
El enloquecido dictador de Estados Unidos sigue teniendo sueños trastornados, con una Cuba sometida, pero nuevamente fracasa con su soberbia imperial al subestimar por enésima vez al Mayor de los Archipiélagos, que no se arrodilla ante su chantaje de atemorizarnos con una intervención militar, que se estrellará contra la entereza de un pueblo, como ocurrió contra los mercenarios en Playa Girón, Angola y otras epopeyas.
#CubaEsCoraje le recuerdan con orgullo en redes sociales en internet cubanos, amigos y otros que conocen bien a nuestros hombres y mujeres.
Mas, esa consigna no se limita a la frase ni es una más entre tantas replicadas junto a las razones defendidas en plataformas digitales y demás trincheras. Constituye una de las verdades demostradas durante casi 160 años de luchas y refrenda cada día quienes resistimos a pie firme a las agresiones enfrentadas en todos los frentes contra el imperio que ambiciona retomar la dominación perdida en el archipiélago que conquistó con Fidel en 1959, la libertad arrebatada por el naciente imperio cuando España ya estaba derrotada por el batallar mambí en tres décadas de lucha.
Tras la agresión militar de EE.UU. contra Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia, Trump ha incrementado las amenazas contra Cuba y llegó a afirmar que “entrar y destrozar” podría ser la única opción para forzar un cambio en el país.
En medio de las tensiones, el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, desmiente falsas afirmaciones desde el imperio: “no existen conversaciones con el Gobierno de EE.UU., salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio”, y señala que las relaciones bilaterales entre los dos países “deben basarse en el Derecho Internacional en vez de en la hostilidad, la amenaza y la coerción económica.
“Cuba es una nación libre, independiente y soberana–enfatiza el mandatario cubano en serena respuesta de todo un pueblo–. Nadie nos dirá qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por EE.UU… y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre”.
Ante la insistencia de Trump y su testaferro “Narco” Rubio, el Marco del Departamento de Estado,de un inminente colapso de la asediada nación, con la siniestra ambigüedad de que sea espontánea o la preparan mediante una intervención, es clara la réplica de Cuba en el mensaje de Díaz-Canel: “Quienes culpan a la Revolución de las severas carencias económicas que padecemos, deberían callar por vergüenza. Porque saben y lo reconocen, que son fruto de las draconianas medidas de asfixia extrema que EE.UU. nos aplica hace seis décadas y amenaza con superar ahora”.
El perverso empeño lo denuncian muchos en el mundo, como el periódico mexicano La Jornada, en reciente artículo: “Pocos pueblos han sido tan castigados como el cubano por no someterse al dominio imperial; por empeñar sus fuerzas en la defensa de la soberanía, y pocos han sido objeto de una guerra de desinformación tan virulenta para culpar a quienes resisten de los males que infligen los agresores”.
La actual coyuntura, sin embargo, no se trata de una más, sino de una ofensiva articulada, cruel e intencionada, que combina presión económica, cerco energético, asfixia financiera y guerra comunicacional, advierte un análisis de Cubadebate, y ante la cual la convocatoria no puede ser otra que cerrar fila y fundir al coraje y la resistencia heroica, la acción unida e inteligente en cada frente, mayor preparación, confianza infinita en nuestras fuerzas y larga visión, sin descuidarse jamás de ese enemigo principal.
En este momento en que el imperialismo actúa sin pudor y empecina en estrangular por la fuerza, no queda otra alternativa para los amenazados –que no son solo cubanos– que estar muy alertas y conscientes del inminente peligro, que puede ser mayor cuando a esa dictadura del norte revuelto y brutal no la enfrentamos más cohesionados, resueltos y firmes.
Cuando años atrás otro presidente republicano, Ronald Reagan, amenazaba con barrernos de la faz de la tierra, Fidel advertía:“Yo estoy absolutamente convencido de que la única forma de enfrentar esa situación es mantener una posición firme y fortalecerse”.
Mas, no solo con fusiles en alto, sino en cualquier terreno y con la certeza de que el invasor no pasará y si lo hace pagará muy caro el atrevimiento.
La ceguera llega al extremo de que nos intimidan cuando su país está al borde de la guerra civil y sufre violencia, crisis interna, desigualdades, degradación y el aumento del narcotráfico con el que culpan a sus vecinos, entre otras complicaciones que dan poco margen de maniobra para otras ambiciones, también en Groenlandia, México, Venezuela e Irán.
Olvidan que su trillado garrote de nada sirve, tampoco amedrantar con cortar dinero y petróleo. No son dueños del hemisferio y menos jueces del mundo que le planta cara y los enfrenta sin miedo.
Cuba no se deja intimidar, ni negocia bajo presión ni acepta ultimátum colonial. No hay imperio que doblegue a una nación con dignidad, la que sus hijos abrazan como el principal valor, entre tantos otros defendidos con sereno y cotidiano estoicismo. Ya lo sentenció José Martí:“Todo cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá”.
Los combatientes cubanos caídos en Venezuela y que acabamos de sepultar como héroes, refuerzan la determinación del pueblo de preservar la soberanía hasta la última gota de sangre si es preciso, como lo hicieron ellos frente a la cobarde acción terrorista estadounidense.
Su ejemplo alecciona a quienes amenazan a la Patria donde no hay espacio para la cobardía y la traición.
