No defraudó el pueblo de la Isla de la Juventud la confianza del líder de la Revolución hace 18 años.

Inolvidables recuerdos atesoran los pineros de los numerosos encuentros del General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución, con el pueblo de la segunda ínsula cubana, donde también sufriera prisión junto a los demás sobrevivientes del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manual de Céspedes en la provincia más oriental, pero, sobre todo, continuara la lucha tras la cárcel, de la que salió más fortalecida aquella vanguardia.
Fueron muchos los momentos que luego del triunfo de la Revolución compartiera con los pobladores el líder revolucionario, pero entre ellos me viene a la mente lo alentador y familiar que fue aquella visita del miércoles 17 septiembre de 2008, pocas semanas después del paso de los huracanes Gustav e Ike.
“La Isla se volverá a poner como antes y más bonita”, afirmó el entonces Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al concluir su visita de trabajo al Municipio Especial, donde más que de las afectaciones ocasionadas por el potente y destructor Gustav que azotó al territorio con categoría 4 y vientos máximos sostenidos de 250 km/h, apreció la intensa recuperación que aquí impulsaban colectivos del terruño y brigadas de apoyo del resto del país.
Dialogó con los trabajadores movilizados en esa tarea y damnificados que sumaron brazos y solidaridad a la restauración de casas e instalaciones.
A su salida del hospital general docente Héroes del Baire, donde una entusiasta multitud esperaba al querido dirigente, les transmitió un saludo de Fidel, al tanto de cada detalle de la restauración, dijo no haber visto las caras oscas, sino que reflejaban el brillo de la confianza y la sonrisa y expresó la seguridad de que la Isla de la Juventud se recuperaría progresivamente, pero sobre todo comprometió a los presentes a trabajar muy duro para dejarla más bonita y próspera.
Las aclamaciones no se hicieron esperar tras su exhortación a los pobladores a reconstruirlo todo, aprovechar bien los recursos y a trabajar en sectores tan importantes como la vivienda, la alimentación y la energética.
“Confiamos en el pueblo y le pedimos que no pierdan la esperanza, la fe y entusiasmo” enfatizó el entonces también Segundo Secretario del Comité Central del Partido, con el optimismo que lo caracteriza y sin dejarse amilanar por los enormes daños ocasionados por ambos ciclones en el país, con pérdidas superiores a los 5 000 millones de dólares, según datos preliminares.
A cada paso por el hospital, el puerto, la terminal de ómnibus, el aeropuerto, las calles y otros lugares en la capital pinera, dejó Raúl muestras de su sensibilidad, energía transformadora y de no amedrentarse por adversidades naturales como las de los fenómenos recientes, como tampoco las constantes amenazas del enemigo imperialista, como ocurre hoy.
De aquí retornó a la capital del país con las pilas cargadas, según el argot popular como subraya en otro mensaje:
“Me voy contento, porque vi a los pineros contentos”, afirmó y reiteró la indicación de conservar el optimismo y a no dejar caer el ánimo.
“Los árboles se ven horrorosos, de eso se encargará la naturaleza; nosotros junto a ustedes nos ocuparemos de lo demás”, enfatizó al ratificarle al pueblo pinero el reto compartido para sobreponerse a las embestidas naturales con la misma firmeza con que el combatiente del Moncada, de Presidio y la Sierra Maestra, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero y fundador del Ejército Rebelde y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, enfrenta hoy junto a su pueblo y con las botas puestas injustas y oprobiosas calumnias que dan la altura de su dignidad, confianza y valor frente a los innumerables ataques del imperio.
También dan la dimensión de la fidelidad a sus compatriotas y a Fidel, compartiendo sacrificios de todo tipo, así como de lealtad a la Revolución vencedora de todos los contratiempos.
