Los Saíz, muchachos que no crecieron nunca

“Uno está comprando las papeletas en el antiguo cine Martha y el otro en la acera, cerca, a unos metros; el oficial empieza a provocar al de la taquilla y el otro ve lo que sucede y sale en su defensa, pero el sicario que se llamaba Margarito no lo dejó ni llegar, le dispara a boca de jarro y se vira y le dispara al otro también. No perdió tiempo, no los dejó reaccionar”.

Foto: Gerardo Mayet Cruz

Así narra Aleida Montes de Oca, la vil muerte el 13 de agosto de 1957 de Luis Rodolfo y Sergio Enrique Saíz Montes de Oca, a quienes la unen lazos de sangre, pues su abuelo Enrique, hermano de Esther, la madre los Saíz, era tío de los muchachos.

Aleida mantiene vivo el legado de los jóvenes mártires desde la conservación de mucho material bibliográfico sobre su vida personal, quehacer revolucionario y amplia obra literaria/ Foto: Gerardo Mayet Cruz

Quiso el azar que esta reportera conociera de los vínculos familiares de la destacada profesora Aleida en un reconocimiento que se le hiciera días atrás, por su consagrada labor de más de diez años frente a la biblioteca municipal Julio Antonio Mella. Allí también salió a relucir que el pasado ocho de enero, Sergio Enrique estuviera cumpliendo 86 años.

No imagina esta redactora como madre, ni como ser humano cuan terrible debe ser perder los hijos, a la vez y de forma tan vil, máxime si eran muy jóvenes y con una profunda convicción de la importancia de sostener la lucha para liberar la nación.

La docente narró aspectos relacionados con el asesinato de los mártires; habló de su madre y la relación de ellos con su abuelo.

“Incluso en la casa de Esther está el reloj que Luisito llevaba consigo aquella noche. Antes de herirlo de muerte, una de las balas dañó para siempre el mecanismo, pero todavía tiene la hora en que los mataron, sus manecillas se han mantenido marcando la hora exacta de la barbarie, 8:25 p.m.

CONMOCIÓN Y DOLOR EN EL PUEBLO

Aleida mantiene vivo el legado de los jóvenes mártires desde la conservación de mucho material bibliográfico sobre su vida personal, quehacer revolucionario y amplia obra literaria/ Foto: Gerardo Mayet Cruz

“Imagínese un pueblo pequeño. La noticia de sus muertes fue una bomba. Los muchachos eran, por supuesto, conocidos y queridos en el barrio. Algo como eso, claro que es impactante para toda esa población y los vecinos del lugar, porque, además, no fue uno sino los dos y de una manera nada oculta; no sé, puede que tú no sepas quién los mató o te lo imaginaras, pero no, no, no, fue ahí en la puerta del cine. Cuántas personas estarían pasando, cuántos vecinos cercanos, la algarabía… la misma taquillera, ella lo vio todo. ¡Qué duro!

“Luis se encontraba en la provincia porque habían cerrado la Universidad de La Habana y eso lo obliga a volver a Pinar y allá sigue con las actividades revolucionarias. De lo contrario no hubiese estado ese día. Estudiaba Derecho, igual que el padre. El otro sí hubiera estado, pues se encontraba terminando el bachillerato.

“Es evidente que la provocación venía porque el oficial sabía quiénes eran. Estaban mandados a matar. El asesino pudo en un inicio escapar, pero luego fue ajusticiado.

“El poema Cuerpos que yacen dormidos lo escribe Sergio unos días antes de su muerte. En él dice: Cuerpos que yacen dormidos abrazados al cemento de una calle y una estrella… Y fue exactamente como murieron; dicen que la sangre de los dos se unió cuando cayeron.

“Ellos son hijos de una familia de clase media; un abogado, juez en un pueblo como San Juan y Martínez en los años cuarenta, cincuenta, ser juez… era una persona reconocida y conocida por todos, ¿Cuántos jueces o licenciados en Derecho existían ahí? ¿Y Esther, profesora de Geografía, cuántos estudiantes pasaron por sus manos? Ellos fueron sus alumnos. Asistieron a escuela pública cuando podían haber asistido a escuelas privadas.

