
La Habana, 28 oct (ACN) Hay coliseos modernos donde no se combate con espadas de acero ni se derrama sangre sobre la arena, pero donde la batalla por la supervivencia y la soberanía nacional resulta igual de encarnizada.
Este martes el plenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas se convirtió nuevamente en escenario de una contienda histórica, un choque asimétrico entre la potencia imperial más abrumadora del planeta y la representación de una pequeña nación caribeña armada únicamente con el blindaje moral de la verdad.

A la cabeza de esa trinchera, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla tomó la palabra desde el podio del plenario para denunciar, con rigor las palabras irrespetuosas y llenas de mentiras del representante de turno del gobierno de los Estados Unidos.
Como aquellos gladiadores de la antigüedad que salían al ruedo conscientes de la desproporción de fuerzas materiales, la delegación cubana no asumió la jornada como un mero trámite formal, sino como una trinchera de resistencia donde la dignidad de un pueblo entero se defiende sin concesiones.
Es la estirpe de Numancia trasladada a los pasillos de mármol de Manhattan.
Cuba no se repliega en la inmolación ni contempla el rendimiento ante el asedio más prolongado y cruento de la era moderna; entra resueltamente al feudo de su agresor para desafiar la injusticia cara a cara.
Esa postura firme tiene raíces muy profundas en la memoria patria.

En ella está la huella imborrable del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien en septiembre de 1960 estremeció este mismo recinto con un alegato histórico de más de cuatro horas que dejó grabado un principio universal,”Las guerras desaparecerán cuando desaparezca la filosofía del despojo”.
Pertenece también a la estirpe de Raúl Roa García, el inolvidable “Canciller de la Dignidad”, que en medio de los bombardeos mercenarios sobre Playa Girón en abril de 1961 convirtió la tribuna de la ONU en un frente de combate para desenmascarar las mentiras de la diplomacia estadounidense.

Esa misma estirpe vibró hoy en el discurso de Bruno Rodríguez Parrilla, quien con palabra precisa, firme y apasionada desmanteló una a una las falacias del representante de la Casa Blanca.
El representante de Washington intentó enturbiar el debate de la trigésimo cuarta resolución consecutiva contra el bloqueo, acudiendo al desgastado guion de la calumnia, el chantaje y las supuestas “excepciones humanitarias”.
Mientras Washington intenta arrogarse el rol de juez moral de los derechos humanos, la voz de Cuba expuso la naturaleza genocida de estas medidas coercitivas unilaterales, que violan de forma masiva y flagrante la vida de más de once millones de personas.
Bajo la mirada atenta de la comunidad internacional, la diplomacia cubana no defendió hoy únicamente la causa justa de un pueblo agredido.

Cuba defiende la vigencia del Derecho Internacional, la carta fundacional de las Naciones Unidas y el principio sagrado de la igualdad soberana entre los Estados.
En la arena multilateral de Nueva York, los gladiadores de la Revolución Cubana, con su Canciller al frente, han vuelto a demostrar que la razón, el honor y la verdad son armas invencibles ante la prepotencia del imperio.
