¿Cómo los obreros salvaron su ingenio azucarero?

Desde que en 2023 el otrora central Borjita –hoy Paquito Rosales cumplió 110 años, su colectivo de trabajadores se propuso revitalizar la industria, y lo logró

«Somos un central pequeño con una historia grande», dijo Alexis López Cervantes. Foto: Luis Alberto Portuondo Ortega

SANTIAGO DE CUBA.–A unos 25 kilómetros al norte de la Ciudad Héroe está el central Paquito Rosales, fundado en 1913 con el nombre de Borjita, muy cerca de La Mejorana –donde se reunieron los tres grandes generales de la Guerra Necesaria, en mayo de 1895– y del poblado de Dos Caminos, en el municipio de San Luis.

Entre azúcar y trenes se desarrolló la vida de la demarcación –una de las pocas que contaba con tres ingenios–, hasta que, con la desactivación del Rafael Reyes (2001) y del Chile (2008), solo quedó para fabricar azúcar el Paquito, cuya última contienda fue la de 2018-2019.

«Nos causó mucha tristeza ver cómo el central se deterioraba y la esperanza de que volviera a moler se fue desvaneciendo», dijo con nostalgia Haydeé Trutié Medina, quien ha dedicado 34 años de su vida al ferrocarril azucarero.

En la provincia, luego del reordenamiento de principios de siglo, fueron desactivados cuatro ingenios, y en el América Libre (Contramaestre), en el Julio Antonio Mella (Mella), en el Dos Ríos (Palma Soriano) y en el sanluisero Paquito Rosales se concentraron los recursos humanos, materiales y financieros para hacer lo que forma parte inalienable de la nación y de la nacionalidad cubanas: la caña de azúcar y todo lo que implica desde lo social, cultural y económico.

Sin embargo, primero el América Libre, luego el Paquito, y por último el coloso de Mella, cedieron sus funciones en la fabricación del azúcar al central palmero que, desdichadamente, no ha cumplido con lo pactado, y sus producciones apenas han contribuido a lo que demanda la canasta familiar normada.

En septiembre de 2022 fueron creadas en estas entidades empresas agroindustriales azucareras (EAA) estrechamente relacionadas con la implementación de las 93 medidas aprobadas por el Gobierno de la República para salvar la agroindustria azucarera.

La fuerza laboral joven ha sido un impulso en los nuevos caminos que surca el central. Foto: Luis Alberto Portuondo Ortega

CUANDO LO ADVERSO TIENE RESPUESTA

«No cumplimos la zafra 2018-2019 y eso nos dejó mal parados. Somos un central pequeño con una historia grande, al punto de que en la contienda 1989-1990 fabricamos unas 46 000 toneladas de azúcar e, históricamente, promediamos entre 24 000 y 25 000.

«Sin embargo, el paralizarnos ese año y prestar algunas partes y piezas a otros centrales, nos fue llevando a una situación cada vez más compleja, hasta que, en 2023, los que nos quedamos aquí dijimos: esto no será, hay que arreglar el Paquito, y lo hicimos», comentó a Granma el ingeniero Alexis López Cervantes, director de la EAA Francisco Rosales.

La empresa tiene 330 trabajadores, y 85 quedaron en la industria, «no pocos se fueron para el Dos Ríos y otros centros laborales, incluso personal altamente calificado. No obstante, nuestro poderoso movimiento de innovadores comenzó a crear piezas de repuesto e, incluso, otras totalmente nuevas», aseveró, con satisfacción, Félix López Briñones, administrador del central.

Los retos eran inmensos: tenían que reparar la caldera, reentubarla y cambiar los bloques de calentadores, los molinos, la planta moledora, recuperar los tachos y las tuberías de evaporación, de gran diámetro.

También hicieron una mesa alimentadora de bagazo y «solo restan las tarjetas para la centrífuga y el asunto de los lubricantes; pero, en lo fundamental, estamos listos para fabricar entre 10 000 y 12 000 toneladas de azúcar. Lo demostramos cuando hicimos unas 2 000 de meladura en la pasada contienda, y entre finales de este mes y principios de octubre haremos otras tantas de este derivado», afirmó, con extraordinaria certeza, López Cervantes.

