Un incesante movimiento de maquinarias –tractores, máquinas cosechadoras de arroz, camiones, camionetas y hasta motos que van y vienen– ha alterado desde los últimos días de diciembre la habitual tranquilidad que reina en la extensa área agrícola que abarca el polo arrocero Sabana Grande, ubicado al noroeste de la Isla de la Juventud un poco más allá del poblado Ciro Redondo.


Acceder a ese macizo productivo es algo trabajoso, aunque sin los efectos que provoca la lluvia, el camino, que en un tramo serpentea el embalse del Medio las Nuevas y nos lleva hasta el despoblado, no ofrece demasiadas dificultades.
Allá, una tropa liderada por el productor Hermes Gutiérrez Nápoles –al que todos conocen como Borroto– y quien de manera cooperada explota esas áreas de conjunto con la Empresa Agroindustrial de Granos del territorio, comenzó desde diciembre la cosecha de las 60 hectáreas (ha) de arroz sembradas en ese enclave.
Según nos cuenta Vladimir Ballesteros Atencio, integrante del grupo de ocho trabajadores y responsable cuando Borroto no está a pie de campo, hasta ese instante habían sido cosechadas aproximadamente unas 15 ha con un rendimiento que oscila entre los 40, 45 y hasta 50 quintales (q) por hectárea.
“Es buen rendimiento –señaló Ballesteros Atencio– y ahora se pretende sembrar más, se piensa abarcar todo el terreno de la pista del lado allá de las tuberías que no se pudo aprovechar por el tema del agua que influyó mucho, pero ya eso se va a arreglar, se construirá un camino por encima de la conductora para el llenadero de los camiones, entre otras acciones.

“Hubo dificultades, pero al final se arregló quizá no como debería, pero se trabajó y obtuvimos el arroz. La calidad es muy buena, incluso parece arroz importado, no dicho por mí ni por los de aquí, sino por los trabajadores de la industria. Por supuesto, influye que la semilla que plantamos es de primera”.
Dentro de la maquinaria que se mueve de un lado a otro de los campos sobresalen las dos cosechadoras, una es propiedad del territorio y la otra fue traída desde Pinar del Río para apoyar en la recogida del grano. Ambas no han logrado escapar a los infortunios.
“Son cosechadoras pequeñas que han sufrido roturas, pero les hemos dado solución, si hay que resolver o comprar una pieza lo hacemos y ya usted ve ahí están trabajando y seguimos tirando pa’lante”.

En relación con la capacidad de ese par de equipos explicó: “Las hectáreas que logran abarcar están en dependencia del tramo que recorra la máquina. Si hay bastante arroz recorre menos tramos y se llena más rápido la tolva, pero si tiene que recorrer mucho espacio para llenar entonces demora más.
“La cosechadora de la Isla está oscilando al día entre las siete u ocho tolvas, hasta diez puede cosechar, a la tolva le caben alrededor de 10,5 q de arroz. Por su parte, la de Pinar del Río que es un poco más chiquita está por los nueve o nueve y algo”.
Uno de los contratiempos más recurrentes que enfrentan los agricultores son los estragos que les genera el ganado vacuno suelto al colarse en los sembradíos. “Ese sí es un problema grandísimo porque se meten los animales, se comen el arroz, rompen la cerca, acaban; en ocasiones hemos ido a conversar con los dueños, pero no sé qué sucede que siguen igual.

“Hace como un mes visité a un productor en su vivienda, hablé con él y entró en razón, ya por lo menos las vacas de ese compañero no se han colado más aquí, pero de la zona de acá de la presa eso es un problema, hemos hablado con ellos, pero no entienden, ordeñan, sueltan el ganado y entonces nosotros somos los que lo sufrimos. Parece que se creó un hábito a partir del tiempo que no se estaba sembrando arroz aquí”.
Indudablemente, este constituye un elemento que no debe pasar por alto y si no se logra solucionar con los tenentes de las reses requerirá de la intervención de las autoridades competentes.
Vladimir destacó la dedicación de los trabajadores fijos que laboran en la actualidad en la producción de arroz en Sabana Grande, así como la atención que reciben.
“Aquí ellos tienen el almuerzo garantizado, hay tres hombres que son permanentes encargados de cuidar las máquinas, uno permanece en la casa porque está un poco lejos, y los dos restantes se trasladan para donde están las cosechadoras y protegen todo lo que se queda acá atrás”, concluyó.

Es evidente el esfuerzo que el colectivo de la Empresa Agroindustrial de Granos de la Isla de la Juventud acomete junto a los agricultores para incrementar las producciones de arroz en el Municipio, un renglón indispensable en la mesa del cubano y que genera preocupación y un perenne estado de ansiedad en los pineros cuando escasea.
Con las labores de reparación y renovación que se ejecutan en la industria –donde ya se está molinando el arroz cosechado en Sabana Grande– y las inversiones pendientes en ese programa, sobre todo para asegurar el abasto de agua, la intención es continuar incrementando capacidades, buscar y recuperar áreas para rescatar ese importante polo y que más temprano que tarde pueda percibirse el impacto de la producción de arroz local en el plato del pinero y de esta manera depender menos de lo que arribe en la patana procedente del país.
