
Industrial Molinera de La Habana SA, IMSA, asegura desde su planta en el anillo del puerto, municipio de Regla, la harina destinada al consumo de la población, además del turismo y el sector no estatal.
Con una trayectoria de 25 años, la empresa mixta cubano-mexicana enfrenta hoy los retos que impone el déficit de energía y combustible, cuyos efectos se transversalizan a toda la economía, afectando desde la producción hasta el transporte y la logística.
Antes de acompañarnos en un recorrido por las instalaciones, partiendo del molino que recibe el trigo desde los silos y su centro de control automatizado hasta las líneas de llenado, el laboratorio y la zona de carga, el director general de IMSA, Ignacio Pérez Nava, nos explica que la planta, con una capacidad de diseño de 165 000 toneladas anuales de harina y sémola, produce actualmente 90 000 t.

En 2026 han hecho la solicitud para renovar el contrato por otros 15 años, lo que incluiría una inversión para restablecer la capacidad de producción de diseño de la fábrica.
De las dos líneas de molinación sale harina blanca para la canasta básica de la población, presentada en sacos de 50 kg, y harina blanca y harinas preparadas (para base de pizza, pan integral, baguette y arepas, procesadas en una planta especializada) destinadas a tiendas, turismo y sector no estatal, en bolsas de pequeño formato (1, 5 y 10 kg).

Otro producto, derivado del proceso, es el afrecho o salvado, la corteza del trigo, con destino a la alimentación animal.
Pérez Nava insiste en el compromiso con el mercado nacional, el aseguramiento de la canasta básica. “Producimos, entregamos y aseguramos la harina que termine en el pan de la mesa de la población todos los días, en todo el país, mayoritariamente en La Habana”, dice.
En tiempos en que se complejiza aún más producir por el severo déficit de combustible, el director general de IMSA comenta que han afrontado la situación “creando estrategias en equipo para sobrellevar y sacar adelante el trabajo. El pan es básico en la alimentación de las familias y tenemos que buscar la forma de garantizarlo, implementando nubes de ideas, en los consejos de dirección, juntas de gerencia, presidencia, accionistas… Todo hay que sortearlo para asegurar el pan destinado a la población”.
Añade que ahora mismo “tenemos una situación que es un reto atípico respecto a años anteriores, que nos hace pensar diferente para sacar lo mejor que tenemos y tomar las decisiones acertadas, porque muchas familias dependen de esas decisiones”.

El director general de IMSA comenta que “es temporal, vamos a salir adelante. Es un reto del que vamos a salir más fortalecidos, aprendiendo formas diferentes de trabajar. Vamos a hacer lo necesario para garantizar el suministro de esta materia prima, insisto, para llevar el pan a la mesa de la población”.
El molino, con sus dos líneas de molinación, funciona establemente en la planta. En una de las pantallas del centro de control se aprecia la eficiencia del proceso.
Es constante el trasiego en el área de carga, las líneas de esteras se acortan o alargan transportando sacos según la capacidad y el nivel de llenado de los contenedores. Entran y salen camiones y rastras, pasando antes y después de la carga por la báscula, también gestionada desde un centro automatizado, para que concuerden las cifras en contratos y los pesos reales una vez cargado el producto, de modo que las cuentas estén claras y no haya pérdidas ni desvíos.
Diariamente salen de allí 160 toneladas de harina para la canasta familiar (90 t destinadas a La Habana y el resto a otras provincias). Además, entrega 50 toneladas diarias para otros destinos, en divisa (turismo, tiendas y formas de gestión no estatal). También produce sémola para pastas.
El director general de IMSA tiene experiencia de haber trabajado en este sector durante 30 años, en diferentes lugares. En Cuba, asumió su puesto hace unos meses.
“Llego aquí con un reto importante, en una temporada difícil. Hay mucha experticia en el equipo de dirección; hay capacidades técnicas, habilidades de negociación. Es interesante, sobre todo con las complicaciones actuales, enfocar y poner a funcionar todas esas habilidades hacia un fin común: asegurar que llegue el producto a la mesa de la gente. Es el reto para todos nosotros”, afirma.
Señala que hay aprendizaje desde ambas partes, incluido el cultural. Aborda también la confluencia, el balance entre negocios y la empatía histórica entre los dos países.
“Si bien es un negocio y hay que rendir cuentas a ambas partes de la inversión, al final de cuentas, más allá de la nacionalidad o las banderas, está el fin común. Poder garantizar el suministro está enfocado en personas, hay que verlo de esa manera. No entregamos dinero, entregamos un bien para consumo de la población”.
Aun en tiempos difíciles, la empresa ha continuado operaciones y la intención es extender el contrato por otros 15 años.
Entre las claves, Pérez Nava menciona “una relación histórica entre nuestros dos países, que ha sido una relación de hermandad. Más allá de las palabras, son los hechos los que hablan. El apoyo que está llegando hoy en día por la parte mexicana, saltando las barreras de amenazas que hay, y mucha parte de confianza del socio extranjero, que cree mucho en los valores. Por eso, insisto, no es solo dinero, es el bien común de muchas familias”.

“Estamos al frente de una organización que nos pone a prueba con todos los problemas que hay, pero al final los capitanes no se hacen en aguas tranquilas. Es tiempo de tomar decisiones con toda la prudencia que requiere y enfocarnos en llevar a buen puerto esto, que seguramente será una tormenta temporal. Es cuando mi conocimiento, mi llamada antigüedad, se convierte en experiencia. Y es la experiencia que mi persona, el equipo de dirección y los trabajadores aportamos a la empresa y a Cuba”, concluye el director general de IMSA.
Otras fotos aquí: http://www.cubadebate.cu/especiales/2026/02/12/imsa-continua-trabajando-para-asegurar-harina-destinada-al-mercado-nacional/
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