Fidel presente en la jornada de la prensa guantanamera

Fotos: Lorenzo Crespo Silveira

La reconstrucción de la visita sorpresiva del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el centenario del desembarco de Martí y Gómez por Playitas de Cajobabo, la noche del 11 de abril de 1995, centra la obra Aquella noche, del realizador Ramón Ortíz, exhibida hoy en el inicio de la jornada de la prensa cubana, en esta ciudad.

En la sede de la Sociedad Cultural José Martí en Guantánamo, explicó Ortíz que el audiovisual surgió como respuesta a la pérdida del material fílmico original y precisó que en la cobertura de aquel hecho participaron dos camarógrafos —uno del equipo personal de Fidel y otro de la televisora local Solvisión—, pero las imágenes se extraviaron.

Ante esta carencia, la producción optó por una narrativa basada en el testimonio consecutivo de los protagonistas, reconstruyendo los hechos a través de la memoria de historiadores, periodistas y habitantes de la zona.

La producción se realizó en dos días, cuando Ortiz y el camarógrafo Abraham Gamboa se trasladaron a Cajobabo y durante la grabación, el autor concibió la idea de otro documental sobre Salustiano Leyva —el niño que se encontró con Martí—, aunque nunca se concluyó.

El relato fílmico captura la atmósfera de aquella jornada conmemorativa de los historiadores, que se extendió por tres días, lo que debía ser una clausura convencional se transformó en un hecho insólito cuando los organizadores, que no esperaban al Comandante, vieron aparecer su figura en la oscuridad.

Uno de los momentos de mayor carga simbólica que recoge el documental ocurrió cuando Fidel tomó la Bandera de Cuba en la arena, gesto interpretado como homenaje a Céspedes y evocación a Martí al pisar el mismo suelo de 1895, el Comandante ratificó entonces que ese paraje era “un lugar sagrado para la Patria”.

La naturaleza también acompañó la escena: aquel 11 de abril era martes y lloviznaba, igual que en 1895, coincidencia que Fidel destacó, además dicen, se mostró enérgico, escuchó anécdotas, ordenó detener la música prevista para preservar la solemnidad y se acercó a quienes intentaban verlo, tocándolos con emoción, un encuentro que calificaron “para no olvidarlo nunca.”

Las visitas de Fidel a Cajobabo no fueron un hecho aislado, Ortiz recordó que había estado en 1966, regresó diez años después para el documental “La Guerra Necesaria”, de Santiago Álvarez y para filmar “Mi hermano Fidel” , junto a Salustiano Leyva.

Además, en 1986 volvió para encontrarse con los médicos de la familia que iniciaban su labor en la montaña, y en 1995 cerró el ciclo del centenario, lo que evidencia el vínculo del líder con el sitio como espacio de memoria y reflexión histórica.

Al concluir la proyección, el encuentro derivó en un debate intergeneracional, con la participación de estudiantes de la Escuela Pedagógica, miembros de la Sociedad Cultural José Martí y periodistas, quienes coincidieron en que de Fidel debe hablarse en presente, al igual que de Martí, porque su legado permanece vigente.

Se enfatizó en la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan su historia no como un relato lejano, sino como una herencia viva que debe sentirse “de verdad, no solo de labios”, y reafirmar el valor del documental como herramienta para mantener encendida la memoria de la nación.

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