Cuba recibió a un grupo de jóvenes estadounidenses como parte del Convoy Nuestra América, un toma y daca de amor y humanidad contado por tres de sus integrantes

El grupo se alista. Si fueran Jefes de Estado diría que para la foto de familia. No es el caso, pero sí constituyen una familia del buen hacer. Son jóvenes, cuatro decenas de ellos, procedentes de muy diversas regiones de Estados Unidos —Miami, Arizona, Los Ángeles, Nueva York, Texas…—, aunque dos de las muchachas son de Puerto Rico, la colonia caribeña que Estados Unidos oculta bajo el eufemístico ELA (Estado Libre Asociado).
Tal y como resulta la sociedad estadounidense desde sus inicios es amalgama de procedencias y, en este caso, sí se aceptan unos a otros como lo que son: seres humanos, sin importar procedencia étnica, política, religiosa, y motivación personal, porque tienen un objetivo común y han venido a defenderlo, respondiendo a la convocatoria que les hiciera Manolo de los Santos, líder de People’s Forum.
Son parte del Convoy Nuestra América, apenas un «buchito» de las más de 650 personas que lo componen. Para la mayoría de estos muchachos es su primer viaje a la Isla asediada. Fue bien intencionado el propósito de Juventud Rebelde de conversar con tres de sus integrantes…
Jessica Cruz Díaz nació y se crió en Hialeah, en el condado de Miami-Dade. Dicen que vivir allí es como vivir en Cuba, lo cual no es cierto, pero describe bien su composición poblacional, inmensamente latina y mucho más de dos tercios cubanos de origen.
Hija de cubanos, de madre soltera porque la violencia signó el hogar de la trabajadora de una clínica de ancianos en Miami, esto fue para Jessica el despertar de una comprensión. Muy temprano comenzó a estudiar historia y cultura latinoamericana y considera decisivo en su despertar el haberse mudado para Nueva York. «Era diferente a lo aprendido en Hialeah. Estudiar, leer, verlo con mis propios ojos y empecé a cambiar de opinión», nos dice.

La visita que realizara su grupo a una escuela en la Ciudad Escolar Libertad, le removió lazos familiares. Su mamá nació en San José de las Lajas y asegura que no concluyó la primaria aquí. Ahora Jessica vio en Ciudad Libertad una escuela organizada, y cómo enseñan disciplina e Historia. Asegura que la conmovió.
En la Florida imponen que «la Revolución es un proceso que terminó, y yo estoy viendo un proceso dinámico, que avanza y se desarrolla, que sigue existiendo», expresa la joven que integra el Party for Socialism and Liberation.
Su afirmación es rotunda: «Desde Miami, capital de la contrarrevolución latinoamericana, hay personas que estamos con Cuba y que luchamos contra el bloqueo. Es mi deber y responsabilidad estar en solidaridad con este pueblo».
Que dejen a cuba vivir en paz
David Beltrán Zorrilla es colombiano de nacimiento, de Armenia, la capital del departamento de Quindío, centro del eje cafetero del país. Llegó a Estados Unidos a los seis años de edad, a comienzos de este siglo, y se crio en Miami. Hoy dice que «además de Colombia y Estados Unidos, mi tercer país es Cuba».
El maestro de Historia y Derecho en la City Hialeah Ed Academy ha venido «a conocer la realidad. Mi familia es colombiana, conservadora y de derecha, muy religiosa, un entorno que se considera contrario a la Revolución Cubana».
Afirma David que, en julio del pasado año, se unió a los esfuerzos del Partido del Socialismo y la Liberación «contra las agresiones de Estados Unidos contra países del Sur Global», y agrega: «Llamamos a Miami el vientre del vientre, de las entrañas, el que exporta violencia y busca la explotación», y la misión de nuestro Partido es «crear conciencia contra la violencia y el genocidio».
«Llevo años de estudio de lo que sucede en Cuba, y estar aquí es una escuela. Este viaje me ha ayudado a contestar preguntas y eliminar dudas, porque el pueblo cubano en su mayoría apoya a la Revolución, y conozco cómo llegaron, cómo se han desarrollado a pesar de las presiones. Trato de aprender el proceso», dice.

Y no consideras que es importante tu obra allá, indago, y asiente. «Sí, es cierto, porque hay que acabar con el bloqueo, obligar a Estados Unidos a que quite su bota de sanciones y de amenazas de guerra y que deje a Cuba vivir y prosperar».
Patricia Alegría Tejeda le hace honor a su apellido y a su isla de Puerto Rico. Artista multidisciplinaria, como se define, habla de lo homogéneo del propósito de esta brigada del Convoy Nuestra América, de la que espera la posibilidad de conocer más de Cuba y su pueblo y «llevarme de su coraje para allá (Puerto Rico), además de establecer vínculos con otras organizaciones en Estados Unidos y en Cuba».
No es la primera vez que Patricia llega a nuestro país, vino en julio de 2023 en la 33ra. Brigada Juan Rius Rivera. Aquel era un grupo en el que predominaban los mayores. Ahora están entre jóvenes, están más alineados.
«Te puedo decir que de esta ya me llevo más convencimiento de que el pueblo cubano está resistiendo y está enfrentando el bloqueo con la misma fuerza de siempre».
La visita a la escuela la impresionó especialmente. Se le quiebra la voz y brillan sus ojos cuando también describe su encuentro en un pediátrico, y convierte esas emociones en decisión de lucha. «Ya estamos en conexión con muchas personas de la brigada que luchan en distintos frentes, como el Palestine Youth Movement».
Y declara que en el Centro Fidel Castro Ruz, el cual ya había visitado, volvieron a conmoverla las palabras que de él se escuchan en el salón de los discursos, donde lo oyó ahora hablar de la causa Palestina.
Cuenta la joven que, cuando anunciaron que vendrían en el Convoy, recibieron mucho más de su pueblo de lo que podían traer.
«A los jóvenes cubanos les digo gracias, sigan siendo inspiración para el mundo entero, no se dejen pisotear esa dignidad que conmueve».
El grupo sale del salón de actos del centro, donde han escuchado al director, el historiador René González Barrios. Conocieron que ellos tuvieron generales solidarios que lucharon por la independencia de Cuba frente al colonialismo español. Vale con solo mencionar la hidalguía y valentía de Henry Reeve, quien entregó su vida en el campo de batalla, y no es un azar que Fidel nombrara al contingente cubano de médicos internacionalistas con su nombre.

Los veo a todos animosos, decididos, dispuestos a tender la mano a Cuba, recuerdo entonces algo de Eduardo Galeano, y creo que, por primera vez, no coincido en su conclusión:
«Los dueños del mundo lo están convirtiendo en un matadero y en un manicomio.
«Ellos dicen que la condición humana es así. Puede ser. No sé. No me convencen.
«Si nuestros abuelos más remotos hubieran sido como somos ahora, no hubiéramos durado ni un ratito en el mundo.
«Ellos sobrevivieron porque supieron compartir la comida y defenderse juntos.
«No se aniquilaban entre sí.
«Las hormigas tampoco, y por eso, insignificantes como son, pesan ahora tanto como todos nosotros sumados.
«No se matan entre ellas. Nosotros sí. Hemos perdido la memoria de la solidaridad».
Sin embargo, he pasado una tarde con quienes no han perdido ni un ápice de la memoria y de la solidaridad.
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