Yancel Emilio Pantoja Ruiz: Victoria de un colectivo

FOTO: Archivo y cortesía del entrevistado

Bajo una brisa con olor a cacao recién tostado y tierra mojada, en la madrugada del 8 de abril de 1982 nació en Holguín, Yancel Emilio Pantoja Ruiz. Allí mismo, tiempo después, comprendió que tanto el chocolate como el buen café se toman despacio, como quien reza, hasta escuchar el alma; y que para construir una carrera sólida hacen falta constancia, prudencia y paciencia: cultivar día a día, medir cada paso y esperar el tiempo justo.

A los tres años lo recibió la Isla, ciudad mujer, toda serena y coqueta, donde hasta el sol parecía extraviarse en la plenitud del horizonte para convocarlo una y otra vez a su espacio ancestral. En este sitio mínimo, donde la sensibilidad y el arte ennoblecen lo cotidiano, creció Yancel, aprendiendo a mirar el mundo con equilibrio y pasión. Fue en la intimidad familiar donde se forjó el pilar de un talento que hoy sostiene el vasto universo digital del periódico Victoria, enlazando tradición, modernidad, memoria y futuro con altísima profesionalidad.

Nadie habría dicho entonces, que aquel niño terminaría asegurando, línea a línea, la magnífica obra digital del Semanario pinero. Antes hubo un estudiante de Camilitos, de una ingeniería que no pudo terminar y una puerta que se abrió donde menos lo esperaba.

Todo empezó en aulas del seminternado Abel Santamaría y la secundaria básica No. 53.  De ahí partió a La Habana, a la escuela militar Camilo Cienfuegos, donde estuvo tres años hasta graduarse en 2000. Ese mismo año comenzó la Ingeniería Mecánica. Todo parecía encaminado, pero en tercer año los problemas de salud lo obligaron a dejar la carrera y regresó a la Isla.

A los 20 ingresó en el Instituto Superior Pedagógico Carlos Manuel de Céspedes, decidido a no dejar pasar la oportunidad de superarse; con firmeza y esperanza se dijo: “Oye, yo no me voy a quedar sin estudiar, voy a comenzar con el magisterio”, y así, continuando el legado familiar, escuchó el llamado de Los Valientes y abrazó la única opción disponible entonces, convirtiéndola en el punto de partida de su vocación docente.

En tercer año ya era alumno ayudante de Informática, “tenía una buena base de Matemáticas, Física y Química, imagínate de la ingeniería”. Se presentó a un festival de software que no era para estudiantes, y la Universidad le propuso integrarse al grupo de software educativo ApliSoftE.

“Comencé con el REDOX de Química para el preuniversitario, ahí formé parte del proceso completo, fui el encargado del montaje de los ejercicios y me quedé como profesor en la Universidad”.

Vinieron después “Te cuento, juega y aprende”, para la enseñanza preescolar, con versiones web para México y Venezuela, y la colección “El Navegante”, del Proyecto del ALBA para los Liceos Bolivarianos. Con “Tú y Yo”, un software para prevenir las ITS/VIH-SIDA en adolescentes de secundaria básica, obtuvo un premio relevante en el Fórum de Ciencia y Técnica de 2005-2006. Presentarlo en el Taller Internacional de Salud Cuba-Venezuela, en La Habana, fue un reconocimiento a su trayectoria y un aval para su Maestría.

Mientras tanto, asumía la docencia impartiendo asignaturas como Diseño Web, Didáctica, Metodología de la Investigación y Multimedia Educativa. Se graduó en 2007 con Título de Oro, mas en la maestría venía trabajando desde el tercer año: cumplió su servicio social en la escuela 14 de Junio, regresó a la Universidad como profesor y defendió la tesis. El 26 de enero de 2011 se convirtió en Máster en Ciencias de la Educación. Después integró el tribunal y fue incluso, asesor de su madre, su tía y su tío Ramón Sánchez Causelo, de las ramas materna y paterna. “Es una familia completa de educadores”, dice, y sonríe.

Durante nueve años formó parte del Grupo de Software Educativo ApliSoftE ,como programador, junto a profesores como Mariolis Blanco Pantoja, Kirenia en la sección documental, Alfredo Peña Turruelles como director, Juan Carlos Jiménez en la programación, Erick Orosco en el diseño, Frangel Torres en la animación, Norlan Marín en lo audiovisual, José Vázquez Llabona (Pepe), Aida y otros. De esta experiencia se llevó una lección que no venía entre códigos.

Le costaba exponer, y Juan Carlos, el físico, lo presentó a su esposa Lupe. Ella le explicó cómo había que identificar las palabras de unión y enlazar una diapositiva con la siguiente. “Ese arte lo aprendí de ella, y me maravillaba; cada indicación suya se transformaba en una enseñanza que aún conservo como un regalo, y por ello me siento profundamente agradecido”, expresa con emoción.

Al mismo tiempo se produjo la fusión de la Universidad Pedagógica con el Iscah, un proceso donde el equipo fue perdiendo fuerzas hasta desintegrarse. En 2017, Yancel se alejó del sector educativo y permaneció sin ejercer durante tres años.

El 10 de julio de 2020, tras el impacto de la COVID‑19, retomó su trayectoria en el periódico Victoria como jefe del departamento de Informática, gracias a Gerardo Mayet, a quien había conocido desde el primer año en el pedagógico, “comenzamos juntos en el 2002, él en la especialidad de Agronomía”.

