
Con apenas cinco días de nacido, el pequeño Samuel Orlando Milanés García comenzó a mostrar señales de que algo no marchaba bien: vómitos persistentes, rechazo al alimento, lo que llevó a su madre Sandra a embargarla una angustia creciente.
Lo que parecía un simple malestar neonatal pronto se transformó en un diagnóstico devastador: el bebe tenía una obstrucción duodenal congénita, una de las malformaciones quirúrgicas más comunes en recién nacidos, pero que requiere intervención inmediata y de alta complejidad.
La historia de Samuel no es un caso aislado, pero sí profundamente representativa. En el Centro Regional de Cirugía Neonatal de Holguín, uno de los referentes en Cuba para este tipo de intervenciones, se entrelazan la precisión médica con la fuerza emocional de las familias que enfrentan situaciones críticas en los primeros días de vida de sus hijos.
Allí, bajo la dirección quirúrgica de la Dr.C Yanet Hidalgo Marrero, un equipo multidisciplinario se prepara para actuar con precisión milimétrica, aun cuando los recursos materiales son limitados, por motivos bien conocidos, y la urgencia no da tregua.
Holguín cuenta con más de 40 años de experiencia en cirugía neonatal, una trayectoria que ha permitido alcanzar cifras de supervivencia superiores al 96 por ciento en malformaciones congénitas tratables quirúrgicamente. Sin embargo, cada paciente trae consigo una historia distinta, y cada intervención quirúrgica representa una carrera contrarreloj, no solo por la vida, sino también por la esperanza de una familia que aún se encuentra en shock ante un diagnóstico que cambia todo.
Así comienza la cuenta regresiva hacia la esperanza
En sus primeros días de vida, Samuel parecía un recién nacido saludable. Su madre había llevado un embarazo relativamente normal, salvo por una amenaza de parto pretérmino que fue controlada. El parto no reportó complicaciones mayores, pero al quinto día, los vómitos comenzaron a repetirse de forma alarmante, acompañados por el rechazo a la alimentación.
El cuadro clínico encendió las alertas del equipo médico en la provincia Granma de donde es esta familia. El primer paso fue la evaluación por parte del neonatólogo, quien al identificar los síntomas, activó los protocolos establecidos por el Programa de Atención Materno Infantil (Pami) en el país.
Una radiografía abdominal confirmó la sospecha inicial: obstrucción duodenal, malformación que impide el paso normal del alimento desde el estómago hacia el intestino delgado. De inmediato, Samuel fue remitido al Centro Regional de Cirugía Neonatal de Holguín.
La obstrucción duodenal es una urgencia médica, aunque no es de las más comunes en términos absolutos, es una condición frecuente dentro de las malformaciones neonatales, y se encuentra entre las cuatro afecciones quirúrgicas más comunes en recién nacidos. Su tratamiento debe ser rápido y especializado, para evitar complicaciones potencialmente letales.
Tras el nacimiento, el signo clínico más claro es el vómito bilioso y la distensión abdominal, como ocurrió con Samuel. El procedimiento diagnóstico estándar incluye una radiografía abdominal y, en casos más complejos, estudios contrastados del tracto gastrointestinal o ecografías complementarias.
Una vez confirmado el diagnóstico, se interrumpe la alimentación oral, se coloca una sonda nasogástrica para descomprimir el estómago, y se estabilizan los signos vitales del neonato con fluidos intravenosos y corrección de electrolitos. Solo cuando el bebé se encuentra en condiciones clínicas óptimas —como en el caso de Samuel— se programa la cirugía correctiva.
La rapidez y precisión en esta fase son decisivas. Cada hora sin tratamiento puede agravar el estado clínico. Para Sandra, ese fue el momento en que la esperanza y el miedo comenzaron a convivir. “Fue como una película de terror. No teníamos un diagnóstico claro. Podía ser una infección o una malformación congénita. Fue muy complicado”, recuerda con la voz aún quebrada por la incertidumbre de aquellos días.
En Cuba, el abordaje de este tipo de malformaciones ha mejorado significativamente gracias a la regionalización de la atención neonatal. Sin embargo, detrás de cada porcentaje hay un rostro, un bebé, una familia…
Vía libre a la esperanza…
El quirófano donde será intervenido Samuel no es un espacio cualquiera. Allí, cada movimiento cuenta. Cada decisión puede definir no solo una recuperación, sino el futuro entero de un ser humano que apenas comienza a vivir. En este escenario donde se combinan ciencia, destreza y urgencia, la cirugía correctiva para tratar la obstrucción duodenal congénita exige una precisión milimétrica y una coordinación impecable entre especialidades.
La operación tiene un objetivo claro: restablecer el tránsito normal del alimento desde el estómago hacia el intestino delgado, liberando el segmento duodenal obstruido.
