Che: “¡Dispare, que aquí hay un hombre!”

Al preguntarle a una estudiante universitaria cómo recuerda al Guerrillero Heroico, contesta: “Vestido de uniforme verde olivo y su boina negra con la estrella de bronce; en la emoción de los niños que quieren ser como él; en su recorrido en moto con su amigo Alberto Granados por Latinoamérica o cuando permite, sin ponerse bravo, aquellas jaranas de Camilo Cienfuegos”.

FOTO: Archivo

Ella lo avista como expedicionario del yate Granma liderado por el abogado Fidel Castro Ruz; lo ve sobrevivir en la emboscada de Alegría de Pío, luchar contra una enfermedad crónica: el asma y formar parte del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra donde

siempre es el primero cuantas veces hizo falta un voluntario para misiones difíciles y a fuerza de coraje merece el grado de Comandante.

Luego del triunfo de 1959, lo vislumbra cuando recibe el título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía de la Universidad Central Marta Abreu de Villa Clara; también al reflexionar acerca de que el cuadro es la columna vertebral de la Revolución o cuando les recomienda a los jóvenes no confiar en el imperialismo “ni tantito así”.

“Lo imagino, argumenta la colegial, de cualquier manera: operando combinadas cañeras, en el impulso del trabajo voluntario o al inaugurar industrias como la fábrica procesadora de caolín Julius Fucik, el diez de mayo de 1964, en la entonces Isla de Pinos; ya le digo, de cualquier forma, menos con la triste imagen de su cadáver en la morgue”.

Su sentir es el de todo un pueblo, porque el médico argentino-cubano, el Comandante del Ejército Rebelde Ernesto Guevara de la Serna (1928-1967) lucha tenazmente contra toda forma de injusticia al costo de sacrificar la familia y la propia vida; muere en combate. Su diario no cae en manos del enemigo gracias a los revolucionarios bolivianos que lo hacen llegar a Cuba y el primero de julio de 1968 se publica y reparte de forma gratuita.

Los aciagos sucesos de su asesinato ocurren así hace 59 años. En la estrecha Quebrada del Yuro el jefe guerrillero libra en Bolivia su último combate.

Es el ocho de octubre de 1967 cuando 17 combatientes cubanos, bolivianos y peruanos se desplazan sin guías por las áridas montañas cercanas a La Higuera para buscar zonas más propicias, iniciar una etapa de recuperación, establecer el contacto con la ciudad, en la cual el aparato urbano ha sufrido duros golpes, incorporar nuevos miembros a la guerrilla y continuar la lucha.

Pero la Quebrada resulta una trampa por lo abrupto del lugar, sin vegetación ni agua, a lo que se suma el estado físico de los combatientes, por la falta de alimentación, enfermedades y el cansancio de las largas caminatas, tratando de evadir al enemigo que los persigue.

Desconocen los guerrilleros que 3 000 efectivos del ejército boliviano toman las posiciones altas y están cercados. Al producirse el encuentro con las primeras patrullas comienza el desigual combate, y el Che ordena la retirada y marchar al punto de encuentro acordado para una eventualidad.

Según los sobrevivientes, el Che divide el grupo en tres flancos: derecha, centro e izquierda. En uno, los hombres de más experiencia, para cubrir la zona con mayores posibilidades de salida; el otro, en un cañón lateral con iguales fines, pero con menor intensidad en el fuego enemigo; y el centro, encabezado por el Che, con el objetivo de cubrir a los combatientes enfermos, para que pudieran salir del cerco y avanzar a lugares seguros, lo cual enaltece el humanismo que lo caracteriza siempre.

La confianza depositada por el Che en los más experimentados resulta acertada, porque son quienes logran romper el cerco y convertirse en los únicos sobrevivientes de la guerrilla. El grupo de los enfermos pudo evadir a los soldados y escapar de la Quebrada, y son salvajemente asesinados luego, cuando están ocultos.

En una posición cercana están los cubanos Orlando Pantoja Tamayo (Olo), René Martínez Tamayo y Alberto Fernández Montes de Oca, quienes caen bajo el fuego del ejército. El Che, herido en una pierna, hace frente a la avanzada enemiga para proteger la retirada de sus compañeros.

Envía al boliviano Aniceto Reinaga a revisar otras posiciones, y lo capturan. El boliviano Willy (Simón Cubas) intenta sacar al Che de la Quebrada, ya cercado, con su fusil inutilizado por una bala y con una herida en la pierna. Pero lo capturan junto al peruano Juan Pablo Chang (El Chino), y los tres son conducidos a la escuelita de tablas de La Higuera, donde cobardemente los asesinan al día siguiente.

FOTO: Archivo

“La decisión (…) de asesinar al Che, al peruano Juan Pablo Chang y a los bolivianos Simeón Cubas y Aniceto Reinaga se adopta en Washington, y se la imponen al (presidente) general René Barrientos”, explican los investigadores cubanos Froilán González y Adys Cupull.

Detalla González que emisoras radiales difunden la noticia de la muerte del Comandante Guevara en la mañana del nueve de octubre, cuando en realidad el crimen se perpetra a las 13:10 horas de la tarde de ese día, por un sargento que tuvo que emborracharse para dispararle una ráfaga, del pecho hacia abajo, como le ordenan sus superiores. El guerrillero herido se levanta de la silla y le ordena: ¡Dispare, que aquí hay un hombre!

El otrora desconocido caserío es ahora visitado todo el tiempo por personas de diversas partes del mundo, que suben estas montañas para rendir homenaje al Guerrillero Heroico y a sus compañeros, y el pueblo del lugar le pone flores a quien llaman San Ernesto de La Higuera.

Otros artículos del autor:

    None Found

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *