Progresismo mundial clausura cumbre en Barcelona contra guerras y ultraderecha

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante la segunda y última jornada del Global Progressive Mobilisation. Foto: Kike Rincón/Europa Press.

Presidentes, políticos, activistas, sindicalistas y más de 6 000 asistentes llenaron el colosal recinto Salvador Allende en España, al ritmo de “Power to the People” (el poder para la gente), el himno pacifista de John Lennon interpretado en vivo por una banda de rock.

La clausura se convirtió en una plenaria de líderes mundiales de izquierda con más de cinco horas de discursos ininterrumpidos.

Desde el atril, los oradores coincidieron en la necesidad de regularizar la tecnología, establecer un impuesto a los superricos, materializar la transición hacia energías limpias y renovar el funcionamiento de las Naciones Unidas.

El último orador fue Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español y anfitrión de la cumbre, quien ha emergido como un referente del progresismo global por sus críticas a Donald Trump y Benjamin Netanyahu y su oposición al rearme.

“Han intentado una y otra vez que nos avergoncemos de nuestras ideas y de nuestra historia, pero eso terminó hoy en Barcelona: el 18 de abril de 2026, la vergüenza cambia de bando”, zanjó el jefe del Ejecutivo español.

Su discurso encumbró la unión del progresismo mundial ante el ascenso de la ultraderecha.

“El tiempo de la internacional ultraderechista y la derecha rendida a esos postulados reaccionarios ha llegado a su fin”, vaticinó Sánchez.

Horas antes, Sánchez advirtió de un mundo amenazado por los “ataques al sistema multilateral, intentos de impugnar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza”, afirmaciones que algunos interpretaron como una condena a las políticas de Donald Trump, quien ha desmeritado el papel de instituciones como la ONU e inició la guerra en Irán a espaldas de la comunidad internacional.

El llamado de Lula: “Por amor a Dios, paren esta locura”

Pedro Sánchez recibió a Lula en el palacio de Pedralbes. Foto: Manu Mitru

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, coanfitrión del encuentro, precedió en la palabra al mandatario español con el discurso más aplaudido de la tarde.

El líder del Partido de los Trabajadores hizo un llamado a los gobernantes de EE. UU., China, Rusia, Reino Unido y Francia, quienes gozan de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

“Por amor a Dios, cumplan sus obligaciones de garantizar la paz en el mundo, convoquen una reunión y paren con esta locura de guerra, porque el mundo no soporta más”, clamó Lula da Silva con el rostro enrojecido por la exaltación.

La guerra en Irán no fue la única incluida en el temario. El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, alertó del “surgimiento de nacionalismos de mentalidades estrechas… guerras ilegales y el genocidio en lugares como Palestina, en función de la ideología del supremacismo”.

La condena a la guerra en Gaza, definida también como “genocidio” por ponentes como Lula da Silva, fue agradecida por Mohammad Shtayyeh, exprimer ministro palestino, “en nombre de los 72 000 inocentes que han perdido la vida” por la ofensiva militar israelí.

Trump, blanco indirecto y directo

Donald Trump no tuvo que viajar a Barcelona para ser protagonista. Aunque pocos se atrevieron a mencionarlo por su nombre, las críticas a la guerra en Irán y el respaldo al multilateralismo surgieron como una antítesis de las políticas de la Casa Blanca.

Las palabras más directas contra el republicano provinieron de Chris Murphy, senador demócrata de Connecticut, quien definió a Trump como “la mayor amenaza a la democracia desde la guerra civil”, ya que, a su juicio, se ha “apoderado de los medios de comunicación, los tribunales y ha silenciado a la oposición”.

En la misma línea, el gobernador de Minnesota, Tim Walz, denunció: “Tenemos un presidente que se mete en una guerra cuando no hay ni siquiera amenazas, ni un plan previsto, ni armas nucleares. Eso es fascismo, hay que llamarlo por su nombre”.

Impuesto a los superricos y regulación tecnológica

Otro punto de consenso fue la necesidad de imponer un tributo a los superricos. El periodista y escritor Owen Jones recordó que “el 1% de los más ricos tiene la mitad de la riqueza mundial” y que “hay 2 500 multimillonarios que son propietarios del 15% de todo lo que tiene la humanidad”. Esta situación, agregó, “no solo es injusta, sino que no es buena para la economía”.

Paralelamente, el compromiso por avanzar en la regulación de las plataformas tecnológicas fue otro tópico. Sánchez llamó “tecno-oligarcas” a los dueños de las redes sociales, a quienes advirtió: “No dejaremos que se enriquezcan a costa de la salud mental de nuestros jóvenes”.

Sheinbaum impulsa declaración contra intervención en Cuba

Algunos jefes de Estado también convergieron en el cuarto encuentro ‘En Defensa de la Democracia’, una iniciativa creada por Sánchez y Lula en 2024.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció que impulsará “una declaración en contra de la intervención militar en Cuba”, en medio de la creciente presión de la Casa Blanca. “Que el diálogo y la paz prevalezcan”, instó la mandataria.

En línea con ese postulado pacifista, Sheinbaum insistió en un planteamiento ya deslizado en el G20: “Destinar el 10% del gasto mundial en armamento para impulsar un programa global que permita a millones de personas reforestar millones de hectáreas… en vez de sembrar guerra, sembremos paz y vida”.

La líder mexicana centró su discurso en la reivindicación de los pueblos originarios y los próceres independentistas, antes de ofrecer un decálogo de los “principios constitucionales” de su país. Entre ellos destacó “la no intervención, la solución pacífica de controversias, la igualdad jurídica de los estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha permanente por la paz”.

Una cumbre que enfurece a la derecha

Entre el 17 y 18 de abril, la Fira de Barcelona acogió más de una treintena de eventos —conferencias, mesas redondas y coloquios—, con más de un centenar de ponentes y partidos políticos de todo el mundo.

Entre los invitados más prominentes estuvieron los presidentes de Colombia, Gustavo Petro; México, Claudia Sheinbaum, y Uruguay, Yamandú Orsi. Michelle Bachelet, Zohran Mamdani, Bernie Sanders y Hillary Clinton ofrecieron discursos pregrabados.

La cumbre no gustó a Vox, el partido que agrupa a la ultraderecha en España. Su portavoz, Ignacio Garriga, acusó a Sánchez de convertir al país “en la sede de la izquierda radical de todo el mundo”.

(Con información de agencias)

 

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