
La viceministra de Justicia, Máster en Ciencias Pilar Varona Estrada, ofreció este miércoles en la Mesa Redonda un exhaustivo informe sobre el enfrentamiento al flagelo de las drogas en el país, en un contexto internacional signado por la producción récord de sustancias ilícitas, la expansión sin precedentes de drogas sintéticas y opioides, y el recrudecimiento del tráfico de cocaína por vía marítima en el Atlántico y el Caribe.
Según los más recientes reportes de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la fabricación de metanfetamina y la aparición de nuevas sustancias psicoactivas han alcanzado niveles históricos a escala global, mientras que el tráfico de cocaína se intensifica con métodos cada vez más sofisticados, no solo por vía aérea, sino fundamentalmente por vía marítima, afectando áreas sensibles como el Atlántico y el Caribe, lo que representa un desafío adicional para los países de la región, incluida Cuba.
En el ámbito internacional, la viceministra alertó sobre un aumento de los intentos de introducir por vía aérea los llamados cannabinoides sintéticos, conocidos comúnmente como “el químico”, los cuales han sido detectados en operaciones dirigidas hacia la Isla.
Asimismo, en el escenario marítimo persisten los intentos de introducir narcóticos en el país mediante el empleo de lanchas rápidas, a lo que se suma, en los últimos tiempos, una preocupante combinación de operaciones ilegales que articulan el tráfico de drogas con el tráfico de personas, lo que evidencia el perfeccionamiento de los métodos de enmascaramiento y las modalidades de introducción de sustancias ilícitas en el territorio nacional.
De igual manera, Varona Estrada precisó que se mantienen hechos de tráfico interno, el recalo de drogas en las costas cubanas y la persistencia del cultivo ilegal de marihuana en algunas regiones del país, lo que exige una respuesta integral y articulada de todas las instituciones.
Ante este complejo panorama, la viceministra subrayó que Cuba se encuentra inmersa en el fortalecimiento de la Estrategia Nacional de Enfrentamiento y Prevención a las Drogas, concebida desde una perspectiva interinstitucional que involucra a todos los organismos de la administración central del Estado, los gobiernos territoriales, las organizaciones de masas y sociales, y el sistema educacional y de salud pública.
Explicó que la Comisión Nacional de Drogas, creada en el año 1989, fue reestructurada en 1998 con el propósito de ampliar sus funciones y atribuciones, y en 2019 se perfeccionó su funcionamiento al aprobarse que la Secretaría Ejecutiva de la Comisión radique en el Ministerio de Justicia, institución que hoy preside dicho órgano colegiado a través de su máxima titular.
Como parte del perfeccionamiento de esta estructura, la viceministra informó que en noviembre de 2024, por indicación expresa del Primer Ministro de la República, se constituyeron en todas las provincias del país las comisiones provinciales para el enfrentamiento a las drogas, órganos que son presididos por los vicegobernadores y coordinados por los directores provinciales de Justicia.
Estas comisiones provinciales actúan como subgrupos especializados y están encargadas de dirigir, a ese nivel territorial, todas las acciones de prevención, educación y enfrentamiento a este flagelo, con una composición y estructura muy similares a las de la Comisión Nacional de Drogas.
Varona Estrada enfatizó que estos han sido elementos que caracterizaron el trabajo durante todo el año 2025, período en el cual se consolidó el entramado institucional para la lucha contra las drogas en el país.
La viceministra recordó que Cuba es Estado parte y signatario de las tres convenciones de Naciones Unidas en materia de drogas, lo que implica el cumplimiento riguroso de los compromisos internacionales asumidos. La Isla es además miembro activo del Mecanismo de Cooperación contra las Drogas Ilícitas de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, conocido como mecanismo COPOLAD, y mantiene vigentes acuerdos gubernamentales de cooperación bilateral con más de 45 países en el ámbito del enfrentamiento a las drogas.
Asimismo, la nación caribeña sostiene estrechos nexos de colaboración en materia operacional y de intercambio de información con 66 agencias internacionales, fundamentalmente con INTERPOL y sus oficinas nacionales en los distintos países. En el terreno de la cooperación jurídica, Cuba ha suscrito acuerdos de asistencia legal en materia civil, en materia penal y de traslado de personas sancionadas con más de 55 naciones, lo que demuestra la voluntad del Estado cubano de articular respuestas globales a un problema que trasciende fronteras.
