
Díaz-Canel citó a Eduardo Galeano. Dijo que la utopía está en el horizonte, que sirve para caminar. Y no faltaron los críticos. Los de afuera, que nunca pierden oportunidad de atacar. Y los de adentro, que a veces se olvidan de quién está al timón y en qué condiciones.
Pero quiero dejar algo claro desde el principio: Díaz-Canel es hoy nuestro Comandante en Jefe. No es un presidente de tránsito. No es un administrador de crisis. Es el líder de la Revolución cubana en su hora más difícil. Y lo que dijo no fue poesía barata. Fue una lección de estrategia revolucionaria.
Galeano no era un soñador. Era un combatiente.
Eduardo Galeano no fue un intelectual de salón. Fue un pensador comprometido con las luchas de los pueblos, un perseguido por las dictaduras, un exiliado que nunca se rindió. Su metáfora de la utopía no es una invitación a evadirse. Es una herramienta para resistir.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso: para caminar.
Eso lo dijo Galeano, y Canel lo repitió. No para ignorar el apagón, la cola o la inflación. Sino para recordarnos que la Revolución no es un destino. Es un camino. Y que mientras caminemos, estamos venciendo.
¿Quién es Canel para hablar de utopías?
Canel es el mismo que se enfrentó a la COVID con un bloqueo asfixiante y sacó cinco vacunas. El mismo que recorrió los barrios después del ciclón, con el agua hasta las rodillas, mientras otros grababan videos desde Miami. El mismo que acaba de anunciar 176 medidas para desatar las fuerzas productivas sin entregar la soberanía. El mismo que no se ha rendido, aunque el imperio le ha puesto un portaaviones en el horizonte y sanciones hasta a los muertos.
Ese hombre tiene derecho a hablar de utopías. Porque no habla desde la comodidad. Habla desde la trinchera.
Los que lo critican por citar a Galeano no entienden nada. O entienden demasiado, y por eso atacan. Porque un Comandante en Jefe que cree en la utopía es un Comandante que no se va a rendir. Y eso es lo que les duele.
La utopía no es ingenuidad. Es rebeldía.
Confiar en la victoria cuando todo parece mal no es optimismo ciego. Es un acto de rebeldía. Porque el enemigo quiere exactamente lo contrario: que dejemos de caminar. Que nos sentemos. Que pensemos que ya no vale la pena.
Cada vez que un cubano se levanta a las cuatro de la mañana y hace la cola, le está diciendo al imperio: no me venciste. Cada vez que un médico salva una vida sin recursos, le está diciendo al bloqueo: no me venciste. Cada vez que un joven decide quedarse, o emprender, o enseñar, o curar, le está diciendo a la desesperanza: no me venciste.
Eso es la utopía. No un lugar al que llegar. Una fuerza que te empuja a seguir.
Lo que yo sostengo
Canel no es un poeta. Es un Comandante. Y su mención a Galeano no fue un adorno literario. Fue una brújula en medio de la tormenta.
Porque sin utopía, la resistencia se vuelve rutina. Sin horizonte, el sacrificio se vuelve absurdo. Sin sueño, la Revolución se apaga.
Y esta Revolución, compañeros, no se va a apagar. Porque tiene un Comandante en Jefe que cree en ella. Porque tiene un pueblo que la defiende. Porque tenemos una utopía que nos hace caminar.
Que critiquen. Que ladren. Que digan que estamos locos. Llevan sesenta años diciéndolo. Y nosotros, sesenta años caminando.
Patria o Muerte. Venceremos.
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