Fotos: Archivo y cortesía de la familia

Cuando se escucha su nombre, los amantes al béisbol rápidamente lo asocian al creador de los hermanos Pérez de la Isla de la Juventud, la familia más beisbolera del territorio. Su casa en el poblado La Victoria podría ser un gran museo con fotos, trofeos, medallas y recortes de periódicos de su carrera deportiva y la del paso de sus cuatro hijos, y nietos por nuestras series nacionales, que se convierten en un tesoro de lo vivido durante más de medio siglo.
Norey Pérez López nació el primero de mayo de 1937 en el poblado Salgacero a 57 kilómetros del municipio Puerto Padre en la provincia Las Tunas, su nombre no aparece entre los más mediáticos preparadores de la pelota pinera, pero, sin lugar a dudas continúa inspirando respeto tras casi toda una vida dedicada al deporte de las bolas y los strikes.
Ahora, a sus 88 años, con una imagen gastada y una lucidez impresionante recuerda los más íntimos detalles de una trayectoria digna de recordar a través de cientos de relatos.
Llegó a la Isla por primera vez en 1958 para visitar a uno de sus hermanos que se encontraba preso en el Presidio Modelo, al siguiente año, 1959, decide retornar e instalarse en el poblado La Victoria del cual es fundador.
“Esos primeros años fueron duros, fuimos varios los que nos asentamos aquí para desarrollar la agricultura y la ganadería en lo fundamental y ya en 1961 se inaugura la comunidad como tal. Quiero que sepas que el terreno de pelota fue mandado a hacer por Fidel en una de sus visitas”.
Norey le ha brindado al béisbol momentos inolvidables, pues en su palmarés se encuentra una extensa trayectoria con más de 60 años de labor. Comenzó como atleta defendiendo la tercera base, sin embargo, los mayores logros los obtuvo como director en las series provinciales y entrenador. Vistió la casaca del primer equipo que llevó el nombre de Isla de la Juventud en la XVIII Serie Nacional, junto a tres de sus hijos (Pablo, Pedro y Félix), por lo que ha visto en blanco y negro y en colores más de la mitad de nuestros campeonatos nacionales.

De su paso por aquel equipo dirigido por Rodolfo “Fofi” Fuentes nos cuenta.
“Fue un orgullo enorme el poder estar junto a mis hijos en aquel equipo donde había mucha disciplina y entrega en una etapa de aprendizaje cuando la pelota era pasión en Cuba”.
¿Cómo llegó a formar parte de la dirección de ese equipo?
“Yo dirigía el equipo de La Victoria que tenía un ‘trabuco’ enorme. Carlos ‘Sopa’ Moreno, Aroldo Rivas, Reinaldo García, Andrés Rivas, además de mis hijos y al ganar la provincial tenía ya garantizado un puesto en la dirección del equipo. El primer año me propusieron ir como cargabate, pero mis hijos se negaron y entonces me llevaron como coach”.
¿Qué recuerda con mayor cariño sobre el resultado de sus hijos?
“De Pablo, ni hablar, usted sabe de la calidad que poseía, era un bateador temible, capaz de decidir juegos con un swing. Era un caso peculiar, como lanzador y como bateador, con él y con Pedro se cometió tremenda injusticia, ellos podían haber jugado varias temporadas más. Félix era un pícher que movía la bola como pocos, era un tremendo lanzador, realmente no pensé que se fuera de la pelota tan rápido, en una ocasión le propinó tres ponches a Muñoz aquí en el Labra y Yoanis fue el que más jugó y con excelentes números”.
Una última pregunta. ¿Cuáles son los cinco peloteros más grandes que usted ha visto en el equipo de la Isla?
“Hay unos cuantos, pero te mencionaría a Michel Enríquez, Juan Carlos Calvo y Pablo Pérez, y como lanzadores Carlos Yanes y Roberto Soto”.
Es imposible escribir el andar del béisbol en esta pequeña Isla sin el nombre de Norey Pérez, pues la pelota nació con él en las venas convirtiéndolo en una figura emblemática y en una de esas semillas que germinan hacia la eternidad.
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