“Reafirmamos el respaldo de Cuba a todos los temas de fiscalización y enfrentamiento al flagelo de las drogas. Estamos seguros de que solo aplicando los tratados internacionales y trabajando articuladamente en los temas de enfrentamiento y prevención podemos lograr mejores resultados en el combate contra este flagelo”, subrayó la viceministra.
Varona Estrada destacó la participación sistemática de Cuba en los escenarios internacionales relacionados con esta problemática. La Isla asiste cada año a la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas, que es el principal órgano rector de la política mundial de drogas, y mantiene una cooperación activa y estable con el Programa de Cooperación en Política de Drogas de la Unión Europea, institución que ha trabajado de conjunto con las autoridades cubanas en programas de reducción de la demanda y en la creación de los observatorios nacionales.
En este sentido, la viceministra calificó como un hito a nivel mundial la creación, en julio del pasado año 2025, del Observatorio Nacional de Drogas de Cuba, único en su tipo por gestionar simultáneamente tres redes especializadas: una red de información, una red de investigación y un sistema de alerta temprana, todo ello encaminado a asistir a la Comisión Nacional de Drogas en los temas relativos a la generación, procesamiento y difusión de información estratégica para la toma de decisiones.
Precisó además que Cuba participó por primera vez, durante el año 2025, en la reunión constitutiva de la Red Internacional de Legislaciones sobre Drogas, celebrada en Viena, Austria. En ese escenario, la viceministra reveló un hecho recurrente: cada vez que la delegación cubana presenta sus informes y expone los resultados alcanzados en su política contra las drogas, una de las preguntas que invariablemente formulan los participantes es en qué consiste el principio de tolerancia cero que caracteriza a Cuba.
Y explicó con claridad en qué radica ese principio: “El principio de tolerancia cero a las drogas de Cuba consiste, en primer lugar, en la firme voluntad política del Estado y el gobierno de enfrentar este flagelo; en segundo lugar, en el cumplimiento riguroso de los compromisos como Estado parte de todos los tratados internacionales de los que somos signatarios, sobre todo el apoyo al sistema de Naciones Unidas para la consecución de esos objetivos; en tercer lugar, en articular el equilibrio armónico de las acciones de prevención y de enfrentamiento al flagelo de las drogas; y, finalmente, en aplicar un riguroso y severo accionar contra los traficantes, de acuerdo con las normas internas, con cuidado escrupuloso del debido proceso, y con atención priorizada a los consumidores”.
Precisamente sobre esta última arista, la atención a quienes han caído en las redes del consumo, la viceministra anunció que durante el programa se presentarían testimonios de jóvenes que compartirían sus vivencias e historias de vida, experiencias que en su momento los golpearon duramente pero que hoy, gracias a las fortalezas del sistema socialista cubano, han logrado una reinserción plena a la sociedad. “Son ejemplos muy bonitos de lo que se ha hecho”, afirmó.
“Nosotros como país tenemos la fortaleza que ofrece nuestro sistema socialista, que permite una reinserción plena a la sociedad de estos jóvenes y garantiza un rechazo mayoritario de la población a este flagelo”, enfatizó Varona Estrada.
La viceministra informó que el año 2025 fue escenario de la realización del segundo, tercer y cuarto ejercicios nacionales de enfrentamiento al delito, las ilegalidades y la corrupción, y dentro de ellos se desarrollaron acciones muy puntuales de enfrentamiento a las drogas.
A partir del mes de enero de 2025, durante la tercera semana de cada mes, se comenzaron a ejecutar acciones en la base, en los territorios, bajo la dirección del Partido y el gobierno, las cuales formaron parte de la operación contra las drogas ilegales, de la cual, anunció, se presentaría un material importante durante la emisión del programa televisivo.
Como Comisión Nacional de Drogas, se ha incrementado el accionar a nivel de las intervenciones en los barrios más vulnerables y en las escuelas, convencidos de que la educación constituye un arma imprescindible, quizás la más poderosa, en la batalla contra las drogas.
En el ámbito comunicacional, se ha acompañado todas las estrategias de país en los temas de drogas, y se ha puesto especial énfasis en las redes sociales, “que es donde están nuestros jóvenes”, subrayó la viceministra, y donde se hace necesario fortalecer esos escenarios para brindar una mayor información, para que nuestros jóvenes conozcan cuáles son las regulaciones que existen en el ámbito del derecho y cuáles son los daños que causan las drogas, no solo a la familia, sino también a su salud física y mental.
