
El viento es invisible pero su fuerza puede ser arrasadora. El huracán parece criatura. Vivaz, inquieta, caprichosa. El huracán se concreta en su obra: amalgama de la destrucción. Destrucción que es siempre recomienzo. Pasa el ciclón y surge un nuevo paisaje.
El huracán de Wifredo Lam es una metáfora del caos. Pero es el caos de la vida y sus confluencias. El misterio de la creación en un entramado pujante: plantas, animales, frutos… dioses de un panteón afroamericano. Todo integrado, sugiriendo ondulaciones místicas.
Esta obra marca una etapa de plenitud creativa de Wifredo Lam. Aquí está, al decir de Jorge Mañach, “la emoción poética profunda” manifiesta en un universo único. Es la gran eclosión de un impulso, ámbito perfecto de la síntesis.
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