Develan complot de Emiratos Árabes Unidos para agredir a Irán con respaldo de Washington

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó este sábado que la guerra impulsada por Estados Unidos contra su país impone crecientes costos económicos al pueblo estadounidense, en un contexto de escalada militar y medidas de bloqueo en la región del Golfo Pérsico.
En un mensaje divulgado en la plataforma X, el jefe de la diplomacia iraní sostuvo que los ciudadanos de Estados Unidos enfrentan directamente las consecuencias financieras de “una guerra innecesaria contra Irán”. Araghchi advirtió que la situación podría agravarse cuando comiencen a aumentar la deuda pública estadounidense y las tasas de interés hipotecarias, lo que profundizaría las presiones económicas internas en el país norteamericano.
El canciller señaló además el incremento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y acompañó su publicación con un gráfico sobre la evolución de esos indicadores financieros. “Todo esto podría haberse evitado”, enfatizó el funcionario iraní al referirse a las tensiones entre Washington y Teherán, cuyo origen atribuyó a la hostilidad sistemática de la Casa Blanca hacia la República Islámica.
Costos reales del conflicto superan cifras oficiales
Medios estadounidenses, entre ellos CBS News, citaron previamente a una fuente informada según la cual el costo de los ataques estadounidenses contra Irán asciende a unos 50 000 millones de dólares, cifra superior a los aproximadamente 25 000 millones reconocidos por el Pentágono.
De acuerdo con Araghchi, el costo real de las operaciones militares supera en más de cuatro veces el monto anunciado oficialmente por el Departamento de Defensa estadounidense, lo que evidencia, a su juicio, una subestimación deliberada de los gastos bélicos.
Americans are told that they must absorb rocketing costs of war of choice on Iran.
Put aside gas price hike and stock market bubble. Real pain begins when U.S. debt and mortgage rates start to jump. Auto loan delinquencies are already at 30+-year high.
This was all avoidable. pic.twitter.com/dhjcdzTOHc
— Seyed Abbas Araghchi (@araghchi) May 15, 2026
Bloqueo marítimo y respuesta iraní en el estrecho de Ormuz
Tras el fracaso de las negociaciones con Teherán, Washington impuso desde el 13 de abril un bloqueo contra puertos iraníes, incluidos los ubicados en el estrecho de Ormuz, ruta estratégica para el comercio energético mundial por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo consumido a nivel global.
En respuesta, Irán restringió el tránsito marítimo por el estrecho a embarcaciones coordinadas con sus autoridades, ante el temor de un colapso del alto el fuego vigente desde el 8 de abril.
La confrontación militar entre Estados Unidos, Israel e Irán provocó un fuerte incremento de los precios de la energía y elevó las presiones inflacionarias a escala global, afectando particularmente a las economías en desarrollo.
Según Teherán, la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel causó más de 3 000 muertos en territorio iraní, mientras que los ataques iraníes también dejaron víctimas estadounidenses e israelíes, aunque las cifras oficiales de ambos bandos no coinciden.
Irán ha reiterado su disposición al diálogo siempre que se base en el respeto mutuo y el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales, mientras la comunidad internacional observa con preocupación la escalada en una de las rutas marítimas más vitales del planeta.
Develan complot de Emiratos Árabes Unidos para agredir a Irán con respaldo de Washington
Una investigación del consorcio mediático Bloomberg ha sacado a la luz las maniobras belicistas urdidas en el corazón del Golfo Pérsico, revelando que las monarquías de la región rechazaron de forma contundente una peligrosa propuesta de los Emiratos Árabes Unidos para lanzar una agresión militar conjunta contra la República Islámica de Irán.
La iniciativa, gestada en los despachos de Abu Dabi, se produjo apenas días después de que Washington y Tel Aviv desataran, el pasado 28 de febrero, una criminal campaña de bombardeos masivos contra la nación persa, en una escalada que amenazó con incendiar toda Asia Occidental.
De acuerdo con las fuentes filtradas, el presidente emiratí, Mohammed bin Zayed, instrumentó contactos telefónicos de alto nivel con el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, y con otros mandatarios de la región para arrastrarlos hacia la aventura militar.
Mientras Abu Dabi presionaba para avivar las llamas de la agresión contra Teherán, el Reino de Arabia Saudita y otros Estados de la zona, evaluando las catastróficas consecuencias de una conflagración regional, optaron por la senda de la desescalada y las salidas negociadas, asestando un duro revés a los planes intervencionistas.
El jerarca emiratí, en su afán por consolidar el eje sionista-imperial, argumentó que las monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) debían actuar como un bloque monolítico subordinado a los designios de Washington y Tel Aviv.
