más de 295 000 personas al año, o más de 800 al día.
Como analiza el economista y teórico francés de las tecnologías Cédric Duran, uno de los defensores del término tecnofeudalismo: “El proceso de socialización que Marx analizó -la ley de acumulación del capital- significa que cuanto más se acumula el capital, más interdependientes nos volvemos, y más grandes son los medios para controlar u organizar el proceso de trabajo. Estamos en ese proceso ahora. Las grandes tecnológicas, la monopolización intelectual y la centralización del conocimiento representan un nivel extremo de centralización.”
Al ritmo acelerado que crece el poder financiero y económico de los magnates de las empresas tecnológicas crece su influencia en la política y comunicacional y su centralidad en la ideología del capitalismo moderno. De eso escribiremos en próximos trabajo
(*) Biden hacía referencia en su discurso a la alerta de Einsenhower 6 décadas atrás sobre el peligro del poderío del complejo militar industrial.
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