En ese empeño, se han realizado intervenciones en centros educacionales de diversos niveles. La Comisión Nacional ha acudido a escuelas primarias, secundarias básicas, institutos preuniversitarios y residencias estudiantiles universitarias. Se ha abarcado un amplio espectro que ha llegado también a los hospitales, particularmente a los centros de salud mental y a los centros de deshabituación del país, labor que sería ampliada durante el programa por la doctora Tania, especialista que abundará sobre ese trabajo “maravilloso y fundamental para poder ir combatiendo este flagelo”, según palabras de la viceministra.
“Es importante que se conozca lo siguiente —enfatizó Varona Estrada—: la unidad, la prevención, el trabajo conjunto de todas las instituciones del país, de la familia, de la comunidad que nos acompañan, de los CDR, es el arma principal, la herramienta principal para nosotros poder ganar la batalla contra las drogas, con una estrategia comunicacional que permite, por supuesto, conocer y estar informados de este flagelo”.
Explicó que el trabajo se dirige en dos caminos fundamentales. Por una parte, el enfrentamiento que realiza el Ministerio del Interior de conjunto con el Ministerio de la Agricultura, que tiene la misión de establecer un control riguroso sobre la tenencia y uso de la tierra, con la participación de la Fiscalía General de la República y el Tribunal Supremo Popular en el ámbito de sus respectivas competencias.
Por otra parte, desde la óptica de la prevención, juegan un papel fundamental el Ministerio de Educación, el Ministerio de Educación Superior, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, el Ministerio de Cultura y el resto de los organismos, junto al Ministerio de Salud Pública, que no solo realiza una pesquisa sistemática y fundamental, sino que también desarrolla una labor decisiva en la atención al enfermo y al consumidor, aspecto vital y decisivo para poder seguir avanzando.
La viceministra identificó los principales retos que el país enfrenta en esta materia. En primer lugar, continuar movilizando la conciencia ciudadana, elevar la percepción del riesgo, fortalecer la responsabilidad individual de las personas, divulgar las consecuencias jurídico-penales que acarrean estos delitos y concienciar sobre el daño irreparable que provocan las drogas a la salud. “Eso es algo de lo que vamos a hablar aquí también en este programa”, adelantó.
En segundo lugar, multiplicar desde el accionar de los subgrupos provinciales de droga, junto con los gobiernos territoriales, todas las acciones que permitan integrar a la familia, integrar a la comunidad, los centros de trabajo, todo lo que dentro de la sociedad contribuye a ese combate.
Finalmente, hay que seguir creando nuevos métodos, nuevas formas de hacer. “Creo que en eso nosotros, en 2025, nos caracterizaron nuevas formas de hacer de la Comisión Nacional de Drogas para seguir desde la ciencia enfrentando el flagelo de las drogas, pero siempre enfatizando que la prevención es la principal herramienta, es la vida de país y nosotros tenemos que hacer siempre mucho más para lograrlo”, dijo.
Acciones desde la capital
La doctora Tania Peón Valdés, jefa del Departamento de Salud Mental de la Dirección General de Salud de La Habana, explicó que La Habana inició el año 2025 con un diagnóstico exhaustivo realizado por el Grupo Provincial de Prevención Integral, que recorrió los 106 consejos populares de la capital. En ese levantamiento participaron Salud, Educación, la Fiscalía, las organizaciones de masas y otras instituciones.
“Ese recorrido nos permitió conversar con la población, identificar problemáticas concretas y determinar los espacios, ambientes y comunidades que requerían un trabajo diferenciado y más profundo”, señaló.
Este diagnóstico sirvió de base para la creación, a inicios de año, de la Subcomisión Provincial de Atención, Prevención y Enfrentamiento a las Adicciones.
La especialista destacó que uno de los principales logros ha sido la integración real de todos los organismos implicados. “El trabajo unido ha sido una realidad vivida durante el 2025. Hemos desplegado acciones de prevención desde las escuelas, universidades, centros laborales, instituciones científicas, prisiones y la propia estructura del MININT y las FAR”, detalló.
Tania Peón subrayó que la estrategia ha permitido ponerle rostro al tema de las adicciones, un asunto históricamente difícil de abordar en el espacio público. “La presencia de jóvenes como Lazarito y Jorgito en estos espacios es la evidencia de que hemos pasado de hablar de un tema tabú a un tema del que estamos hablando abiertamente como sociedad”, afirmó.