Aunque lo hicieron con sus propios esfuerzos, decenas de entidades de Santiago de Cuba, como las fábricas de Cemento, de Cerveza, de Tornillos, los Talleres Ferroviarios, el sector económico-productivo del municipio de San Luis y el sistema del Grupo Empresarial AzCuba fueron decisivos para salvar el Borjita, como aún le nombran los pobladores de la región.

El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos destinó los recursos necesarios para construir una conductora de siete kilómetros, desde el embalse La Laguna hasta el ingenio, «para que las dificultades con el abasto del líquido quedaran en el pasado; fueron beneficiados, además, los 5 000 habitantes del batey y, en su segunda etapa, hasta el poblado de Dos Caminos, cuya población asciende a cerca de 15 000 personas», detalló el Director de la Empresa.

Así, en los rostros de técnicos, mecánicos y el resto de los obreros y personal administrativo es palpable la alegría: «Ha sido una proeza, nunca dudamos, y eso nos motivó a reparar todos los molinos», aseveró Yuniel Téllez Rivero, mecánico industrial de esa área, y con 25 años de trabajo aquí.

«Nunca fueron buenas las condiciones, hubo días de cierta frustración, solo cobrábamos el salario básico, pero aquí está nuestra obra terminada», agregó Maribel Estévez Díaz, jefa del área de basculador, y con 37 años consagrados a la agroindustria azucarera.

Cuando Granma recorría las instalaciones fabriles, el fluido eléctrico fue interrumpido e, inmediatamente, el administrador sentenció: «Cuando comencemos a moler, nuestro turbogenerador de 4,7 megawatts nos hará autosuficientes en ese sentido, y aportaremos unos 2,5 al Sistema Eléctrico Nacional».

 

UNA PROEZA LABORAL QUE TRASCENDIÓ A LO SOCIAL

La Empresa posee 680 hectáreas sembradas de cultivos varios, la campaña de primavera fue cumplida y pondera el autoabastecimiento, al tiempo que tiene como propósito proveer al batey de los alimentos cosechados en sus campos.

Es un objetivo fundamental recuperar las áreas cañeras. «Teníamos un rendimiento de aproximadamente 200 000 toneladas, y hoy estamos entre las 125 000 y 126 000; por ende, hay que sembrar más y dar las atenciones culturales para no perder los campos», insistió Alexis López Cervantes.

Por lo pronto, la Empresa se convierte en una fuente de empleo para la comunidad que, en medio del ajetreo en el ingenio, empezó a transformarse. Tiene una casita infantil con capacidad para 25 niños (hijos de trabajadores y vecinos), la biblioteca fue restaurada, también la escuela primaria, el parque, edificios multifamiliares y varias viviendas.

En mayo pasado, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, visitó el ingenio y recorrió el batey. Reconoció que «el central va a quedar mejor preparado para la zafra que viene; pero, además, se corta la caña vieja que tienen los productores; que, si no, la seguimos arrastrando de un año en otro, y se sigue poniendo más mala, y entonces son plantaciones que no se pueden cultivar».

Una de las cientos de mujeres congregadas en la plazoleta del batey le dijo: «Cuente con nosotros», a lo que el mandatario respondió: «Yo sé que cuento con ustedes. Todo eso lleva un esfuerzo tremendo, porque se han hecho las reparaciones en medio de situaciones con muchas carencias, pero hay mucho talento en esos trabajadores que tenemos en el ingenio».

Díaz-Canel exhortó a producir comida, porque hay mucha tierra, «y estamos convencidos de que aquí hay tierra para producir la comida que nos hace falta en el municipio, y en otros municipios». Ante esto, una voz de otra mujer afirmó: «Y las manos están, tienen el deseo y el valor.

«Esa es la resistencia creativa de la que habla el Presidente, hemos demostrado que sí se puede, aunque nos falta un mundo», declaró a este diario Melitza Sardiña Pérez. Ella trabaja en el Paquito, lo habían hecho antes su madre y su abuelo.

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