Puede asombrar a muchos de otras latitudes ver a un sencillo trabajador, rodilla en tierra, cavando su pozo de tirador, o disparando para afinar la puntería durante las jornadas de adiestramiento en la defensa, como sucede en Cuba.

Tampoco deja de extrañar descubrir a otro reservista o integrante de las brigadas de producción y defensa de cualquier entidad armando y desarmando el fusil para dominarlo mejor cuando tenga que hacerlo ante el invasor que se aventure o preparando la emboscada de contención o la mina en la que quedará atrapado quien intente pisar, en son de guerra, el pedazo de tierra que ese compatriota debe salvaguardar.
A otros pueden sorprender esas actitudes que es aquí voluntad de millones en un planeta donde el vecino imperial se cree dueño y señor del mundo cuando muchos gobiernos se doblegan, por eso no entienden que quienes se entrenan militarmente aquí no lo hacen contra su sistema tildado afuera de “represor”, sino frente a los que pretendan quitarle la dictadura del pueblo, expresión de su autoridad y principal conquista.
Lo inexplicable sería estar con los brazos cruzados y asustados ante las mayores amenazas de invasión y cambio de régimen del frenético presidente estadounidense, Donald Trump, para esclavizarnos.
Aunque los critiquen, esos días territoriales y nacionales de la defensa no tienen nada de formal, son cada vez más necesarios, útiles, estratégicos sin limitarse a lo militar y la lucha armada.
Pero no solo para desafiar al enemigo externo nos adiestramos, también para enfrentar a la quinta columna que promueve acciones subversivas y de sabotaje financiadas desde EE.UU.
Como no cabe la improvisación en cosas tan serias como la vida y el destino de la nación soberana, urge estar prevenidos, alertas, unidos y fogueados ante un fascista genocida con delirio de grandeza.
La hora de la acción no es hora de aprender, es preciso haber aprendido antes, advirtió José Martí, acentuando la importancia de ejercitarse a tiempo, estar con las botas puestas y adoptar de forma responsable las medidas que hagan arrepentirse al agresor.
La mejor manera de ganar la guerra -como han insistido Fidel y Raúl- es prepararse para evitarla, entre otros conceptos clave como que la guardia revolucionaria no se descuidará jamás, la orden de combatir al agresor siempre está dada y que las palabras rendición y derrota no existen para los cubanos.
Hoy el peligro real de enfrentar un enemigo empecinado en someter a Cuba sin el menor escrúpulo, entronca con uno de los legados más vigentes de Fidel con la concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo, expresión de fuerza invencible, unidad, participación y victoria, a partir de la experiencia histórica de la nación frente a enemigos superiores en número y en lo tecnológico.
La idea se basa en el variado empleo de los recursos materiales y morales, organizados en el Sistema Defensivo Territorial, mediante los Consejos de Defensa dirigidos por el Partido en todos los niveles, desde el nacional hasta el municipio y la zona de defensa, como su base.
Precisamente de la historia, del riesgo y de la genialidad del líder histórico, él nos enseñó cuán necesaria es que cada ciudadano tenga un medio, un lugar y una forma de participar en la lucha, bajo bloqueo, desgaste e invasión, así como en la ocupación parcial o total del territorio…
Son las variantes o posibles etapas para las que nos preparamos con realismo y la actualización constante, como la de retomar, por ejemplo, clases de defensa civil no solo para huracanes, también para la guerra. ¿Qué hacer ante un bombardeo? ¿Cómo proteger el local? ¿Cómo proceder en tiempo de drones, satélites y ataques electrónicos?
Aunque los últimos conflictos demuestran cambios en la lucha armada, es innegable que convertir cada palmo en avispero irresistible para el ejército invasor le harán muy costosa la agresión de la que tendrán que desistir o salir derrotados y más con la certeza del golpe de una emboscada, granada, mina (naval o terrestre) o arma rústica donde menos espera.
El sistema no sólo tiene en cuenta las actividades militares, sino el paso de la economía y la vida de tiempo de paz al de guerra y agrupa por igual a tropas regulares y populares, y formaciones especiales, con mando centralizado y flexibilidad operativa y táctica.
No caben ingenuidades en la Guerra No Convencional que nos hacen, como tampoco con la cruel agresión económica desafiada en colectivos y familias con firmeza e ingenio que igualmente asombran al mundo.
“La defensa… no se puede confiar jamás a otros, …es algo que un pueblo solo puede confiar a sí mismo”, enseñó con mucha claridad Fidel y confirma la trinchera que es toda Cuba, con el fortalecimiento sistemático y persuasivo de su protección por todo el pueblo.
