Mi vida es el Victoria

El periodista Alexis Quiala Ferrer, graduado en 1976 en Santiago de Cuba, se define como “un hombre hecho por la Revolución”. Fue ella, asegura, quien le enseñó a leer y a valorar la palabra escrita. Su primer contacto con la escuela pública ocurrió en septiembre de 1959, cuando con once años ingresó en segundo grado. Desde entonces, la lectura se convirtió en brújula de su vida y en el fundamento de una vocación que lo acompañaría siempre.

Foto Archivo

“Creo profundamente en el poder de la lectura”, afirma. En 1964 fue reconocido como mejor lector en la biblioteca Elvira Cape, homenaje que aún conserva en la memoria. Esa pasión lo llevó a insistir en que, para triunfar en la prensa hay que trabajar duro, hacerlo bien y arriesgarse, incluso cuando la vida esté en juego: “Eso es ejercer con dignidad”.

En la década de los 80 llegó a la Isla de la Juventud, trabajó en la emisora Radio Caribe hasta 1988. Ese mismo año, animado por la colega Mayra Lamotte Castillo, se incorporó al periódico Victoria. Allí aprendió a organizarse y a asumir la responsabilidad de ser periodista: “Las personas creen en lo que dices”. El medio se convirtió en su escuela y en el espacio donde se exigió y superó.

Comenzó bajo la dirección de Nieves Varona, a quien recuerda como “una mujer fuerte, singular, comprensiva e inteligente”. Permaneció en la editora hasta su jubilación, consolidando un estilo propio que lo convirtió en referente. “El Victoria fue mi casa, mi familia, mi razón de ser”, asegura con emoción, consciente de que cada página escrita era un acto de pertenencia y compromiso.

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Su trayectoria lo llevó a cubrir hitos como los Juegos Panamericanos de La Habana en 1991. Sin embargo, insiste en que el verdadero valor del periódico no radica en los grandes eventos, sino en reflejar los problemas, sueños y logros de las comunidades pineras. Para él, cada nota era un puente de comunicación con la gente, un ejercicio de verdad y sensibilidad social. Esa mirada crítica le permitió desarrollar un estilo directo, honesto y profundamente humano.

Durante la etapa de Sergio Rivero en la dirección, y con Quiala como jefe de Información, el colectivo logró que el Victoria alcanzara la condición de Vanguardia Nacional. Fue un tiempo en que los vendedores del periódico, como Mirtica y sus compañeros, se convirtieron en actores esenciales; además, poblados como La Victoria, Delio Chacón, La Reforma y Cocodrilo fueron protagonistas de sus páginas, involucrando a los vecinos y transformando al Semanario en voz de opiniones, críticas y esperanzas.

Su empeño inicial fue crear una publicación que reflejara la vida pinera. Así nacieron siete suplementos temáticos: Al Sur, Cotorrín, EcoIsla, Arrancada, Opción Futuro, El Pinero y Canarreos, además de la página cultural y de entretenimiento De todo y para todos. “Fue una escuela para mí”, confiesa con nostalgia.

Evoca los viajes a La Habana para imprimir el periódico, a pesar de su miedo al avión y las reuniones comunitarias en las que se discutían las páginas terminadas con vecinos, CDR, delegados y federadas, en un ejercicio colectivo de crítica y construcción. Entre las anécdotas que conserva, destaca una vivida en Cocodrilo: debieron improvisar el relleno de un neumático con hierbas para poder regresar en jeep a Gerona. “El cariño de la gente hacia nosotros y nuestro periódico era más fuerte que todo lo demás. El pueblo nos reconocía”, recuerda con orgullo.

Ese acompañamiento popular, más que cualquier premio, es el legado que Quiala atesora. Hoy, ya jubilado, continúa recibiendo el afecto de los lectores, quienes lo identifican como “el periodista del Victoria”. Su nombre se asocia a constancia, disciplina y pasión por contar la vida pinera con respeto, pero también a su capacidad para abordar los temas fundamentales del territorio con actitud crítica y certera.

Quiala entendió que el periodismo no era solo narrar hechos, sino interpretarlos con sensibilidad y rigor. Su pluma se convirtió en herramienta de memoria y justicia, capaz de registrar la cotidianidad de los barrios y, a la vez, elevarla en el tiempo. Esa dualidad entre lo inmediato y lo trascendente distingue su obra y la hace perdurable. Cada crónica, reportaje o entrevista llevaba implícita la convicción de que el periódico debía ser espejo y voz de su época.

Para él, más que un medio de prensa, el Victoria es una gran familia que dignifica y registra en cada página el compromiso de amor a su gente. En el marco del aniversario 60, su historia personal se entrelaza con la memoria colectiva de una publicación que ha acompañado generaciones y que continúa siendo guía y reflejo de la Isla de la Juventud. En ese entramado de recuerdos, Alexis Quiala Ferrer ocupa un lugar insustituible: el del periodista que supo conjugar novedad y tradición, crítica y ternura, disciplina y pasión, para dejar como legado una obra que honra la vida pinera.

 

(*) Colaboradora

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