
El Reino Unido registró en los últimos años la cifra más alta de pobreza extrema en tres décadas, con 14,2 millones de personas, una de cada cinco, incapaces de cubrir necesidades básicas como alimentación, vestimenta o higiene digna, según el informe UK Poverty 2026 de la organización benéfica Joseph Rowntree Foundation (JRF).
Del total, casi 7 millones viven en una precariedad profunda, con ingresos que se sitúan 59 % por debajo del umbral de pobreza estándar.
La pobreza infantil alcanza al , agravada por medidas como el tope a beneficios sociales desde el tercer hijo, impuesto en 2016.
31 % de los menores
Un modelo que castiga al trabajador
El informe subraya una paradoja crítica: dos tercios de los adultos pobres viven en hogares donde al menos una persona trabaja. Esto evidencia que el modelo laboral británico, pese a pertenecer a la sexta economía mundial, es incapaz de garantizar una vida fuera de la miseria a su clase trabajadora.
La JRF denuncia que las políticas estatales son fragmentadas y mal orientadas, priorizando recortes en ayudas sociales en lugar de inversiones estructurales. Grupos como personas con discapacidad, minorías étnicas y familias numerosas son los más afectados.
Austeridad, Brexit y crisis sistémica
Los factores detrás del colapso social incluyen el estancamiento económico post-2008, las políticas de austeridad, el impacto del Brexit, que ha restado miles de millones al crecimiento desde 2020l. y las secuelas de la pandemia. La guerra en Ucrania y la inflación persistente (3,6 %) han agravado la crisis.
En este contexto, el gobierno laborista de Keir Starmer presentó un presupuesto de alto riesgo: prevé recaudar más de 39.000 millones de dólares mediante subidas históricas de impuestos y recortes en gastos sociales. El país alcanzará una presión fiscal del 38 % del PIB, la más alta de su historia.
Medidas como la congelación de los umbrales del impuesto sobre la renta hasta 2028 empujarán a más trabajadores a pagar tasas más altas a medida que sus salarios nominales aumenten, afectando directamente a los sectores vulnerables.
Frustración popular y advertencias
En ciudades como Leeds, familias y pequeñas empresas ya recortan gastos básicos para sobrevivir. Analistas advierten que la estrategia de la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, de elevar las contribuciones a la seguridad social, podría dañar la inversión empresarial y profundizar la recesión.
“El sistema económico actual no reduce la pobreza; la reproduce”, señala el informe. Mientras el gobierno afirma buscar la protección de los servicios públicos, la percepción ciudadana es de frustración ante un modelo que premia el estancamiento y castiga el esfuerzo.
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