Aunque el procedimiento puede parecer sencillo en teoría, en la práctica es de alta complejidad, especialmente cuando se trata de un paciente de tan solo días. La intervención puede durar entre una a seis horas, dependiendo de factores como la localización exacta de la obstrucción, el estado del tejido intestinal y la presencia de posibles malformaciones asociadas. A ello se suman los riesgos inherentes a cualquier cirugía neonatal: anestesia general, infección postoperatoria, necesidad de reintervención, complicaciones digestivas o respiratorias.
“Trabajamos sobre estructuras extremadamente frágiles. En estos casos, un milímetro es la diferencia entre el éxito y el fracaso”, explicó la doctora Yanet Hidalgo, cirujana principal del caso y una de las especialistas más experimentadas del Centro.
“Además del conocimiento técnico, se necesita un profundo sentido de responsabilidad humana, porque sabemos lo que representa esta operación para la familia”, especificó.
La intervención no es un acto individual. En cada cirugía neonatal de esta naturaleza participan al menos cuatro especialistas: un cirujano principal, una segunda opinión quirúrgica, anestesiólogo pediátrico y el neonatólogo a cargo del manejo postoperatorio inmediato. Todo debe funcionar como un engranaje fino y sincronizado. Y todo esto ocurre en el Centro Regional de Cirugía Neonatal del hospital pediátrico Octavio de la Concepción de la Pedraja, que desde su creación en 2009 ha marcado un antes y un después en el tratamiento quirúrgico infantil en la región oriental de Cuba.
Momento decisivo
Samuel se encuentra ahora en el momento clínico ideal para ser intervenido. Ya estabilizado, con correcciones hidroelectrolíticas realizadas y bajo vigilancia médica constante está listo para pasar al quirófano. Lo que ocurra allí no dependerá solo de los bisturíes ni de los puntos de sutura, sino de un conocimiento acumulado durante años y de una entrega profesional que ha salvado cientos de vidas pequeñas en silencio.
Para Sandra García, madre de Samuel, el nacimiento de su hijo fue, al inicio, una experiencia luminosa, pero la noticia de que su hijo padecía una malformación congénita no solo fue un golpe inesperado, sino un quiebre emocional. En medio del desconcierto, Sandra se vio enfrentada a términos médicos, decisiones urgentes que debía procesar en cuestión de horas y el traslado a un hospital especializado que implicaba dejar atrás su entorno conocido.
En este proceso, el acompañamiento del equipo médico fue determinante.
“La comunicación con los doctores ha sido bastante buena. Nos han informado de todo con detalles y nunca nos han ocultado nada”, aseguró. Esa transparencia, en medio del miedo, se convirtió en un salvavidas emocional.
Lo que diferencia al hospital pediátrico de Holguín no es solo su preparación técnica, sino la manera en que el equipo construye una relación de confianza con las familias.
Cada cirugía neonatal es, por definición, un acto complejo; no obstante, en Cuba, y particularmente en provincias como Holguín, se vuelve también un hecho de resistencia profesional. Los médicos deben lidiar no solo con la fragilidad de un recién nacido y la precisión quirúrgica que exige su tratamiento, sino con la ausencia persistente de recursos materiales esenciales, como sondas especializadas, bolsas de colostomía, soluciones parenterales, antibióticos de amplio espectro, suturas digestivas…
“A pesar de la escasez, todo se prioriza para estos casos, para así darle un futuro brillante a esos niños”, afirman desde el equipo médico. Esa convicción no es una consigna, sino una práctica diaria: actuar con lo que se tiene, sin perder de vista lo que está en juego.
En medio de tantas dificultades, las faltas refuerzan los valores, el compromiso ético y el amor profundo por la profesión. Ellos hacen posible lo imposible.
Y es gracias a ellos, Samuel hoy está estable. La cirugía transcurrió sin complicaciones anestésicas ni quirúrgicas. Cada paso se ejecutó con precisión y calma. Cada decisión fue tomada con responsabilidad clínica y afectiva. El bebé, en manos de este equipo, encontró no solo atención médica, sino la promesa concreta de un futuro.
A todos ellos, una reverencia sincera. No necesitan aplausos ni discursos. Solo que nunca olvidemos que, cuando todo falta, ellos están. Y que, mientras sigan estando, la Salud en Cuba tiene quien la defienda.
Samuel comienza ahora una nueva etapa. Su cuerpo pequeño, pero fuerte, ha respondido. Su historia ya es testimonio de lo que puede lograr una comunidad médica decidida a no rendirse. Y en cada paso que dé hacia el futuro, llevará dentro de sí la memoria de quienes hicieron de la medicina no solo una ciencia, sino también un acto de amor.
(Tomado de Periódico Ahora)
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