¿Cómo oprime el bloqueo a las infancias cubanas?

Por esa «esperanza del mundo» continuaremos de pie, a pesar de todas las dificultades

Y se confirma que la esperanza sigue intacta. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Se lee rápido: para atender las necesidades de niños y niñas en situación de discapacidad motora, en el país se requieren 538 sillas de ruedas eléctricas y convencionales. Sin embargo, el bloqueo de Estados Unidos a Cuba impide su adquisición.

Muchos de estos menores, que padecen de parálisis cerebral o distrofia muscular progresiva, han dejado de caminar al no poder recibir medicamentos importados desde países distantes.

Se lee rápido, pero es indignante saber que el conjunto de leyes impuestas por el bloqueo económico comercial y financiero del Gobierno de EE. UU. hacia la Isla ensombrece el desarrollo pleno de las niñas, niños y adolescentes cubanos.

Un triste ejemplo es que esa política inhumana afecta directamente a las 331 escuelas de Enseñanza Especial en Cuba, limitando su acceso a insumos esenciales.

La rehabilitación es el principal objetivo de la escuela Solidaridad con Panamá. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Tres ómnibus no pudieron llegar el jueves a la escuela y por ello, un centenar de niños de La Habana estuvieron ausentes. Esa ausencia no es una voluntad del Estado, es ya el resultado directo del cerco económico contra Cuba.

Lo más doloroso es que esa restricción podrá agravarse aún más por la imposición, por el presidente estadounidense, de nuevos aranceles «a las importaciones de mercancías provenientes de un país extranjero que venda o suministre, directa o indirectamente, petróleo a Cuba». Y nos preguntamos: ¿qué clase de ser humano decide paralizar la vida de un país, asediando incluso la vida de las infancias?

Bien lo sabe Beatriz Roque Morales, directora nacional de Educación Especial, quien aseguró que las condiciones a las que nos enfrentamos, «desde hace muchos años, y que se han recrudecido paulatinamente, han condicionado a que se reajusten los recursos básicos en las escuelas de Educación Especial para poder mantener la calidad del proceso.

«Se requiere no solo de un despliegue de recursos humanos, sino también de equipamiento técnico que apoye el proceso educativo y que garantice una atención de calidad a nuestras niñas, niños y adolescentes».

Entre los ejemplos, mencionó que varios infantes en el país necesitan sillas de ruedas eléctricas porque poseen una fuerza muscular disminuida, y comprarlas en Estados Unidos sería más económico.

En todas las provincias existen escuelas para niños con discapacidad visual; sin embargo, un recurso tan importante como los libros también se ve afectado.

Al respecto, Roque Morales puntualizó que la impresión de los materiales en braille es costosa, pero se podría suplir, por ejemplo, con un grupo de impresoras específicas que reproduzcan los materiales que contienen los textos.

Además, producto de esa asfixia se ha limitado el acceso de los docentes a plataformas para la superación, a materiales «que permiten que conozcan sobre las últimas tendencias en rehabilitación y sobre cómo tratar algunas dificultades del área fisicomotora», añadió.

En estas instituciones los niños se preparan para su inclusión en los contextos regulares; por lo tanto, se debe proveer un grupo de recursos personales, sicológicos, de entrenamiento, para que ellos puedan incorporarse en el sector educativo y social.

Por eso, Roque Morales manifestó que, en esa enseñanza, «probablemente una de las que más necesita del esfuerzo de todos, se hacen los sacrificios más grandes para que falte lo poco, a pesar de las privaciones que enfrentamos».

A Pelusa le faltan las dos manos, cursa el octavo grado y afirma ser la niña más intrépida de «Panamá». Foto: Dunia Álvarez Palacios

 

Es jueves, y otra vez a Ained García Díaz, madre de dos gemelos, le tembló la voz, sus ojos lagrimearon.

Su hija tiene parálisis cerebral y necesita tratamiento con toxina botulínica, pero como ese medicamento, que lo producen en EE. UU. «está en falta», la pequeña recayó con convulsiones, dejó de caminar.

Por eso aseveró que, como país «luchamos para que estos niños tengan mejor calidad de vida, y es duro y es difícil para muchos padres y madres, para la escuela, para los maestros…, porque hay recursos que no llegan a nosotros.

«Entonces, estamos resistiendo para que el niño salga adelante y tenga un futuro mejor e independencia, y tratar de que a pesar de su situación de discapacidad posean una vida digna, una educación digna». ¿Podrán los del norte dejarnos ser?

Esther de La O Ochoa –o Teté–, quien fue directora de la escuela de Solidaridad con Panamá por más de 30 años, subrayó que «mantener una escuela como esta es muy difícil, pues son algunos de los niños, quizá, que más necesitan, porque precisan de rehabilitación física y sicológica».

Recalcó que existen carencias con la toxina botulínica, con las sillas de ruedas eléctricas. Las guaguas no son las más óptimas, «necesitamos una guagua con elevadores, donde a los niños no haya que cargarlos ni amarrarlos para que puedan subir».

Ciertamente, el bloqueo del Gobierno estadounidense transversaliza todas las esferas de la vida en la Mayor de las Antillas, oprime la cotidianidad.

Teté lo ilustró así: «Cuando el maestro llega a su casa muchas veces lo recibe la falta de electricidad, y ese mismo maestro, que vive lejos, va y viene en una guagua y sufre también. Pero sigue de pie, porque seguiremos haciendo que las sonrisas de los niños no se borren».

***

Algunos niños cantan, declaman un poema y nos miran con ingenuidad. En el centro de todos ellos está «Pelusa». A «Pelusa» le faltan las dos manos, cursa el octavo grado y afirma ser la niña más intrépida de Solidaridad con Panamá.

«Esta es la escuela más linda de todas», manifestó. A sus 13 años, reconoció el esfuerzo que hace el país para que cada niño y niña cubano con alguna discapacidad cuente con lo indispensable para su desarrollo personal y social.

De ahí que, al escuchar la palabra bloqueo significó que no se siente preocupada por las amenazas del Gobierno estadounidense, «porque tengo la confianza de que Cuba, unida, siempre vencerá».

Y entonces, se confirma que la ternura no se pierde, y ante tanta infamia se recuerda aquella frase del Che, en la carta a sus hijos, que dice: «…sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario».

 

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