Margarita: corazón del Victoria

El semanario Victoria recuerda con singular afecto a Margarita Amada Gómez Reyes, hija de Jiguaní, Granma, quien durante más de 15 años se convirtió en el corazón de esta casa editora. Siempre dispuesta, siempre puntual, su energía y constancia la convirtieron en la primera en llegar y la última en marcharse cada día, como una madre que vela por todos.

El quehacer de Margarita no se limitó a su trabajo, es también parte de la historia cubana. De joven fue mensajera de la Columna No. 1 del Ejército Rebelde y en 1961 se sumó a la Campaña de Alfabetización. Cuenta que durante esos años tuvo mucha actividad, hasta que, en 1966, tras el llamado de Fidel, vino a la entonces Isla de Pinos a trabajar en su reconstrucción después del ciclón Alma para “recuperar lo perdido y avanzar mucho más”, como rezaba en la consigna.

Aquí puso manos a la obra entregándose por entero, primero albergada en Presidio Modelo, estuvo entre las 200 mujeres seleccionadas allí para formar parte del campamento de Las injertadoras y participó en el desarrollo agropecuario.

En la Isla también forjó su nueva familia y nacieron dos de sus tres adorables hijos. Su destacado desempeño en la vida socioeconómica y política del territorio la llevó a asumir funciones como instructora del Partido por varios años, de ahí, comenzó una nueva etapa en el periódico Victoria, en la época que Geraldo Casanova era su director, y donde permaneció hasta su jubilación.

Como administradora, Margarita no solo organizaba tareas: cuidaba de su gente y se preocupaba por el bienestar del colectivo, gestionaba alimentos, buscaba soluciones para las largas noches de cierre de la edición e incluso, convirtió el comedor en un espacio más hogareño, con vajilla de la cerámica pinera que hacía sentir a todos como en familia, disfrutando el arte de la cocinera Malbides, a quien cariñosamente apodaron “La Maga”, por convertir lo mínimo en un gozo del sabor.

En esa etapa florecieron muchas iniciativas para mejorar las condiciones de vida y trabajo del colectivo: se conformaron equipos de trabajadores que se encargaban de atender a sus compañeros en el comedor, desde la higiene hasta la presentación de las mesas y los platos del día, cada uno con su  propuesta, en una especie de emulación que culminaba estimulando a los más destacados en la asamblea sindical al final del mes, incluso hubo grupos que hasta prepararon desayuno con las mesas en la entrada de la Editora. En realidad, fue un tiempo hermoso que disfrutaron como la gran familia que son, asegura Margarita con visible emoción.

Su experiencia y carácter afable la convirtieron en paradigma para las nuevas generaciones. Combatiente, alfabetizadora, guía política, fundadora cederista, dirigente y Premio del Barrio, transmitió valores de respeto, solidaridad y compromiso. Por eso sus compañeros la recuerdan con cariño, como la madre que siempre estaba ahí para aconsejar y acompañar.

Hoy, al celebrar seis décadas del periódico, el nombre de Margarita sigue presente en cada página y recuerdo. Su ejemplo reafirma que el Victoria no es solo un semanario y se fortalece con la entrega de personas como ella.

Colaboradora (*)

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