Nacido en 1943 en Cárdenas, Matanzas, se erige como una figura pionera del periodismo en la Isla de la Juventud. Dada su intrepidez juvenil, manifestó tempranamente el compromiso con la educación y la Revolución, cuando en mayo de 1960 respondió al llamado histórico de Fidel para que los jóvenes se unieran a la campaña de alfabetización como maestros rurales, llevando la enseñanza a las zonas más recónditas del país.

Así integró el segundo contingente de maestros de montaña, desplegado en el Escambray y la Sierra Maestra, pero fue en marzo de 1961, que Medina llegó a la entonces Isla de Pinos para impartir clases, iniciando su labor en la escuela primaria Calixto Sánchez, en Los Colonos, y posteriormente en la Boris Luis Santa Coloma.
Con más de seis décadas de fecunda vida dedicada a la Revolución, su trayectoria queda marcada por la tenacidad y una profunda pasión por el trabajo, posicionándolo como un referente esencial en la historia pinera con gran arraigo emocional en la formación de su personalidad, transmitiendo un legado que no solo abarca su destacada labor con la prensa, también una invaluable contribución a la alfabetización y al desarrollo cultural de la región.
Como joven colmado de inquietudes, logró que su visión revolucionaria trascendiera la mera alfabetización, y por ello estimuló la campaña por la lectura para fomentar el crecimiento espiritual del pueblo. Todo ese esfuerzo desarrollado en el país hizo posible el surgimiento de la Educación Obrera y Campesina en 1962, y dada la experiencia acumulada por Medina, fue propuesto para dirigir el departamento municipal de este nivel educativo, mediante el cual organizó círculos de estudio para recién alfabetizados y trabajadores. Un año después, se vinculó al Comité Municipal de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), donde organizó las primeras Olimpiadas del Saber, y en 1964 asumió la dirección de la esfera de la Organización de Pioneros como cuadro juvenil.

Su incursión en la prensa se inició en 1966, cuando Manuel Andrés Mazorra, director de la emisora local, buscó establecer un sistema informativo más viable en la Isla. Por recomendación de Francisco Sosa, entonces primer secretario de la UJC Municipal, Medina se inició como reportero en Radio Caribe el 15 de septiembre de ese año: “Comencé a trabajar de periodista sin serlo”, recuerda con orgullo y pasión. Su dedicación lo impulsó a estudiar textos especializados y a fundar programas emblemáticos como La hora del ordeño y Jóvenes que hacen suya esta Isla. Con un gran esfuerzo del colectivo en 1967, la emisora ya transmitía desde un nuevo local, consolidando su rol como redactor, subdirector y director informativo.
El 20 de febrero de 1967, junto a un equipo integrado por la experimentada periodista Mirta Rodríguez Calderón, Carlos Ojeda y Mazorra, Medina participó en la concepción y circulación del primer número del periódico Hasta la Victoria Siempre. Hay elementos sui géneris en la rutina de estos primeros tiempos, porque los contenidos se recopilaban y escribían en la emisora, en un proceso que demandaba gran esfuerzo y dedicación, mientras que en La Habana se encargaban del procesamiento de fotos y textos en los talleres del periódico Juventud Rebelde.
Con mucho ímpetu y deseo de cumplir con la tarea encomendada, Medina recorría la Isla en motocicleta, entrevistando y documentando la vida de las comunidades, dejaba así constancia del fervor revolucionario y de las obras sociales en progreso. Su huella en Hasta la Victoria Siempre no se limitó a la fundación del periódico; fue la manifestación de una voluntad de servicio que trascendía las páginas impresas.
Cada información se convertía en un acto de fe en la comunidad, cada entrevista en un gesto de integración, y cada jornada de trabajo en un compromiso inquebrantable con la verdad revolucionaria. Su habilidad para conectar la vida cotidiana con el proyecto emancipador transformó el periódico en un espacio de identidad compartida, donde la Isla se reconocía a sí misma a través de la voz e imagen de sus pobladores.
Posteriormente, con la incorporación de Cándido Domínguez al frente del medio, el trabajo se fortaleció gracias a la integración de otros periodistas provenientes del movimiento de corresponsales voluntarios, hasta que, en 1972, con algún mejoramiento tecnológico, el periódico comenzó a imprimirse de forma directa en el taller de la calle 22, entre 37 y 39, en Nueva Gerona.

Para noviembre de 1974, Arturo Lince González, primer secretario del Partido en la Isla, designó a Medina como director del periódico pinero. Bajo su liderazgo, se lograron dos tiradas semanales, venciendo dificultades técnicas y reforzando siempre el carácter orientador de la prensa revolucionaria. En 1975, fue llamado a cumplir misión en Angola y al regreso en 1976, recibió con honor la condición de combatiente internacionalista.
Su prolífica carrera estuvo marcada por múltiples responsabilidades: alfabetizador, fundador del PCC, de la filial de la UPEC, de las milicias y de los CDR; también, militante de la Juventud Socialista, jefe de prensa del Partido y delegado del ICRT. En cada una de estas funciones, dejó una huella significativa, caracterizada por su entrega, disciplina y consagración revolucionaria.
Hoy, en el aniversario 60 de la fundación del Victoria, nuestro colectivo le agradece su extensa contribución a la prensa y a la patria. Nos enorgullece saber que sus mayores tesoros han sido construir una familia unida y formar parte de una generación que asumió la Revolución como un proyecto emancipador y profundamente humano.
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