Cada ocho de marzo el planeta celebra de distintas maneras el Día Internacional de la Mujer y mientras Cuba acostumbra a homenajear a nuestras féminas en barrios y centros laborales y estudiantiles y ellas reciben una flor o una sonrisa agradecida, en diversas partes del mundo deviene jornada de lucha por el acceso al trabajo y el cese de diversas formas de discriminación.

En Guatemala, por ejemplo, este fin de semana agrupaciones de mujeres y activistas marcharon desde el Centro Cívico hasta la Plaza de la Constitución para exigir justicia y en contra de la violencia, con pancartas abogando por salir a la calle sin miedo, reclamando leyes en su favor y la actuación de las autoridades contra los acosadores y superar otras brechas que las golpean con dureza.
En Ciudad de Panamá este ocho de marzo realizaron una marcha bajo el lema “Mujeres en resistencia; contra la precarización y el retroceso de derechos”, enarbolaron carteles alusivos a la exigencia de justicia ante casos de femicidios y abusos contra niñas en albergues para menores sin amparo filial, además de expresar que las panameñas, aunque representan más de la mitad de la población, aún enfrentan barreras significativas en el mercado laboral y en la representación política.
Miles de mujeres salieron también a las calles el domingo en Quito, capital de Ecuador, en contra de las políticas económicas y leyes impulsadas por el presidente del país, Daniel Noboa, que calificaron de “imperialistas”, y que dijeron, han provocado precarización y retroceso en derechos.
Tales expresiones ocurrían mientras este y otros mandatarios del hemisferio acudían serviles a la convocatoria de Estados Unidos a la “pequeña cumbre reaccionaria y neocolonial” en Florida, dispuestos a aceptar la nueva versión de dominación yanqui mediante el apoyo al proyecto trumpista, ratificar la Doctrina Monroe 2.0 y mayor vasallaje.
Tal es la madurez de las latinoamericanas que el lema de la jornada en Ecuador fue claro y contundente: “Con todas, menos con el imperialismo, neoliberalismo y fascismo”. Frente a esos peligros actuales también se levanta el movimiento femenino en otras naciones.
En la asediada Cuba, donde, por el contrario, las féminas ya han conquistado y defienden su propio espacio como resultado de su quehacer integral en la sociedad e irradian una nueva imagen que va más allá de su función reproductiva o aspiraciones específicas.
Y es que la lucha por su igualdad y adelanto en un país como el nuestro no es únicamente un tema de defensa de legítimos derechos de un sector de la población, sino que es una condición para el desarrollo con justicia social, sobre todo, con la autonomía alcanzada, pues ellas tienen hoy mayores oportunidades para generar ingresos y recursos propios mediante el acceso al trabajo remunerado.
En todas las plazas y cargos tienen el derecho a percibir igual salario que los hombres por trabajo de igual valor.
Es justo reconocer, asimismo, el extraordinario avance que se ha producido en la conciencia de las cubanas a lo largo de más de seis décadas, en la práctica cotidiana con una activa vida social y de compromiso con la Revolución que las liberó y empoderó para siempre.
Por doquier se aprecia y admira su papel de vanguardia en todas las tareas y programas de la nación “como dignas #MujeresEnRevolución”, según afirma uno de los lemas empuñados en redes sociales.
El legislativo cubano es el segundo Parlamento del mundo con mayor presencia de mujeres, quienes son parte del poder en manos del pueblo y ejemplo permanente no solo de liderazgo, sino también de sacrificio, antimperialismo y amor a la Patria libre y soberana, leales a su historia.
Desde sus inicios la Revolución cubana impulsó la equidad de género, promoviendo el acceso de las mujeres a la educación y el empleo para eliminar su histórica subordinación e iniciativas como la creación de la Federación de Mujeres Cubanas en 1960 facilitaron la integración en distintos ámbitos, pero compulsaron a nuevas batallas ante la persistencia de lastres patriarcales subjetivos que impedían y aún impiden la plena materialización de los trascendentales cambios emprendidos al calor de la revolución que ellas representan, dentro de una Revolución más abarcadora, inmensa e indetenible.
Sus aportes son decisivos en la batalla económica desde la producción de alimentos, la Educación, la Salud, Servicios Comunales y otros sectores hasta el hogar, hoy baluarte de la resistencia de las cubanas, donde tienen un papel crucial en el sostenimiento familiar y social.