“Luis, era más serio; Sergio, muy inquieto, siempre haciendo chistes. Mi hijo se parece mucho a él, en la estatura, el cuerpo… Dicen que el día que ellos iban a salir para el cine, ya habían comido. Estaban en la acera y Sergio corre para atrás y le dice ‘dame un beso, que quizá sea el último que tú me des’. Un chiste de muy mal gusto, pero propio de un joven de 17 años.

“Eran muy martianos y en eso está la mano de Esther. Por lo general esas cosas no son tan espontáneas, se inculcan. Y cómo te comenté, unos días antes de que los mataran, estando de visita en Viñales, se tiran con ella una foto en un busto de Martí, eso no es común en los jóvenes de esa época. Uno a cada lado”.

LA RELACIÓN CON EL ABUELO ENRIQUE  

Aleida mantiene vivo el legado de los jóvenes mártires desde la conservación de mucho material bibliográfico sobre su vida personal, quehacer revolucionario y amplia obra literaria / Foto: Gerardo Mayet Cruz

“Los muchachos estaban estrechamente vinculados al movimiento 26 de Julio y participaron en varias acciones contra la tiranía. El peso de sus ideas se ve en el manifiesto ¿Por qué luchamos? que está en el libro de igual nombre. Para muchos historiadores ese es el testamento político de los dos. Lo que dicen ahí son palabras muy fuertes para unas personas de tan corta edad. No solo se aprecia en ellas una madurez política, sino una madurez en todos los sentidos.

“Y mi abuelo fue fundador del Partido Comunista en Pinar de Río y también del Frente Guerrillero de Pinar del Río. Hice una investigación sobre él. Hizo como los muchachos y otros, mucho por Cuba y como soy historiadora, creo que se lo debía porque hay personas que mueren como ellos dos a los que se les ha rendido todos los homenajes, los honores y quería reflejar todo cuanto hizo.  “Estaban en lo mismo, en la lucha clandestina en la misma provincia. Uno era el coordinador municipal del movimiento 26 de Julio en San Juan y Martínez y el otro, el jefe de acción y sabotaje y mi abuelo cuando se funda el Frente Guerrillero, la primera acción que hace junto a sus compañeros porque no tenían armas, fue conseguirlas atacando un club de cazadores”.

LA MADRE DE LOS SAÍZ

“Esther era una mujer fuerte. Siempre fue así, siempre… Y nunca la vi llorando. Ella no tocaba el tema de sus muertes; de eso no se hablaba. Mi hijo y yo fuimos a su casa, que es una casa museo, lo vimos todo y nos explicaba como si fuera una técnica de museo.

“Era muy bonita, mi tía Carito se parece muchísimo a ella. Pienso que fue más valiente que Luis, el padre, porque a ti te matan un hijo y tú sales por ahí para allá con machete, no sé. Ese hombre podía tener una pistola en esos momentos. Yo salgo a buscarlo, a mí hay que matarme. Y la que más actuó fue ella.

“Cuando comienza el murmullo, y la gente a comentar el día del asesinato, dijo una vez que iba caminando y sentía que las personas la miraban como diciendo, ‘ella no sabe lo que le espera; si supiera lo que está pasando’ y entonces dijo que sabía, pero no la magnitud de lo que había pasado. Iba, comentó, como quien va para arriba de una tormenta.

“Su relación con los muchachos era muy fuerte. En las entrevistas que se le hacen ya no habla tanto de su vida, sino más bien de ellos, incluso cuando salió fue seleccionada Maestra de Juventud”.

Enrique, tío de Aleida, y ella se han convertido en albaceas de la familia, aunque muy longeva, pero ya van quedando pocos. Las fotos, artículos, recortes y anotaciones que posee son un verdadero tesoro que guarda en imágenes y letra el quehacer revolucionario de los dos jóvenes valerosos Luis y Sergio que murieron asesinados por la tiranía batistiana con solo 18 y 17 años, respectivamente, y fueron además de hombres de acción, intelectuales con una importante obra literaria. Los muchachos, los muchachos, así los llaman toda la familia; en ella sus nombres no se mencionan, se hace a través de otra persona. “Mi tío se llama Enrique, el hijo de tío Enrique se llama Sergio Enrique. El hijo de Jaime se llama Sergio Luis. Tengo otro primo que se llama Luis Enrique…, pero ellos son los muchachos, ellos no crecieron nunca. No crecieron”.

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Isla de la Juventud
Yojamna Sánchez Ponce de León
Yojamna Sánchez Ponce de León

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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