La respuesta de los líderes regionales fue un portazo diplomático: “no era su guerra”, replicaron, negándose a sacrificar la estabilidad de sus pueblos en el altar de los intereses geopolíticos de potencias extranjeras y sus lacayos locales.
La firme negativa de la dirigencia saudita a plegarse a la conspiración agravó las fisuras en el seno del CCG y tensó peligrosamente los lazos entre Riad y Abu Dabi.
Este distanciamiento habría sido determinante en la posterior y polémica decisión de los Emiratos Árabes Unidos de abandonar la OPEP y su alianza OPEP+, evidenciando su apuesta por desestabilizar los mecanismos multilaterales en favor de un alineamiento descarnado con el Estado de ocupación israelí.
Como prueba irrefutable de esa profundización de nexos, reportes de prensa confirmaron que, en plena vorágine bélica, Abu Dabi abrió sus puertas a visitas del criminal de guerra Benjamin Netanyahu y del jefe del servicio de inteligencia Mossad.
Huérfano de apoyo para su plan de ataque coordinado contra la soberanía iraní, el régimen emiratí optó por la vía de la agresión encubierta, ejecutando unilateralmente varios ataques contra suelo iraní a principios de marzo y abril, en una demostración de su rol como brazo auxiliar del terrorismo de Estado.
Durante los 40 días que duró el conflicto activo, la República Islámica de Irán, en legítimo ejercicio de su derecho a la autodefensa frente a los masivos bombardeos que devastaron infraestructura social e industrial, respondió con oleadas de drones y misiles de precisión contra bases militares estadounidenses e instalaciones petroleras en Asia Occidental.
En este tenso escenario, Arabia Saudita, consciente del abismo al que se asomaba la región, habría concentrado sus esfuerzos diplomáticos en promover canales de negociación entre Washington y Teherán, recurriendo a la mediación de Pakistán como gesto de distensión.
La diplomacia de Catar, por su parte, evaluó inicialmente sumarse a la descabellada iniciativa emiratí luego de que misiles iraníes impactaran en la estratégica Ciudad Industrial de Ras Laffan —el mayor enclave de gas natural licuado del planeta— provocando cuantiosos daños materiales e incendios. Sin embargo, en un giro que demostró cordura política, Doha decidió finalmente desmarcarse del belicismo y respaldar la vía del diálogo y la desescalada.
Bahréin, Kuwait y Omán cerraron filas junto a Arabia Saudita y Qatar, rechazando de plano el plan aventurero de los EAU y aislando la postura guerrerista de Abu Dabi. Las fuentes anónimas filtraron además un dato revelador: funcionarios de la Casa Blanca no solo conocían las intenciones emiratíes, sino que Washington presionó activamente a Riad y Doha para que se sumaran a la respuesta armada, confirmando el papel del imperialismo norteamericano como titiritero principal de la escalada.
En un movimiento que dibuja los contornos de una nueva arquitectura de seguridad regional antihegemónica, el diario británico Financial Times informó que Arabia Saudita planteó la posibilidad de un pacto de no agresión entre Irán y los Estados vecinos para el periodo de posguerra.
La propuesta, que se inspira en el espíritu de los históricos Acuerdos de Helsinki de 1975 y cuenta con el respaldo de capitales europeas, busca sentar las bases para una convivencia pacífica al margen de las injerencias externas.
Un diplomático árabe declaró al rotativo que dicho pacto sería bien recibido por la mayoría de los Estados árabes e Irán, aunque expresó su preocupación por las constantes amenazas de Israel, entidad que busca reavivar el conflicto de forma independiente para torpedear cualquier acercamiento.
Las profundas discrepancias sobre esta guerra de agresión y la explosiva situación en Asia Occidental impidieron, como era previsible, una declaración conjunta al cierre de la reunión ministerial de dos días del foro BRICS en Nueva Delhi.
India, como anfitrión, emitió un escueto comunicado en el que detalló que un Estado miembro —sin nombrarlo directamente— presentó “reservas” sobre la causa palestina en Gaza y la seguridad en el mar Rojo y el estratégico estrecho de Bab al-Mandab, dejando al descubierto la actitud obstruccionista de quienes sirven a intereses coloniales.
En ese foro de la mayoría global, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, sentenció con firmeza que la era del dominio unipolar estadounidense ha terminado y que la nación persa, unida e indivisible, no será doblegada.
Con nombre y apellidos, el diplomático señaló directamente a los Emiratos Árabes Unidos por bloquear la declaración ministerial del BRICS, denunciando su nefasta relación especial con la entidad sionista como el factor que lastra la unidad de las naciones emergentes frente al hegemonismo.
(Con información de Prensa Latina)
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