
En la Isla de la Juventud, los primeros pasos laborales de un joven suelen estar marcados por el deseo de aprender, ser útil y convertir cada tarea en una oportunidad para crecer. Ese espíritu acompañó a Diosel Espino Castillo desde sus comienzos, y encontró en el periódico no solo un trabajo, sino la realización de aquel anhelo de participar en la vida de su comunidad y dejar constancia con responsabilidad en la historia local.
Con apenas dos años, Diosel llegó desde su natal Granma acompañado por su madre para reunirse con la abuela. Desde entonces, su vida se fue tejiendo entre estudios, trabajo e integración social, hasta encontrar en el Victoria una verdadera escuela de vida.
Cursó la primaria y secundaria en Mella Pino Alto y luego en La Fe, en las escuelas Fabián Fernández y 19 de Abril. Más tarde matriculó en el politécnico de mecanización Orlando Gutiérrez, conocido como “La 31”, en la especialidad de Mecánica Automotriz, aunque debió interrumpir sus estudios durante el período especial. Continuó en la Escuela de Oficios de La Fe, culminando sus prácticas en la terminal de ómnibus del poblado.
Con una militancia activa en la Unión de Jóvenes Comunistas, cumplió el servicio militar en la UM 1180, en la compañía de telecomunicaciones, donde se desempeñó como primer radiotelegrafista y dada su ejemplar conducta en1996 le fue otorgada la Medalla de Servicio Distinguido de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, condecoración que lleva con mucho honor.
En 2001, con 24 años, y después de iniciar la vida laboral en varios lugares, ingresó al periódico Victoria como chofer de la administración, con toda la expectativa de un joven al compartir el día a día en la dinámica de la Editora. Poco después asumió la función de comprador, guiado por la vieja Margara y bajo la dirección de Sergio Rivero, a quienes recuerda con cariño como a sus propios padres. Allí compartió labores con una gran familia de periodistas y trabajadores a quienes menciona aún uno a uno con afecto.
“El periódico me enseñó mucho. Fue y sigue siendo un lugar de respeto y tranquilidad, un ambiente excepcional de trabajo, aunque muy dinámico, se respira paz. Cada cual cumple con su responsabilidad y la gran unidad que nos distinguía continúa siendo la fuerza que nos acompaña hasta hoy”, afirma con emoción.

Su primera incursión como fotógrafo ocurrió en el poblado Cocodrilo, cuando ante la falta de reporteros gráficos Miguelito lo animó a “echar pa’ acá”. Evelio le enseñó los ángulos y detalles para lograr mejor calidad en las imágenes. “Casi termino como fotógrafo en el departamento, junto a Miguel y Evelio, pero continué con lo mío”, recuerda sonriente.
Para Diosel, trabajar en un medio de prensa fue una experiencia única: “Es diferente a cualquier otro centro laboral. Te convierte en partícipe de muchas vivencias y te obliga a interactuar con personas de todos los sectores de la sociedad”.
Entre sus anécdotas revive la cobertura única a un avión que por desperfectos, no pudo despegar y casualmente un grupo de compañeros iban rumbo al aeropuerto, al ver aquel fenómeno se apuraron, y con gran expectativa lograron entrar a la pista hasta llegar a la presa; además, ayudar a algunos pasajeros a descender de la nave y guardar las instantáneas para la historia: “Cada foto me dejaba la satisfacción de ser parte de un momento irrepetible, de contar con imágenes lo que vivíamos”.

También recuerda el paso del huracán Gustav en 2008, cuando el periódico se hizo por casi nueve meses en campaña con tirada diaria, y en una ocasión acompañó a los periodistas a una cobertura que lo marcó: “¡Fue como estar en una película!: Una embarcación se atravesó en la carretera de Júcaro impidiendo el paso y fue necesario abrir una zanja para cruzar por debajo de ella, de un lado a otro, para que las personas y los periodistas pudieran llegar hasta otras sacadas del río por los vientos, dispuestas en tierra por toda el área. Tuvimos que pasar casi a rastras por esa zanja para llegar a los barcos. ¡Increíble! Ahí se trabajó muy duro”, repite emocionado. Como resultado de esa consagración colectiva, una buena parte de los trabajadores, como él, ostentan con honor la condición de Trabajador de Mérito Laboral Excepcional.
“El periódico me cambió la vida; me abrió puertas, me permitió conocer personalidades, instituciones y hasta viajar a La Habana. Era una labor muy comprometida con la sociedad. La población esperaba cada sábado su salida y era muy reconfortante saber que aportábamos de alguna manera”, asegura.

En el aniversario 60 del medio, Diosel confiesa que nunca tuvo un día malo trabajando junto a nuestra gran familia, que lo convirtió en un hombre dispuesto siempre a ayudar, porque hizo de todo: fotógrafo, chofer, comprador, pintor, tapicero, encargado de mantenimiento e incluso, cocinero.
Su historia es la de un trabajador incansable, comprometido con esta tierra, que convirtió cada paso en una oportunidad para aprender y servir bien a su tiempo.
Colaboradora (*)
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