Una lección de periodismo gráfico

En su natal Isla de la Juventud, con una infancia colmada de inquietudes, sueños y el vivo deseo de ser útil, Osmani Castro Benítez aprendió a andar su propio camino. Allí descubrió los encantos de la cerámica, las manualidades, lo fascinante del dibujo y el poder de plasmar su universo con arte y estilo propios, sin importar estudios, recursos o formas establecidas. Desde entonces comprendió que la vida es una sucesión de preguntas y respuestas, y que cada creación era también una manera de responder al mundo.

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La primera lo sorprendió en Cayo Largo del Sur, cuando trabajaba como custodio en la Empresa Eléctrica. El director entonces, César Frías, con visión de futuro, les preguntó a él y a otros jóvenes: “¿Muchachos qué hacen ustedes de custodios? Con esa juventud deberían superarse”. Fue el inicio de un camino distinto: en pocos meses se convirtieron en operadores.

Pero a los 21 años, otra pregunta lo sacudió: “¿Qué hago aquí?”. Había dejado inconcluso el preuniversitario en 11no. grado, mientras sus amigos ya alcanzaban el 12. Esa necesidad de superación lo llevó a cerrar su etapa en el Cayo y, años después, en 2005, cumplir el sueño de terminar el 12 grado en el curso de Superación Integral para Jóvenes…, una oportunidad que la Revolución ofrecía a los jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo.

La historia se entrelazó entonces con Yuniesky La Rosa y Alexis Rúa, compañeros inseparables desde aquellos días. “Los tres jinetes”, nombre con el que la profesora Juana Horman los bautizara.

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Osmani, quien terminó entre los 10 primeros en la lista del escalafón, no tenía entre sus prioridades continuar estudios universitarios; ya tenía una hija y responsabilidades familiares. “Iba a ser muy complicado”, pero la insistencia de su profesor guía y la persuasión de Yuniesky, lo convencieron de ingresar en la Sede Universitaria Municipal (Sum) en la carrera de Comunicación Social, graduándose en 2011, pero mucho antes ya había encontrado su verdadera vocación.

El profesor Sergio Rivero, con ojo clínico para descubrir talentos, llevó a varios estudiantes al periódico Victoria. Allí, entre pasillos y departamentos, Osmani descubrió que lo suyo no era la redacción, sino el diseño. “Lo gráfico es lo mío”, se dijo al ver a Pepe y Yusnel trabajar. En apenas tres meses, bajo la guía de ambos, diseñó su primera página. El 6 de abril de 2005 firmó su contrato: el primero de todos.

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Desde entonces, el periódico se convirtió en su casa. Aprendió a fuerza de errores y disciplina: anotando cada detalle en su “mataburro” para no olvidar, reinventándose con el acceso a la Internet, nutriéndose de los diseños de Pepe y de la armonía que reinaba en Redacción. “Cuando diseño no siento que estoy trabajando, para mí es un momento de creación que disfruto”, confiesa.

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Su madre, Fredesvinda Benítez, ceramista y decoradora, sembró en él la semilla del arte. Osmani la acompañaba en la fábrica de cerámica, dibujando junto a otros niños, y de aquel vínculo inolvidable nació una sensibilidad que nunca lo abandonó. Esa raíz artística, unida a su afán de autosuperación, lo convirtió en un diseñador que viste el periodismo con imágenes, intención y color.

En 2008, durante un diplomado en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, escuchó una frase que lo marcó para siempre: “Ustedes son periodistas gráficos, porque visten el periodismo para la comunicación”. Desde entonces, Osmani no solo diseña: se reconoce y se siente periodista.

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Vivió los cierres de madrugada, el huracán Gustav, las ediciones en campaña realizadas en la sede del Partido, y la voz del Victoria que llegaba a los CDR y escaleras de edificios.

También enamorado de la práctica deportiva, junto a Yuniesky, Alexis, Gerardo Mayet y Justo Tamayo tuvo la posibilidad de incentivar e impulsar el movimiento del softbol de la prensa, llevando el nombre de la Isla a la Liga Nacional “Jorge Luis Valdés Rionda in Memoriam”, logrando en 2013 ser los primeros en tener participación nacional como refuerzos de otros equipos, convirtiéndolos por méritos propios en fundadores del softbol del gremio en el territorio.

En 2014 se crea el equipo bajo el mando de su primer director Yoel Pozo, manteniendo una buena actuación por años y hasta nuestros días, hoy con Gerardo Mayet al frente.

“En el Victoria me encontré con personas muy profesionales que me enseñaron mucho y aprendí de ellos a vivir en un centro laboral, como una familia”, afirma agradecido.

“De ese grupo de alumnos que comenzamos en el periódico y que aún quedamos Yuniesky y yo, aprendimos a reinventarnos cada día, en fiestas, actividades, cumpleaños colectivos, aniversarios. Creamos un grupo llamado “To’ Mezclao” en el que realizábamos sketch, cantábamos, hacíamos desfiles de modas, nos encargábamos de animar las actividades, nos disfrazábamos, nos divertíamos mucho, eso era especial. En lo personal y en lo profesional me aportó”.

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Recuerda con amor el Proyecto Dignidad, “influyó al enriquecer nuestros conocimientos a través de los intercambios y conferencias. A la vez que simultaneaba con el arte, la danza, la música y la plástica. Esa integración que el periódico logró con los intelectuales y artistas, lo convirtió en un importante Centro Cultural. El salón de reuniones se transformó en la sala expositiva Félix García Rodríguez, que también fue sede de esas actividades.

“El que vivió esa época en el periódico, tiene que haberle quedado en el corazón para toda la vida. Mientras conserve fuerzas y energía, continuaré entregado al Victoria, porque es mi casa y la gran familia que me abraza”, afirmó.

Hoy, después de dos décadas, Osmani mantiene intacto ese compromiso. Su tesis sobre el Discurso del Diseño Gráfico de la Edición Impresa, aportó a la concepción y renovación de la imagen del semanario, y sigue convencido de que cada detalle en una página tiene un sentido, una razón de estar allí. “Me he mantenido en el periodismo porque me gusta, porque me enamoré de mi profesión. Por la parte económica me hubiera ido, pero el diseño me atrapó”, declara con orgullo.

En Osmani Castro Benítez descubrimos la vigencia de aquella máxima que Fred R. Barnard publicó en Printers’ Ink en 1921: “Una imagen vale más que mil palabras”. Porque el periodismo no solo se escribe: también se sueña, se colorea y se diseña. Cada página del Victoria guarda su huella, la de un hombre que se reconoce, por encima de todo, como un periodista gráfico profundamente pinero y cubano, al servicio de la patria.

Colaboradora (*)

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