
En medio de los desafíos que enfrenta la agricultura cubana, el pinero Raudel Rives Pantoja comparte su experiencia en el cultivo del frijol colorado, conocido popularmente como “llena saco” y en la aplicación de prácticas agroecológicas para el trips y enfermedades fúngicas.
Según la literatura especializada, este frijol de gran tamaño (Phaseolus vulgaris L.) es una de las legumbres más consumidas en el mundo y constituye una fuente esencial de proteínas, vitaminas y minerales, especialmente en América Latina.

En una parcela de 0.2 hectáreas, el productor Raudel Rives Pantoja sembró 4.5 libras de semilla de este frijol común, que pese al ataque de hongos provocado por estiércol mal descompuesto, logró 58 libras en la primera siembra y estima alcanzar de 110 a 115 libras en la venidera cosecha, explicó el campesino residente en La Fe, Isla de la Juventud.
Rives Pantoja explicó que la cosecha está prevista para inicios de mayo, las plantas presentan de 20 a 22 vainas, cada una con cinco o seis granos, lo que asegura un rendimiento favorable para la campaña, suficiente para el autoabastecimiento familiar.
El año pasado en esa misma área obtuvo 96 libras en la primera cosecha y 82 libras en la segunda, dedicada al frijol negro, dijo.

Precisó que el “llena saco” se distingue por el tamaño de sus vainas y granos, lo que le otorga buen rendimiento, sin embargo, presenta dificultades para la siembra mecanizada y la trilladora, por tanto, utiliza métodos artesanales para secar el grano al sol en el techo y lo trilla manualmente con saco y palo, lo que asegura mejor calidad que la maquinaria.
Ante el ataque de hongos, el pequeño agricultor aplicó cal viva, que fortaleció el follaje y mantuvo la planta vigorosa y para combatir insectos como el trips, preparó extractos con hoja de aguacate, flor copetúa y “bejuco de verraco” (Chiococca alba), fermentados en agua tibia durante dos días, aplicó uno o dos litros por mochila cada semana, y resultados fueron efectivos, aseguró.
Apuntó que además, elaboró un biofertilizante líquido en un tanque de 200 litros, en el que mezcló estiércol de res y carnero, melaza, ceniza y hojas de morera, ese biopreparado lo aplicó semanalmente como fertilizante foliar, de esa manera contribuyó a la salud integral de las plantas.
Estas prácticas agroecológicas fueron aprendidas en un evento internacional, donde productores de Puerto Rico y México compartieron experiencias indígenas sobre el uso de plantas como el aguacate para el control del trips, comentó.
Agregó que de ese evento trajeron más de 12 trabajos que están aplicando en su finca, y esperan que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, organizadora de la cita, les envíe el resto de las ponencias para ponerlas a disposición de otros productores en el municipio especial.
La práctica de Raudel Rives Pantoja evidencia que el control del trips y otras plagas del frijol puede lograrse mediante manejos agroecológicos, integrando saberes locales con aprendizajes internacionales para fortalecer la soberanía alimentaria.
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