Carlos Manuel Vázquez, lleva más de cuatro décadas devolviéndoles la vida a estos hierros en la Empresa Eléctrica de la Isla de la Juventud

Carlos Manuel Vázquez Corrales, con más de cuarenta años en la Empresa Eléctrica es natural del oriente cubano y hoy le agradece a un hermano, que ya trabajaba en la entidad, no solo el haberlo traído para este territorio sino entusiasmarlo para que vistiera overol, casco y otros accesorios de protección para desafiar los peligros de las líneas energizadas.
Por estos días, en el ámbito de la celebración por el Día del Trabajador Eléctrico, que se celebra cada 14 de enero, muchos lo vimos emocionarse ente el reconocimiento y el cariño de quienes en la entidad han lidiado con él por más de cuarenta años.
Cuando el homenaje termina lo contacto, estaba en una de las oficinas recibiendo otros estímulos. Le hablo de mi intención de entrevistarlo. El nerviosismo y la modestia lo arropan. Aclara que es de pocas palabras. Llegó un momento de la conversación en que sus ojos se coparon de lágrimas.
“Yo comencé en el año ’85 como liniero, me prepararon como tal hasta que ocupé una plaza fija. Trabajé en carros de brigada, la construcción y mantenimiento de líneas, la guardia eléctrica y, por supuesto, cuanto cicloncito apareció por aquellos años, que no fueron pocos; luego pasé al taller de transformadores.
Me salta la preocupación del porqué dejó de ser liniero y responde: “Por aquellos años el salario era muy bajito y a uno de los muchachos del taller lo cogió el Servicio Militar Activo y quienes quedaron me entusiasmaron para irme con ellos porque se ganaba un poquito más, además almorzaban en tiempo, pues por lo general los linieros siempre andan en la calle y violan horarios, almuerzan cuando pueden.
“Ahí pensé tener otras oportunidades, sobre todo poder innovar. Desde el principio los empecé a desarmar para ver cómo eran porque yo no estudié electricidad, pero le fui buscando la ‘cosquillita’; algunos decían que estaba loco y ya usted ve mi locura.
“Con el tiempo me hice electricista en el mantenimiento de las subestaciones a centrales eléctricas. Al iniciar los ’90, cuando el período especial, me dediqué al enrollado de los transformadores porque yo veía que se dañaban y los abandonaban”.
Carlos, primero de manera empírica comenzó a estudiar, leer, diría yo, como para buscarle la quinta pata al gato, y a partir de ahí no fueron más para el basurero, recuerda que durante aquella etapa difícil recuperaron unos 240 transformadores de distribución, que con orgullo habla del funcionamiento de no pocos.
“La mayoría fueron dañados por los eventos meteorológicos, no fue debido a otras causas. Luego el compañero que estaba al frente de la brigada presentó problemas de salud, me dieron la tarea y desde entonces tengo esa responsabilidad”.
Sin dudas, Carlos, es un innovador destacado, este año presentó un trabajo en el evento de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores, que fue premiado.
“Precisamente, por el déficit de transformadores que tenemos en la actualidad por la compleja situación del país debido al bloqueo, nos dimos a la tarea de buscarlos en diferentes entidades del territorio porque llegó el momento en que no teníamos.
“Entonces en los pozos, cuyas bombas se dañaron y se cambió el banco de transformadores, pero estos tenían un voltaje mucho más elevado que el requerido para brindarle servicio a la población; por lo cual me di a la tarea de hacer unos autotransformadores con un voltaje inferior, entre 120 a 240, para que los clientes pudieran beneficiarse”.
Pero sus inventivas no quedan ahí, por ejemplo, en el principal centro hospitalario del municipio, el Héroes del Baire, tiene instalado uno que les presta servicio a salas vitales como terapia, nefrología, entre otras; de igual manera en el Combinado Lácteo, específicamente en la fábrica de helado y en la pasteurizadora de la leche.
Ya Carlos ha llegado a una complicidad con estos equipos que no se haya vivir sin estos aparatos de hierro, los cuales conoce como la palma de sus manos; quizá por ello se le reconoce como el hombre de los transformadores.
Ya le quedan tres años para la jubilación, pero no tiene los ojos puestos en ese tema porque piensa seguir en esa casa grande que es la Empresa Eléctrica, donde “hay un cálido ambiente, además por mis compañeros y compañeras vale la pena continuar.
“Esta empresa es mi vida, me paso más tiempo acá que en otro lugar, tengo colegas de trabajo que, incluso, llevan más tiempo que yo y compartimos acá todos los días y los fines de semana que hagan falta; esta es la casa grande de nosotros, los eléctricos”.