Un día, mientras Mayet tomaba fotos, Yancel se le acercó y le preguntó si había alguna plaza en el periódico, pues necesitaba trabajar. “Preséntate con los documentos”, le respondió el director. Y así lo hizo.

Su primera tarea fue poner en orden las máquinas: desmontó computadoras, les realizó mantenimiento y agilizó los procesos de trabajo. Poco después, Yasniel Piloto, el webmaster que estaba por marcharse, le propuso ocupar su puesto más acorde con su formación y que además le permitía atender a sus abuelos y a su hija. La dirección aceptó incorporarlo en periodo de prueba.

El resultado fue inmediato. Recuerda a Karelia Álvarez, la jefa del equipo de la web  decir “yo no siento ningún cambio entre tú y Yasniel.” Frase que selló la confianza del colectivo.”Perfecto, nunca se vio el bache y todo comenzó a fluir y a evolucionar normal”, asegura.

Así Yancel ganó y consolidó su nueva responsabilidad en el Victoria. Entonces, con el montaje de las noticias en marcha, asumió también la responsabilidad del audio y de los videos de las programaciones. Fue una figura esencial en la creación de las revistas digitales del Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente del Caribe Isla Verde, muy bien acogidas, y Mayet llevó sus trabajos hasta La Habana como parte de una muestra del quehacer de los periódicos del país. Más tarde, cuando desapareció la edición impresa, concibió un hipertexto que integraba a los diseñadores: un texto enriquecido que se descarga, se explora y, para quien desee profundizar, lo conduce hacia la web. También crea la sección del estado del tiempo. “Tengo algo que sumé, es muy necesario y perdurará para siempre”, afirma con convicción.

Pero si le preguntan por el mérito, con nobleza lo reparte: “Todo el beneficio es colectivo, aunque tú tengas una idea y otros la desarrollen. No es personal”, sostiene. “Si quieres un logro individual, puedes prepararte y hacer una Maestría, pero cuando trabajas en un colectivo, el resultado es de todos.”  Admite que ha creado pautas y estilos para mejorar el trabajo, pero aclara que su mayor valor radica en la capacidad de inclusión, participación y también en la calidad humana que lo integra.

Explica que allí cada implementación empieza con preguntas: “¿Y tú qué crees? ¿Lo podemos hacer así? Dame tu opinión”. Hasta para pintar las paredes se les consulta qué color quedaría mejor.

Así nació la sección de la Polémica. “Te están haciendo sentir parte de algo, reconocen tu criterio, tu aporte tiene su espacio imborrable en la historia, todo muy respetuoso, es la verdad”, afirma.

Esa forma singular de confianza se ha probado en los días difíciles. Sin miramientos ha cumplido funciones de custodio y resguardado la institución en cada temporada ciclónica, junto a Gerardo, Yordan, Osmany, Emilio y Yuniesky. “Aunque todos estaban conscientes que podía vigilar solo, ellos sencillamente no faltan”. Cuando enferma, lo llaman a cualquier hora.

Ni los tiempos duros han impedido marcar las fechas, aunque sea con un Piki Piki, nombre que le dieron en cierta ocasión a un encuentro en la sede de la UPEC para picar, pero chiquito, y luego se quedó como una iniciativa práctica para todo tipo de reuniones, incluso en casa de Niurka o Karelia, con o sin motivo profesional.

De su padre adoptó una máxima: “Si vas a hacer algo, hazlo bien, y si no, no lo hagas”. Cuando llegó al Victoria se prometió cumplirla, y le ha dado buenos resultados. Al poner en una balanza a los colectivos de la Universidad y de la 14 de Junio, ambos buenos, no duda, pero “que va, no tienen comparación”. Aun así, la acogida no le fue ajena, pues en el grupo de software y en la cátedra de Informática también lo recibieron con cariño, entre ellos Fernando Cáceres, el jefe, y su tutor, Daniel el Chino.

“En el periódico son muy especiales, todos han sabido inyectarme esa maravilla que habita en cada milímetro del Semanario y los hace únicos en el Municipio”.

Como diseñador, no descarta escribir o crear una sección de tecnología o atender otra área necesaria. Es profesionalmente ambicioso y no se conforma solo con lo alcanzado. Cree que el periódico tiene mucho potencial y un gran capital humano que puede hacer la diferencia, incluso frente a Granma y Cubadebate. Quiere que las noticias más importantes sean del periódico y sueña con que, cuando alguien lo lea sin importar dónde esté por el mundo, diga: “Eso que publicaron tiene el sabor de mi tierra, la gracia de mi gente buena y el sello indiscutible del equipo de Yancel”.

Pantoja, un joven que no parece vivir estos tiempos, pero fruto de una sólida familia, no lleva a la Isla solo en el corazón; la defiende con cada obra diaria, convencido de que pronto vendrán momentos mejores. Considera imprescindible un reimpulso urgente para alcanzar un desarrollo local verdaderamente sostenible.

Tras seis años de entrega al Victoria, afirma con total convicción que no puede marcharse:

“Me siento absolutamente comprometido con esta, mi segunda familia, unido a cada proceso y, en especial, al objetivo mayor que abrazamos quienes nos reconocemos como buenos pineros y cubanos, servidores invariables de la patria”, aseguró con amor.

 

Colaboradora (*)

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