Descalabros de un “emperador” contra las cuerdas

Al mandatario estadounidense que sueña con ser emperador mundial, Donald Trump, se le ha complicado la situación como no imaginaba de la criminal acción militar lanzada contra Venezuela el pasado tres de enero y el secuestro del presidente constitucional de ese país, Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores, así como el posterior traslado a Nueva York para ser enjuiciados por supuestos delitos que hoy se desmoronan estrepitosamente.

Redacción Digital

No solo se le vienen encima las verdades escondidas y sus mentiras para ocultar el atropello, cuyas víctimas se estiman en un centenar de personas fallecidas y un número mayor de heridos, entre otros intentos para amparar el injustificable operativo fascista.

También lo aplastan apenas días después de llevar a corte por primera vez a un presidente que, en el ejercicio de su cargo, es conducido a Estados Unidos para ser juzgado violando el Tratado de Ginebra y otras leyes.

En un fracaso sin precedentes para Trump se ha convertido esa ilegalidad que como avalancha de nieve se le viene encima para mayor ridículo por el inevitable chasco.

Para colmo en los últimos días la Corte Suprema de los Estados Unidos ha emitido un fallo trascendente, catalogado de sísmico por algunos y shock para la nación al declarar inconstitucional la intervención militar en Venezuela.

El fallo, que califica de “ilegal” la acción del mandatario y para en seco al comandante en jefe, deja a la Casa Blanca en total silencio cuando los magistrados de la máxima autoridad judicial determinaron que Trump ignoró al Congreso, lo cual va más allá de una simple disputa política entre partidos rivales y desnudar una crisis constitucional sin precedentes.

Se torna más oscuro el panorama para un presidente que además de impredecible, errático, fascista y asesino, engorda sus embustes, a la par de mayores trabas cuando la justicia le dijera, además, que el petróleo no justifica una guerra ilegal.

Tal es la torpeza y prepotencia del también llamado Pelucón y sus asesores tropezarse con otro freno, el cual no llegaron a ver a pesar de ser evidente el hecho de que, atendiendo a la inmunidad como presidente en funciones, Maduro no puede ser procesado ni hay juez habilitado para ello.

Contra la corriente transcurren los pasos del empecinado candidato a emperador, arrebato que solo cabe en su mentalidad enfermiza, pedófila, trastornada y enloquecida, que sin embargo tiene la lucidez de evadir con las recientes aventuras bélicas los comprometedores vínculos delictivos con su amigo Jeffrey Epstein, multimillonario y agresor sexual convicto, muerto en prisión en raras condiciones.

El secuestro de Maduro y Cilia, lejos de beneficiarlo, le enredó más la situación y se le pudiese poner peor. Convirtió a Maduro en una referencia mundial de lucha, contra el imperialismo.

A los infortunios se suma negarse por el Departamento de Justicia de EE. UU. la existencia en el narcotráfico del Cártel de Los Soles, cuya “dirección” achacaban a Maduro como otras falacias para el amañado juicio, donde ya retiraron ese cargo.

Así siguen cayendo telones, ataques y amenazas contra la Venezuela firme ante el agresor y su presidente, hecho prisionero de guerra en el operativo criminal que, de hecho, desmoraliza al Ejército y a la actual administración fascista que esconde muchas debilidades en su armadura bélica y derrotan las verdades y la solidaridad mundial frente a invasores, que ni tuvieron operación “limpia”, de que tanto alardean, ni sin los costos humanos propios que vociferaron.

Hasta las muestras de tributo popular a los 32 heroicos compatriotas caídos y demás que perdieron la vida en esa salvaje incursión de piratería, continúan demoliendo falsedades y engrandeciendo el arrojo de hombres y mujeres que enfrentan no solo al imperio, sino también a la traición y a la debilidad de quienes se venden a los gringos. De esa voracidad norteña por los pueblos del sur ya había advertido Simón Bolívar que “parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad”.

No han podido ni podrán condenar a Maduro ni a la primera combatiente, como tampoco humillar a quienes, seguro, volverán. Ellos se agigantan como referentes mundiales de lucha contra el imperio, que no podrá impedir la marcha unida en esta hora en que, evocando a José Martí “hemos de andar, en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

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Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana.

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