En la prensa pinera, el nombre de Raúl se pronuncia con respeto. Nació en Banes, Holguín, un cuatro de mayo de 1961, pero fue la entonces Isla de Pinos la que lo acogió desde niño, cuando llegó en noviembre de 1966 con apenas cinco años. Desde ese minuto, su historia quedó entrelazada con la nuestra para siempre.

Su juventud lo llevó a Ciudad de La Habana, donde se graduó en Zootecnia en 1980. Poco después, en 1981, Angola lo recibió como internacionalista. Entre complejas jornadas y paisajes lejanos, Raúl descubrió que el amor por el cumplimiento del deber podía ser tan fuerte como el amor por la patria. Esa entrega, reconocida ahora por su presteza revolucionaria, sería la misma que más tarde trasladó al periódico Victoria.
Cuando cruzó las puertas de la redacción, el cuatro de noviembre de 1984, lo hizo con la certeza de que allí, en el corazón del informativo impreso, encontraría su lugar.
Ahora su trabajo consistía en detectar el “ruido” en los textos y moldearlos, leer y releer cada línea para eliminar erratas, repeticiones y asegurar que cada oración transmitiera con claridad la idea central; en ese momento suponía un enorme desafío, teniendo en cuenta que no poseíamos el desarrollo digital de hoy. “Yo hacía mi página, conformaba la ‘vaina’, la leía e imprimía”, recuerda.
“Los días de tirada eran intensos: comenzaban a las ocho de la mañana con los muchachos del taller y al finalizar regresaba a casa muchas veces pasadas las tres de la madrugada. Era lo más emocionante que puedas imaginar”, afirma con satisfacción.
Raúl considera al colectivo del periódico una parte de sí mismo: “Quería a mis compañeros al igual que ellos a mí. Éramos una hermosa familia”.

Aprendió junto a la experimentada Belkis García la complejidad propia de las correcciones. “Una buena parte de lo que sé se lo debo a ella”, asegura.
“A lo largo de más de veinte años acompañé, como testigo excepcional, el desarrollo de tres etapas directivas: Nieves Varona, Geraldo Casanova y Sergio Rivero, desempeñándome, además, en los cargos de secretario general del núcleo del Partido y de la sección sindical, con el honor de haber recibido en el 2007 la bandera que acreditaba al Victoria como Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura”.
Su primera errata, la palabra “Baluarte”, quedó como cicatriz en su memoria, recordándole que la perfección es un horizonte que casi nunca se alcanza. Y, aun así, se empeñó en perseguirla sin descanso.
En el año 1995 el departamento de Redacción, al que pertenecía, alcanzó la excelencia, es decir, una edición con cero erratas; por ello recibieron un premio singular: La visita a la Cocodrilera, organizada por el entonces director Sergio Rivero, en compañía de Mayra Lamotte, Belkis y Olga Lidia Morales. Entre descubrimientos, risas y anécdotas, compartieron una jornada inolvidable. “Donde terminamos hablando de correcciones”, recuerda sonriendo.

La vida de Raúl en el Victoria fue más que letras. Aquí fundó una brigada que participó activamente en la reconstrucción de la sede con motivo del aniversario 40; cambió persianas por ventanas de cristal, arregló cerraduras y levantó la cocina que aún existe. También fue plomero, electricista y albañil. Su entrega y capacidad de innovación no conocían fronteras. “Nos daban la tarea, y por muy difícil que fuera, encontrábamos siempre la solución”.

Además de sus responsabilidades diarias, en 1996 formó parte de la microbrigada que construyó el edificio en Sierra Caballos, junto a su hermano del alma José Reinoso (Pepe) y otros, siempre motivados por el bienestar común. “Trabajamos muchísimo, en solo dos años lo terminamos. Mayra, Emilio, Lugo y yo, contábamos ya con nuestros apartamentos.
“Mi lema era: Yo me jubilo en el periódico y no pudo ser por otras circunstancias, pero es mi sentir y es lo que pienso”. asegura.
En 2007 concluyó su etapa en el medio, pero jamás se apartó de su gran vocación. “Ser corrector es mi vida y aún la ejerzo con placer”, afirma convencido. Hoy revisa tesis, devuelve color a fotografías y mantiene vivo su oficio con la certeza de que lo acompañará hasta el último día.
Su actitud ante el trabajo y la vida le han hecho merecedor de múltiples reconocimientos: Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba y la Medalla Félix Elmuza, la condición Amigo del Victoria, Diploma de Trabajador del Partido por 20 años, Mejor Trabajador del centro por varios años desde 1992; en 1999 es elegido Trabajador Integral y en el 2006 obtiene la condición de Vanguardia Nacional del Sindicato de Trabajadores de la Cultura.
En el aspecto técnico-profesional, dada la excelencia en su desempeño, logra por varios años el Premio de Corrección en el Concurso Periodístico Rodolfo Carballosa in Memoriam y en el mismo apartado del Festival Municipal de la Prensa Escrita en 2004.

Por su disciplina, participación en acciones combativas y desempeño integral, se destaca como combatiente internacionalista entre 1981-1983 en la “Operación Carlota”. Cada galardón era apenas un reflejo de la pasión que lo enaltecía.
En el aniversario 60 del Victoria, su nombre se recuerda con gratitud. Raulito, como le llamamos cariñosamente, es un símbolo de constancia y superación. Su historia refleja la de un hombre profundamente apasionado con su tiempo, con el cumplimiento de cada tarea, que hizo del amor un compromiso, de la corrección un arte y de la vida una entrega sin límites a un semanario que con orgullo seguimos forjando hoy.
Colaboradora (*)
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