Alegría y compromiso en fiesta de 15 colectivos en escuela militar

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

Unas 36 parejas de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Guantánamo vistieron sus galas para celebrar los 15 colectivos, una hermosa tradición que reafirma cómo la disciplina y los sueños juveniles van de la mano de quienes serán miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

La jornada comenzó con el tributo a los próceres de la Patria en la Plaza Mariana Grajales; prosiguió por la emblemática Plaza 24 de Febrero y tuvo su instante de mayor recogimiento ante el monumento a José Martí, en el céntrico parque que lleva su nombre.

Allí, entre flores y miradas de respeto, las muchachas de espléndidos trajes y sus compañeros de uniforme impecable honraron al Apóstol antes de encaminarse de regreso a su escuela, donde los esperaba el tradicional vals de los quinceañeros, ese danzar que sabe a despedida de la niñez y bienvenida a un tiempo nuevo.

Para la estudiante Claudia Beatriz Castillo Pérez la ocasión tenía un significado muy especial, “hay muchas niñas que no pudieron tener sus quince por falta de posibilidades, y aquí la escuela nos regala este momento maravilloso”, comentó emocionada, y agregó que en la vida militar también hay espacio para estas tradiciones.

“No todo es estudio; esto también es parte de lo que somos, la emoción que se siente es única”, y afirmó que estas iniciativas ayudan a sobrellevar el sacrificio que implica la carrera militar y la responsabilidad con la Patria, “esto anima a los estudiantes a seguir adelante”, dijo y subrayó además el respaldo que recibieron durante los ensayos y todo el proceso.

A su lado, Yalisni Castillo Acosta valoró la reanudación de una costumbre que permaneció suspendida, “retomarla el año pasado fue motivo de alegría, y hoy vestirme de gala me llena de satisfacción”, comentó.

La celebración congregó a familiares, maestros y amigos en una cita donde se mezclaron, las risas, el brillo de los vestidos, el colorido del ambiente, los abrazos apretados y algunas lágrimas; quedó claro entonces que esos jóvenes, formados con el rigor que exigen las FAR, también son adolescentes que sienten, sueñan y celebran con la misma intensidad los ritos que marcan el fin de la niñez.

Liudmila Padilla Romero, madre de trillizas baracoesas que desfilaron con sus trajes rojos entre las parejas de baile, no cabía en sí de orgullo: “tener a mis niñas aquí, sabiendo que se forman bien, me llena de felicidad, y todo ha quedado muy bello; le agradezco a la escuela todo lo que ha hecho por ellas”, y su sonrisa resumió el sentir de los numerosos padres que acompañaron la emotiva ceremonia.

Esto es una inyección directa a la formación vocacional e integral de los alumnos, los inspira, los convoca, los fortalece, y mucho más en estos tiempos tan difíciles”, señaló la teniente coronel Laritza Torres, jefa del trabajo político de la esfera militar del centro, quien resaltó el profundo valor educativo de una tradición que no es mero adorno, sino savia que nutre el sendero que transitan, quienes han elegido servir a Cuba.

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