
Con poco, mucho o con lo que se pudo los pineros despedimos un año bien tenso y cargado de desafíos, en el que una vez más pusimos a prueba nuestra capacidad de resiliencia. Hubo silencio, llanto, imágenes frisadas en pantallas, pero también música, algarabía y esa esperanza a la que no se renuncia porque a ella nos aferramos como el mejor de los amuletos.
Ya caminamos en un nuevo año que no estará exento de limitaciones y carencias; sin embargo, en medio de esas complejidades los habitantes de esta isla de Cuba no se niegan la capacidad de reinventarse y soñar.
¿Qué espera de este 2026?