Uno de los mensajes clave transmitidos por la especialista fue la necesidad de actuar temprano. “Demorar en reconocerse como enfermo aumenta la brecha entre el inicio del consumo y la rehabilitación, y con ella las consecuencias negativas para la salud”, advirtió.
La doctora insistió en que el sistema de salud cubano está abierto en todas sus estructuras, desde la consulta del médico y la enfermera de la familia hasta los servicios especializados.
“El médico de familia no cura una adicción, pero conduce a la persona a través de todo el sistema. Ese acompañamiento es esencial”, dijo.
La capital cuenta con servicios especializados de atención: el Hospital Psiquiátrico de La Habana (para hombres, con consulta ambulatoria mixta), el Centro de Deshabituación de Adolescentes en Playa y el servicio para mujeres en el Hospital Enrique Cabrera. Como parte de los propósitos para el primer semestre de 2026, se anunció la apertura de una sala para adolescentes hembras y una nueva sala para mujeres adictas en el propio Hospital Psiquiátrico.
“La mujer tiene una expresión física y social diferente en el consumo. Demora más en acceder a la atención, se intoxica con mayor facilidad y enfrenta estigmas adicionales. Por eso necesitamos espacios diferenciados”, argumentó.
Reconoció que el escenario actual es más complejo debido a la diversificación de las drogas, en particular las sintéticas.
“Estas nuevas sustancias tienen un poder adictivo superior, el tiempo entre el inicio del consumo y la adicción es mucho más corto y su accesibilidad es mayor”, explicó. Esto incrementa la demanda asistencial y exige una actualización constante de los protocolos.
Asimismo, la especialista se refirió a una nueva figura contemplada en las leyes de salud: el ingreso compulsorio, indicado por mandato judicial para personas que han cometido delitos bajo el efecto de las drogas.
Eliades Rodríguez Martínez, coordinador provincial de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), ratificó la voluntad política de “tolerancia cero” frente a las drogas y describió el despliegue del trabajo comunitario en los barrios de la capital.
“No se trata de llegar a un barrio por estigmatización. Se analiza la actualización del diagnóstico, el sistema de denuncias y las alertas. Luego se realiza una intervención comunitaria integral que incluye cultura, deporte, educación y proyectos científicos, y culmina con el barrio debate”, detalló.
Rodríguez informó que en 2025 se realizaron más de 50 barrios debate en La Habana, con una participación promedio de 300 a 400 personas por encuentro. “La gente al principio tiene miedo, pero cuando escucha desde los balcones los testimonios de los jóvenes rehabilitados y los especialistas, se motiva y se acerca”, comentó.
El dirigente comunitario destacó el coraje de los jóvenes en rehabilitación que comparten sus historias públicamente. “Ellos dicen: ‘tengo 5 días, 20, 3 meses sin consumir’. Y reciben un aplauso del pueblo. Es el reconocimiento a su voluntad de cambiar”, expresó.
A través del proyecto “Jóvenes en Acción Social”, estos muchachos han participado en labores de limpieza de cementerios, hospitales, parques y, significativamente, en la campaña de donación para los damnificados por el ciclón en el oriente del país.
“Fueron los primeros en quitarse las pocas prendas que tenían para darlas a quienes perdieron todo”, recordó emocionado.
Rodríguez fue enfático en la necesidad de no abandonar a quienes recaen. “Si un joven vuelve a consumir, no es motivo de celebración ni de estigma. Es una debilidad de todos como sistema preventivo. Hay que seguir acompañando”, afirmó.
El coordinador de los CDR hizo un llamado a la población a denunciar a los traficantes. “Ellos mismos no permiten que sus familiares consuman. Saben el daño que causan, pero lo venden para enriquecerse. Esa hipocresía debemos desmontarla con la participación popular”, sentenció.
Finalmente, reconoció el trabajo preventivo de los oficiales del Ministerio del Interior. “Cualquiera podría pensar que es un órgano solo represivo, pero hacen una labor de apoyo y acompañamiento impresionante. Identifican a los muchachos, conocen sus historias y ayudan a conducirlos hacia la salud”, señaló.
Del abismo a la esperanza: Las historias de Lázaro y Jorge
Dos jóvenes compartieron en el programa televisivo su historia con las drogas. Comenzaron, como tantos muchachos, por querer encajar.
Jorge tenía 14 años cuando probó la droga por primera vez. “Fue por aceptación social, para encajar”, confiesa. Lo que parecía una experiencia pasajera marcó el inicio de un declive que lo llevó a perder el rumbo de su vida. “Ya salir y compartir con mis amigos no era la diversión, sino drogarme. La droga me arrebató todos mis sueños”.
La espiral fue rápida y profunda. Pasó por cárceles, hospitales y estuvo cerca de la muerte. Fue sancionado por la justicia por su relación con las drogas. Sufrió un brote psicótico que terminó con su ingreso en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Fue uno de esos jóvenes que, apenas probó la droga, quedó atrapado por años.
Lázaro vivió un proceso distinto, pero con puntos en común. “La mayoría de los jóvenes adultos comienzan a consumir por encajar en un grupo. Yo era tímido, me la ofrecieron y la probé”. Lo que comenzó como un gesto para integrarse se convirtió en un hábito que se extendió durante una década.
“Fueron 10 años de consumo. Pude terminar la escuela a duras penas. Mi vida consistía en buscar dinero para consumir”. Durante mucho tiempo no fue plenamente consciente de la magnitud del problema. “No pensaba que esto estaba mal hasta que empecé a tocar fondo y hacer cosas desastrosas por consumir”. El momento de mayor claridad llegó cuando quiso detenerse y no pudo. “Ahí me di cuenta de que tenía un problema”.
La adicción, dice, le arrebató incluso la capacidad de sentir. “Los familiares sufren mucho por esto, en este caso mi mamá”. Recuerda con dolor el día en que ella llegó a la casa y lo encontró drogado. Fue ella quien lo llevó al Hospital Psiquiátrico de La Habana.
Allí, en una sala dedicada al tratamiento de adicciones, comenzó otro capítulo. “Cuando entré me presentaron a varios jóvenes que se estaban recuperando”. Lázaro no olvida la primera impresión: “Los adictos somos mal mirados donde quiera que vamos. Y ese es el único lugar donde yo llegué y lo primero que hicieron fue darme un abrazo. Me hicieron creer que pertenecía ahí”.
El tratamiento no fue sencillo. Jorge recuerda que su ingreso estuvo marcado por la gravedad de su estado. “Cuando entré directo me amarraron a una cama y me medicaron. Pasé diez días de abstinencia. Tenía muchas secuelas”. Después fue trasladado al servicio de adicciones, donde tomó una decisión firme: no quería seguir consumiendo.
La primera terapia fue desconcertante. “No entendí nada, pero dije: si esto es lo que me va a ayudar, voy a seguir mi proceso”. Pasó 30 días en hospital de día y luego ingresó formalmente. Desde el primer momento intentó hacer lo mejor posible. Observaba a otros jóvenes dedicados a la lectura y al estudio, ocupando responsabilidades dentro del grupo.
Con el tiempo comenzó a asumir tareas, cargos de responsabilidad dentro del programa terapéutico. “Me fui enamorando de mi recuperación y ayudé a la recuperación de otros”. Lo que empezó como un proceso individual se transformó en un esfuerzo colectivo. “Empezamos a hacer un equipo que hoy por hoy funciona y nos hicimos parte del equipo de esos especialistas que ayudan”.
Para ambos, la recuperación tuvo un componente esencial: el acompañamiento. “Solo no se puede. Hace falta ayuda”, afirma Jorge. Habla de un proceso que califica como “mágico”, no por ausencia de dificultades, sino por la fuerza del apoyo mutuo.
La reinserción social fue otro desafío. Tras concluir la etapa de ingreso, Jorge comenzó a estudiar gastronomía internacional en el proyecto La Moneda Cubana, mientras mantenía un fuerte vínculo con el hospital. Lázaro también se incorporó a esa iniciativa.
Hoy, ambos forman parte de un proyecto solidario que apoya a personas vulnerables y presta ayuda a instituciones que lo necesiten. “Estamos haciendo ahora lo que un día desinteresadamente hicieron por nosotros”, dice Lázaro. “Ya no somos un problema, sino parte de la solución”.
Hablan sin ocultar el vacío que deja la droga. Pero aseguran que ese espacio puede llenarse de otra manera: con gratitud, con servicio, con sentido de pertenencia.
La adicción, insistieron en el programa, es una enfermedad que va más allá del consumo de sustancias; afecta emociones, vínculos y proyectos de vida. Su mensaje es claro: la recuperación es posible, pero requiere voluntad personal, apoyo profesional y acompañamiento familiar y social.
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